Noah pasaba por la biblioteca, Isabela estaba hojeando un libro.
-Vengo de casa de tu hermano.
-Me imagino que no lo fuiste a ver a él – le dijo en tono despectivo.
-No, fui a ver a Abigail.
- ¿Y cómo se encuentra mi cuñada? – hizo la pregunta enfatizando la palabra cuñada.
-Se encuentra bien.
-Creo que no ha sido una sorpresa para ti, yo te lo advertí.
-El que tú hermano también compró su amor – le dijo con reproche, Isabela por fin dejo de mirar el libro para mirarlo a él.
-Así fue, pero no te equivoques Noah – le dijo seria – tanto Alberto como Abigail están realmente enamorados, ella se casó con él por interés, él para quitarla de tú camino, pero se enamoraron y no hay más que hacer.
-La primera vez que te vi, jamás me hubiera imaginado que fueras tan fría y calculadora – le dijo mirándola – una mujer de tan pocos sentimientos.
-Imagino que para ti hubiera sido mejor si fuera una mujer que se la pasara bordado servilletas, que fuera un adorno más de tú casa, o que anduviera llorando tú desamor por los rincones ¡yo no soy así! – lo miraba desafiándolo.
- ¡No, ya sé que tú no eres así! – le dijo caminado hacía ella, dejándola acorralada entre el escritorio y él, ella podía escuchar su hiperventilación, sus ojos mirándola con ira – ¡pero lo hubiera preferido!
- ¡Basta, basta Noah no más! – le dijo quitándolo de enfrente y tomando distancia – estoy cansada de discutir cada vez que no vemos, solo tenemos que soportarnos unos meses, y todo habrá terminado.
- ¿De qué estás hablando? – le pregunto Noah aun enfadado.
-De nuestro contrato matrimonial, en cuanto Alberto consiga las acciones podemos divorciarnos y recibirás el resto de la fortuna.
No había leído el contrato matrimonial, simplemente tomó el documento y lo firmó sin más. El problema fue que Noah en el fondo no quería perder a Isabela, ni él se lo podía explicar, simplemente no lo quería, en el fondo le gustaba sentirse su dueño.
-Por favor, Noah, quiero una tregua, podemos ser amigos o mínimo tolerarnos estos meses – Isabela le hablaba serena tratando de calmarlo, pero Noah sin decir nada salió de la biblioteca, ella se llevó una mano al pecho, tratando que calmar su corazón.
Noah entró a su habitación, solo unos meses y no la volvería a ver, estaba desesperado y ni él comprendía sus sentimientos, ¿por qué se sentía tan mal al saber que Isabela se iría? La sentía como si fuera su propiedad, su orgullo estaba herido y eso era todo, para nada amor, dio un golpe furioso a la puerta, porque hasta eso le quitarían, la mujer que le pertenecía.
*****
En la casa del conde el personal de servicio había aumentado considerablemente desde que se había casado.
Festhon apuraba a la ama de llaves y algunas personas más, no podían llegar tarde a la recepción que el museo organizaba en favor de la condesa. Noah llegó justo en el momento en que un buen número de sus empleados salían de casa usando sus mejores ropas.
- ¿Qué es lo que pasa? ¿A dónde van?
-Señor, la condesa nos ha invitado al museo, va a entregar la pintura que compró en la subasta.
- ¿De qué estás hablando Festhon? – lo interrogó porque no tenía ni una idea de lo que pasaba.
-De la pintura de gran valor que la condesa compró, y que ahora ha donado al museo, organizaron un evento y la condesa nos invitó.
Las personas que estaban reunidas en el museo recibiendo el cuadro que Isabela había rescatado se mostraban alegres, al parecer el cuadro era una reliquia histórica, y el que la adquiriera y luego donara al museo para que ahora estuviera al alcance de todos, era todo un acto de civilidad, las personas encargadas del museo colocarían la pintura en un lugar muy especial.
Mientras que estaban reunidas todas las damas de las que ahora Isabela contaba como amigas, Festhon y todo el personal se notaban contentos por haber sido invitados por su propia ama a tan importante evento,
Noah no hubiera querido ir, pero quiso saber de qué se trataba, de lejos vio a su esposa muy contenta, recibiendo las gracias de parte de los presentes. Hacía años que no entraba al museo, ahora estaba muy diferente, iba a la vanguardia con la modernidad, albergaba reliquias de todo el mundo, le fue muy satisfactorio entrar a echar un vistazo.
Isabela estaba sola parada frente al cuadro que acaban de colocar, las personas ya se habían retirado, Noah llegó sigiloso por la espalda, también admirando la enorme pintora que ahora ocupaba casi toda una pared, al parecer era una representación de la batalla de Waterloo
-Vaya que pintura – expresó admirado también.
Isabela se volvió a verlo, y se asombró de ver a su esposo parado junto a ella.
-La quería comprar un Frances – ella le sonrió – no podía dejar que se la llevara – Noah asintió en forma de aprobación.
-Te ha de ver costado una fortuna.
-Así es, pero valió la pena.
Luego Isabela se movió al siguiente cuadro, para estar más sorprendida Noah la siguió para ver el cuadro también.