La Princesa del peso

CAPITULO 16

Una tarde Devon llegó por Noah, habían quedado en ir juntos a la ciudad para arreglar algunos documentos, pero se encontró con su amigo de muy mal humor.

- ¿Te pasa algo?

-Tengo noticias de mi flamante cuñado – el tono era de enfado.

- ¿Qué te dice?

-Entre algunas cosas, me dice que ha concluido sus negocios con los magnates norteamericanos, me manda el acta de divorcio para que lo firme, junto con un cheque donde me paga el doble de la cifra que me dio en un inicio.

Devon se acercó a los documentos, el cheque estaba a nombre de Noah y tenía varios ceros.

Isabela regresó temprano ese día, tenía muchas ganas de ver a Noah, y quería darle la sorpresa, fue sigilosamente hasta el estudio, donde pensaba que estaría su esposo, cuando escuchó la conversación entre Noah y Devon.

-Esto es demasiado dinero – expresó su amigo, mientras que Noah caminaba de un lado para otro – ¿y todo te pertenecerá si te divorcias de Isabel?

-Firmé un contrato prematrimonial, que no creí que valiera la pena siquiera leerlo, pero tengo entendido que sí.

- ¿Eso quiere decir que solo tendrás ese dinero divorciándote?

-Isabela fue muy clara cuando me lo hizo saber.

-Es una suma exorbitante, cualquiera estaría tentado, ¿lo firmarás?

-Si quiero ese dinero sí.

Isabela se llevó una mano a la boca para ahogar un grito, no podía creer lo que acababa de escuchar, Noah iba a firmar el acta de divorcio, no le cabía en su mente, dónde quedaron todas las demostraciones de amor, las caricias, los besos, “todo fue fingido” pensó “desde el principio solo pensó en la venganza y lo logró” la había enamorado, ahora la dejaría por un cheque, y ella tendría que sufrir por un desamor.

-Bien jugado – dijo mientras se dirigía a su habitación – pero yo soy Isabela Ayamonte, que se quede con todo el dinero.

Mientras en el estudio Noah continuó con la plática.

-Si quiero ese dinero si, pero no mi amigo, yo lo que quiero es a Isabela, jamás pensé llegar a querer tanto a una mujer, sin ella ya no puedo vivir.

-Uauh… si estás muy enamorado.

-Lo estoy, por mi parte mi cuñado se puede quedar con todo su dinero, yo me quedo con su hermana.

-Está bien amigo, ahora vámonos que llegaremos tarde con el notario – le apuró su amigo

-Vamos.

Los dos jóvenes salieron del castillo sin imaginar que en las habitaciones de Isabela un ejército de doncellas ordenaba todas sus pertenencias en unos baúles.

Isabela apuraba a sus empleados para que acomodaran todo en los carros, no quería que Noah regresara y la encontrara huyendo, si iba a humillarla aventándole el acta de divorcio firmado, no lo conseguiría, fue ella misma la que entró al estudio y firmó el acta justo donde decía su nombre, dejó el cheque sobre el acta, tomó un papel y la pluma y escribió.

“Esta cantidad es tentadora y cualquiera la hubiera aceptado, en fin, te lo ganaste a pulso por prestar tú nombre, título y generaciones de caballeros, para que mi hermano lograra ser aún más rico, sin más Isabela”

Estaba a punto de cerrarla cuando entró Fethon cargando un maletín.

-Condesa, permítame ir con usted a donde quiera que vaya.

- ¿Estás seguro Festhon? – el mayordomo asintió en forma afirmativa – pues vámonos.

“PD. Festhon se va conmigo”




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