La Princesa del peso

CAPITULO 13

Sentados a la mesa Noah, Devon e Isabela, disfrutaban de una buena cena.

-Dime Isabela ¿qué han encontrado en las tumbas? – preguntó Devon

Isabela le sonrió, le gustaba que le preguntaran por los hallazgos.

-El otro día encontramos unas pecheras y cascos con unas inscripciones muy importantes, aun no tenemos idea que significan, pero estamos muy contentos, porque cuando lo descubramos vamos a saber mucho sobre ellos.

-Ah… que interesante – expresó Devon – ¿y cómo te va en el castillo, te gusta tu nuevo hogar? – Noah puso mucha atención a la respuesta de Isabela.

-Me encanta, estoy segura de que ha de haber algún fantasma, le dije a Noah que me platicara alguna tragedia, pero hasta ahora no me ha contado ni una – los dos se volvieron a verlo.

-Creo que si hay una – Devon e Isabela pusieron mucha atención a lo que les iba a relatar, al mismo tiempo se sorprendieron, nunca pensaron que Noah se prestara al juego de inventar fantasmas – hace una par de cientos de años – los comensales se rieron de la referencia, la familia de los Clifford era ancestral – hubo un conde, el cual sufrió un accidente, parte de su cara y cuerpo se quemó, el pobre hombre quedó tan traumatizado que perdió la cabeza, cuentan que era muy común verlo jugando con fuego, quería quemar todo y a todos, tal vez para que sufrieran lo mismo que él – los dos jóvenes no perdían detalle de lo que el narrador les contaba, Noah continuó… - por supuesto el heredero del condado no era apto para continuar con el linaje, por lo que el título pasó a manos de mi familia – Isabela hizo una expresión de asombro – el hombre murió, no muy viejo, pero dicen que su espectro se ha visto de vez en cuando por el castillo, y como su alma no descasa en paz, los rumores dicen que su accidente no fue precisamente eso, si no que fue causado, alguien lo quemó, y todas las sospechas caen en mi tátara tátara abuelo, para quedarse con la línea de sucesión de los condes Doncaster, tal vez por eso estamos malditos.

El relato fue del agrado por los escuchas, los cuales sonrieron cuando terminó.

-Será mejor que me vaya, esta oscuro y es muy probable que tú ancestro me salga por el camino – expresó Devon

-Creo que es más probable que me salga a mi subiendo las escaleras – expresó Isabela e hizo sonreír a los dos jóvenes.

*****

Noah regresaba de su trabajo cuando entró al castillo, fue recibido por Festhon…

-Señor, ya es tarde y la condesa aún no regresa – en efecto ya estaba oscuro.

- ¿Qué pasaría, ella nunca llega tan tarde?

-No lo sé señor.

-Iré a buscarla - sin decir más, dio media vuelta y volvió amontar su caballo.

Tomó el camino que sabía era el que Isabela siempre tomaba cuando regresaba de la excavación, estaba realmente preocupado porque ya llevaba buen tramo recorrido y no había señales de su esposa.

Picó un poco más su caballo para que fuera más rápido, cuando a lo lejos la vio, ella se había bajado del caballo, al parecer le revisaba una pata, cuando el caballo hizo un movimiento brusco empujándola para caer por la barranca.

- ¡Isabela! – le gritó al ver todo, llegó hasta donde estaba ella en un segundo, estaba tirada, pero al parecer se encontraba bien - ¡¿estas bien?! – le preguntó algo desesperado.

-Creo que si – contestó ella.

-Ven te ayudaré – le extendió los brazos, para que los tomara y ayudarla a subir de nuevo al camino, la estaba examinando, realmente se notaba preocupado - ¿estas bien? – volvió a preguntar - ¿puedes caminar?

-Creo que sí, pero me duele mi tobillo – dijo ella que si se sentía un poco magullada.

Noah montó su caballo, le dio la mano para subirla junto a él.

-Sujétate bien, iré a toda prisa – y en efecto picó su caballo y salió a todo galope.

Entró al castillo llevándola en brazos, al primero que se topo fue a Festhon, quien se notó aliviado al ver a su ama.

-Llama a su doncella – le dijo mientras subía los escalones para llevarla a su habitación.

La sentó en su cama para revisar su tobillo.

-Sí, está algo inflamado – le dijo cuando le quitó la bota de montar, la doncella entró – ayúdela a ponerse su pajama y traiga unas compresas de agua fría para su tobillo.

La joven de inmediato se puso a hacer lo que se le indicó, Noah se sintió incomodo al ver que la estaba desnudando y salió de la habitación.

Un rato después regresó cuando la doncella le ponía las compresas.

-Gracias Anna, te puedes retirar – la doncella hizo una inclinación ante Noah y salió.

Isabela le dedicó una sonrisa a su esposo.

-Muchas gracias, creo que aun estuviera en esa barranca si no hubieras ido a buscarme.

-Te prohíbo regresar tan tarde de tú dichosa excavación – le dijo en forma de regaño, ella le sonrió.

-No lo hare.

-Me permites revisarte el tobillo.

-Por favor.

Levantó con cuidado el camisón y tocó con suavidad la zona hinchada.




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