La Princesa del peso

CAPITULO 9

Noah entró a la casa de Alberto, había estado inquieto, quería saber cómo se encontraba Abigail, mientras esperaba ser anunciado por el mayordomo, pudo ver por la rendija de la puerta entreabierta, como Alberto le pasabas un chal por los hombros a su esposa

-Abrígate querida, está fresco – le decía cariñoso, mientras que ella recibía con cariño el detalle del que su marido no quería que tuviera frio, lo detuvo tomándole la mano para atraerlo para darle un beso tierno, todo visto por Noah, quien sintió un malestar en el estómago.

-Señores, el conde de Doncaster viene a ver a la señora.

-Dígale que pase – dijo Alberto sin más

Cuando Noah entró fue recibido por Alberto

-Conde de Doncaster – le hizo una reverencia, Noah le devolvió el saludo, pero de muy mala gana - yo me retiro, tendrá mucho de qué hablar con mi esposa – le dijo serio, y se retiró.

-Noah ¿qué haces aquí?

-Vine a ver como estas.

-Ya lo ves, me encuentro muy bien – el tono era serio, algo enojada.

Noah se acercó a ella.

- ¿En verdad te encuentras bien? – le preguntó temiendo la respuesta.

-Estoy muy bien – le dijo, sincera para que comprendiera que realmente lo estaba.

-Isabela me dijo que estás enamorada de él.

-Lo estoy Noah, lo lamento mucho – dijo con tristeza, al notar que él seguía obsesionado.

-Yo no te he dejado de querer.

Ella le tomó las manos

-Tienes que intentarlo.

-Él me separó de ti – seguía en tomo triste.

-Si tal vez, pero fui yo la que me enamoré, y ya no hay marcha atrás.

Noah se retiró, se dio cuenta de que estaba ante una causa perdida, Abigail hablaba con la verdad.

-Estaré cerca, para cuando me necesites.

*****

Noah regresó a casa, fue recibido por un lacayo, se le hizo raro que no estuviera Festhon en la puerta.

- ¿En dónde se encuentra Festhon?

-La condesa tiene un mitin y Festhon se encuentra con las damas.

Noah se dirigió al salón, al entrar se encontró con un cuantioso número de mujeres, Festhon se encontraba justo delante de la mesa de los bocadillos, muy entretenido escuchando lo que las mujeres decían, justo en eso momento la mujer que estaba hablando le dio la palabra a Isabela…

-Ahora vamos a escuchar a la condesa de Doncaster, nuestra anfitriona.

Isabela se paró enfrente de ellas y con una habilidad de palabra les dijo…

-Damas, cuando hablemos ante el parlamento, tenemos que ser enérgicas, determinadas, sin miedo, superamos en número a los hombres, en cada casa hay tres o cuatro mujeres a un hombre, somos mayoría y eso los pone nerviosos, y por qué no, inclinaríamos la balanza en cualquier contienda electoral – todas las damas comenzaron a aplaudir al unísono - ¡no podemos darnos por vencidas! ¡tenemos que prevalecer! – los aplausos aumentaron.

El más asombrado fue Noah, que no sabía que su esposa tuviera ese tipo de intereses, y que hablara con tanta soltura ante un buen grupo de mujeres, en sus contados encuentros, le había asombrado su energía latina, pero creía que eso solo se reducida a reclamarle a él, muy lejos había quedado la mujer taciturna que pensó que era.

- ¿Desde cuándo te interesa la política Festhon? – el mayordomo se le quedó viendo, estaba tan absorto escuchando los discursos, que ni cuenta se había dado que su amo estaba a su lado.

-Señor – le dijo inclinado su cabeza en forma de saludo – no me interesaba, pero la condesa me ha dejado muy claro su punto de vista.

Noah volteó a ver a su esposa que seguía diciendo un discurso motivacional, y la vio hermosa, muy diferente de la belleza de Abigail, con sus rasgos latinos acentuados, ojos grandes oscuros, piel reluciente bronceada y una melena negra abundante, se obligó a quitarse esos pensamientos y salió del salón.

*****

Al igual que el club de las mujeres sufragistas, Isabela se había involucrado en el dispensario del padre John, quien era un hombre muy caritativo, se había puesto a sus órdenes, fueron varias las tardes las que se desapareció para ir a ayudar en lo que pudiera.

Noah regresaba de la cuadra cuando se encontró en un pasillo a una joven mujer con un niño, los dos lucias con andrajos y bastante pobres, una de las criadas le estaba ofreciendo una canasta con comida.

- ¿Quiénes son? – le preguntó Noah a la joven.

-Es su nueva empleada señor, la acaba de contratar la condesa, los mandó el padre John.

- ¿Y el niño?

-Es su hermanito, la condesa lo acomodó en un internado, que suerte, podrá estudiar, y ella lo podrá ir a visitar los fines de semana, el internado no queda lejos.

Noah se les quedó viendo, si lucían en muy malas condiciones.

“Supongo que con tanto dinero como tiene mi esposa, se puede dar el lujo de la caridad” pensó Noah mientras entraba a su casa, buscó entre los salones a Isabela, no sabía por qué, pero de unos días a la fecha le gustaba verla, tenerla en su radar, aunque le era bastante complicado por las múltiples actividades de ella, pocas veces la podía ver, pero esa vez si se encontraba en casa, en el salón de té disfrutando de una bebida.




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