Isabela estaba intranquila al día siguiente, esa noche se había entregado a su marido, alguien que al principio había dejado muy claro su desprecio hacia su persona pensaba que tal vez él solo había querido llevársela a la cama, para luego seguir tratándola mal, también le refirió varias veces que solo quería vengarse de su hermano, y qué mejor manera que desflorarla para luego sin más pedir el divorcio.
Pero también pensaba en sus besos, caricias, su forma de mirarla cuando la estaba haciendo suya, como si estuviera lleno de amor por ella, había sido impetuoso, como si estuviera liberando un deseo reprimido desde hacía mucho, y cuando todo terminó la había abrazado toda la noche, así despertó en sus brazos, si había sido falso, y todo lo había fingido, era muy bueno para seducir una dama y fingir amor.
Estaba cavilando esos pensamientos de temor cuando Noah llegó por detrás, abrazándola por la cintura, metiendo la nariz entre sus cabellos para aspirar su aroma, ella de alguna manera olvidó todo y se puso feliz.
-Vine por ti, ¿quieres acompañarme para que veas la plantación? – le dijo tiernamente.
-Me encantaría – le dijo con una sonrisa.
Montaban a caballo, Noah le mostraba con orgullo todos los territorios que ahora lucían verdes llenos de vida.
-Noah, yo tengo que confesarte que al principio pensé que tomarías todo ese dinero y lo derrocharías en otras cosas.
- ¿En qué cosas? – le preguntó volviéndose a verla, ella se apenó un poco.
-Creía que eras un ocioso, típico hijo de noble, al tener en tus manos una fortuna, pensé que tal vez te lo gastarías en mujeres, alcohol, o tal vez viajes, o una infinidad de opciones, menos en volver a ver tú condado florecer.
Él la miraba, para luego tomar su mano.
-Me constó algo de trabajo, pero salí del túnel donde estaba, ahora comprendo que eres tú la mujer que necesito a mi lado, tú me enseñas que cada día hay que tratar de ser mejores, y qué mejor que estar ocupados, tú en lo que te gusta hacer como excavaciones o liderando un grupo de mujeres revoltosas – el comentario la hizo sonreír – yo siempre quise ver mis plantaciones llenas de vida.
-Y lo lograste – le dijo ella acercándose a él para que la abrazara.
*****
Devon pasó esa tarde a hacerle una visita a su amigo, encontró a su amigo algo animado.
- ¿Te pasa algo? No has dejado de ver por la ventana – le preguntó Devon - ¿estás esperando a alguien?
Cuando Devon fua a mirar a la venta, dio la casualidad de que Isabela llegaba a todo galope.
-Santo cielo, qué mujer – expresó su amigo, Noah lo volteó a ver, no le estaba gustando mucho la forma en que miraba a su esposa, Devon se percató de su molestia - ¿estás celoso de mí?
-Más te valdría que dejaras de ver a mi esposa – le dijo serio.
-Por fin dejaste a un lado tu orgullo y vez a tú esposa como lo que realmente es, intrépida, divertida y hermosa.
Noah no necesitaba que su amigo le dijera como era Isabela, él lo sabía, le costó llegar a conocerla y comprender su espíritu libre, ahora sabía quién era ella y la amaba y mucho.
En ese momento entró Isabela, con sus pantalones bombachos y botas de montar, con las mejillas sonrojadas y cabello desaliñado del viaje a caballo, Devon se derretía por ella y Noah tuvo que respirar para controlarse. Ella saludó al joven con una gran sonrisa llena de amabilidad, luego fue con su esposo y le dio un beso tierno, apenas un rose de labios, lo que dejó a Noah extasiado, “ella se atrevía a darle un beso delante de su amigo”.
-Voy a cambiarme, ¿seguro te quedaras a cenar con nosotros? – se dirigió a Devon, él solo asintió en positivo.
- ¿Qué acaba de suceder aquí? – Noah le sonrió.
-Mi esposa dándome una demostración de su cariño.
-Pensé que se llevaban mal, que no se soportaban uno al otro, estaba dispuesto a pedir que te divorciaras, para poder casarme con ella.
-Espero que lo estes diciendo en broma – le dijo serio.
Después de un silencio Devon le dijo…
-Eh... si – el tono no fue muy convincente.
La cena fue amena, Devon era un derroche de caballero, le ponía especial atención a sus comentarios, su platica era buena, se notaba especialmente contenta por el hallazgo y lo demostraba por su platica.
-Ahora mismo dos expertos están haciendo estudio al drakar, esperamos descubrir mucha información.
-Quisiera verlo.
-Claro que sí, tienes que verlo tal como está ahora, porque luego se irá al museo británico.
-Claro, no me lo puedo perder.
-Es algo que vale la pena ver – comentó Noah, que ya había ido a verlo en compañía de Isabela quien le explicó a detalle todo lo que habían investigado.
Fue una visita agradable, pero al caer la noche Noah lo único que quería era que su amigo se despidiera para estar a solas con su esposa.
-Si me dices que todas las mexicanas son como tu esposa me compro ahora mismo un boleto para el próximo barco.