La Princesa del peso

CAPITULO 6

La boda fue tan fastuosa como la de Alberto y Abigail hacía apenas un mes. Pero todo lo contrario de la otra pareja, estos lucían muy diferentes, mientras que Noah tenía un aspecto de disgusto y apenas soportar el momento, ella solo mostraba una sonrisa fingida y estar totalmente incomoda.

Cuando les tocó bailar el vals Noah se decepcionó aún más, le pareció que la pareja que hacían era de lo más grotesco, el hermoso vestido de novia, distaba mucho de la belleza de su esposa el cual era inexistente, creía que su esposa carecía de carácter, seria, nada interesante, las únicas palabras que le había escuchado hablar fueron cuando los presentaron, y no podía soportarlo más, después de las 12 de la noche se dedicó a tomar cuanta bebida se le cruzaba, y si no iba él mismo y buscaba las copas, en fin cuando todo terminó estaba tan embriagado que Festhon con ayuda de otro criado tuvieron que ayudarlo a subir a su habitación.

Por supuesto no habría noche de bodas, el novio estaba totalmente indispuesto, y aunque hubiera estado de lo mejor, el aberrante desprecio de Noah hacia su esposa era demasiado como para tener una noche de pasión.

Al siguiente día era ya casi medio día cuando se levantó y trató de arreglarse un poco, la resaca lo estaba matando, y lo único que quería era un analgésico.

- ¡Festhon! – le gritó al mayordomo, quien llegó al instante – necesito algo para la cabeza.

-Lo imaginé señor – al momento regresó con una bandeja llevando agua mineral, una pastilla, junto con unos huevos tibios y algunas cosas más que creía que serían de su agrado.

Noah tomó el desayuno porque aparte de su malestar también estaba hambriento, cuando se sintió un poco mejor preguntó por su esposa, que apenas se estaba acordando de ella.

- ¿La condesa en dónde está?

-La condesa salió muy temprano.

A Noah le extrañó que su esposa no estuviera en casa.

- ¿A dónde fue?

-La condesa me dijo que para que no me preocupara, estaría en la vicaría.

- ¿En la vicaría? ¿y qué hace allá?

-Eso no me lo dijo señor.

-No lo puedo creer – expresó más para él, definitivamente era una mojigata.

Mas tarde Isabela no daba señales de regresar a casa, Noah se sintió mejor y salió directo al club de caballeros, dispuesto a volverse a embriagar, tenía dinero para tomarse todo el brandy de Inglaterra.

Noah se perdió en el club, en el que bebió hasta olvidarse de todo, disfrutó de las caricias de las jóvenes meretrices, y así despertó al segundo día, tuvo que pensar para recordar donde se encontraba, vio los cuerpos desnudos de dos mujeres acostadas junto a él, y apenas si tenía nociones de lo que había pasado esa noche y la anterior.

Regresó a casa después de medio día, al primero que se topó fue a Festhon.

-Bienvenido conde.

-Festhon – contestó de mala gana, luego recordó que tenía esposa – mi esposa ¿se encuentra en casa?

-Me temo que no señor.

Era extraño, pensaba que con lo tímida que era, sería de las que están siempre en casa.

- ¿Sabes en donde se encuentra?

-Si señor, al parecer se unió al club de las mujeres sufragistas.

Noah sonrió despectivo, su mujer perdía el tiempo buscando una causa imposible.

-Señor tengo que comunicarle algo respecto a la condesa.

Noah se detuvo con cara de fastidio, haciéndole una mueca con la mirada para que continuara…

-La señora ha tomado una de las habitaciones y la ha transformado en un gimnasio.

-Gimnasio – expresó incrédulo.

-Si señor, dijo que era igual al de la emperatriz Sissi.

-Emperatriz Sissi – repetía sin saber que pensar.

-Hoy en la mañana pidió que le llevara té, y la encontré boxeando – le dijo con los ojos muy abiertos asombrado.

- ¿De qué hablas? – le preguntó Noah que ya no entendía nada.

-Si señor, la condesa traía una extraña vestimenta, los guantes puestos y golpeaba un costal – hizo una pausa al notar que Noah también estaba asombrado – enérgicamente.

Dejó a Festhon que estaba escandalizado y se fue pensando en su mujer, desde que se casaron no la había vuelto a ver, pensaba era de las que siempre estaban en casa, aburrida y deprimida, pero al parecer, tenía varias distracciones, fuel al gimnasio, se encontró con un montón de artefactos que ni él conocía, cerró la puerta asombrado y se fue a su habitación.

Lo que Noah no sabía era que su esposa, distaba mucho de ser aburrida, a los pocos días de llegar a Londres ya estaba inscrita al club de las mujeres sufragistas, al grupo de mujeres de la caridad de la vicaría del padre John, y al club de las mujeres guardianas del arte histórico, entre otras muchas actividades en las que estaba involucrada, más bien el que no le vería ni el polvo sería él.

En México Isabela también había sido muy activa, siempre en actividades caritativas, tenía suficiente dinero para apoyar cualquier causa, como los niños de los orfelinatos, los viejitos de los asilos, creando nuevos empleos dignos para el sector jornalero, apoyaba en gran medida y también en poco, cualquier persona que se acercaba a ella era ayudada. También era una radical, se involucraba en actividades revolucionarios, iba a juntas, apoyaba financieramente, y daba ideas, la sociedad lo sabía, pero pensaban que solo era una jovencita rebelde que pronto se le pasaría, pero Alberto la apoyaba incondicional, su hermana lo representaba, ya que él no podía asistir a esas actividades por su posición como cabeza de una empresa millonaria, y era él el que hubiera deseado ser de los cabecillas de las injusticias sociales.




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