La Princesa del peso

CAPITULO 12

Noah regresó temprano, se encontró con Isabela vestida con un lindo vestido, lo cual era raro, desde que llegó solo vestía sus camisas cómodas y sus pantalones marrones bombachos para montar.

-Regresaste temprano.

-Si, comenzó a llover desde temprano – al notar que estaba ocupada haciendo unas anotaciones hizo por dejarla – Noah yo nunca me disculpé – él se volvió a verla – pero nunca es tarde, de manera que te pido disculpas, por lo que te hicimos mi hermano y yo, no te conocía, pensé que solo eras un joven conde en la ruina, pensé que tal vez hasta te haría un favor, pero eres un hombre trabajador, fuerte, y con mucho orgullo – los ojos negros le Isabela lo miraban y él estaba muy atento a sus palabras – en México tenemos un dicho, “el dinero no compra la felicidad, pero si ayuda mucho” te separamos de la mujer que amas, y ahora estas atrapado aquí conmigo, soportaste mucho, pero ahora te noto muy activo, trabajando en tu tierras, eso habla muy bien de ti.

-Ya que estas sincerándote conmigo, creo que es mi turno – él cerró algo el espacio entre ellos – firmé ese contrato sin siquiera leerlo, estaba desesperado y solo quería vengarme de tu hermano, se había casado con Abigail y qué mejor venganza que desquitarme con su hermana – Noah se puso frente a ella, cerrando más su espacio – pero tú no me dejaste, te insulté y soportaste mucho de mí, pero tú siempre fuiste fiel a ti misma, haciendo lo que tú sabías que te hacía feliz, me obligué a mismo a odiarte, pero no puedo odiar a un mujer como tú – él trató de acariciarla pero ella se alejó.

- ¡NO! – expreso enérgica y salió rápido del salón.

No dejaría que pasara nada entre ellos, él había sido muy claro, siempre que la tocara, besara, o estuviera con ella, solo estaría pensando en Abigail, esas palabras aún estaban muy presentes en su mente.

Mientras el investigador privado le presentaba a los nobles empobrecidos que serían los mejores candidatos para que ella y su hermano pudieran llevar a cabo su plan, Noah le llamó la atención, aún no lo conocía, pero podía deducir que él, teniendo a su alcance una buena cantidad de dinero, volvería a hacer lo que algún día su familia fue. Lo vio por primera vez en el baile donde fueron presentados, y sí que le había gustado ese güero alto, cada vez que discutían ella sufría al ver esos ojos azules encendidos, sabía que no soportaba su presencia, y ella prefirió alejarse, mantener su mente ocupada haciendo miles cosas.

*****

En los pensamientos de Noah ahora solo existía una mujer, los ojos negros de Isabela, su franca sonrisa, su cabello negro alborotado, le había restregado en su cara tantas veces su amor por Abigail, ahora ella pensaba que sus sentimientos no habían cambiado.

Devon recién había llegado a interrumpir sus pensamientos, miraba por la ventana la hermosa figura de Isabela que paseaba por los jardines.

-Es raro ver a tu esposa holgazaneando – Noah no respondió – puedo notar un ambiente ríspido entre ustedes dos.

-Que observador eres – le dijo serio.

-Tal vez eres el único que no mira a su esposa como lo que realmente es.

-Créeme que sé perfectamente como es mi esposa – Noah lo estaba fulminando con la mirada, pero Devon no lo tomaba en cuenta.

-Una hermosa y exótica mujer latina, tal vez deberías divorciarte, dejar que ella sea feliz con otro – Noah se levantó de su asiento y dio unos pasos hacía él.

-Más te valdría dejar de darme consejos – le decía cerrando el espacio entre ellos, a lo que Devon dio unos pasos atrás.

-Era solo una broma – le decía tomando distancia.

-No vuelvas a hacer ese tipo de bromas refiriéndote a mi esposa.

Noah fue a la ventana donde antes Devon había observado a Isabela, ahí estaba ella, seguía mirando los jardines.

-Estas enamorado de ella, creí que me habías dicho que solo era un contrato matrimonial.

-Si, estoy completamente enamorado, y tal vez tengas razón, me tengo que divorciar de ella para que sea feliz, un alma tan independiente no se puede llegar a conquistar, y tu Devon no podrías doblegarla.

*****

En los establos Noah cepillaba su caballo, cuando Isabela se acercó.

-Es muy bonito tu caballo – él pensó que no quería hablarle después de lo que había pasado el otro día.

-Estuve a punto de venderlo, pero ahora puedo conservarlo, gracias a ti.

-El dinero que mi hermano te ha dado, te duele en tu orgullo, pero no lo veas como una imposición, más bien gózalo – le dijo ella guiñándole un ojo, acercándose al caballo para acariciarlo, él le sonrió.

-Estoy tratando de gozarlo.

En eso un pequeño roedor salió de debajo del heno, Isabela al verlo saltó en los brazos de Noah, quien al ver su reacción se soltó riendo, sosteniéndola.

- ¿Qué fue eso? – dijo entre carcajadas.

-Los roedores los odio – le dijo ella algo frustrada.

-Isabela Ayamonte le tienes miedo a algo – él seguía riendo.

-No es miedo es repulsión – Noah la llevó fuera del establo para ponerla de pie.

-Bien ya estas a salvo del imponente ratón – continuaba riéndose.




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