La Princesa del peso

CAPITULO 18

La mansión de los Ayamonte en Nueva York perdió su tranquilidad cuando Noah entró como un huracán, tanto los empleados como Abigail estaban estupefactos mientras que Noah gritaba a todo pulmón el nombre de Isabela.

-Noah, cálmate por favor, Isabela no se encuentra aquí.

-Entonces quiero ver a tú esposo – le dijo de muy mal humor.

-Él se encuentra en…

La palabra no fue terminada cuando Alberto bajó los escalones muy deprisa, algo sorprendido al ver a su cuñado armando un alboroto. Cuando Noah lo tuvo lo suficientemente cerca le arrojó el acta de divorcio junto con el cheque.

-Quiero a mi esposa – le dijo firme.

Alberto vio los documentos que le habían pegado en el pecho y ahora estaban en el suelo, reconoció que era el acta de divorcio, los tomó y hojeó.

-Noah, que sorpresa verte – le dijo como todo un caballero, cuando notó que el espacio donde estaba su nombre no estaba firmado – veo que no has firmado el divorcio.

Noah se acercó a él bastante enfadado, hasta Abigail dio unos pasos, por que pensó que lo iba a golpear.

-Te devolví tú cheque, ahora quiero a mi esposa – dijo las palabras claras pera que quedaran bien entendidas.

- ¿Tú esposa? Hasta donde tengo entendido nunca la quisiste – le dijo en tono sereno.

-Mis sentimientos no son de incumbencia – le dijo mostrando algo los dientes.

-Mi hermana es muy libre de escoger con quién quiere vivir su vida, y me temo que no eres tú.

-Tú me la diste, ella me pertenece.

Alberto se rio del comentario.

-Creo que nunca llegaste a conocerla bien, mi hermana no le pertenece a nadie, y mucho menos a ti.

Noah estaba a punto de irse contra él a los golpes, pero Abigail le habló…

-Noah, Isabela no está aquí, está en México.

Noah comprendió que efectivamente, su mujer no se encontraba ahí, por lo que dio unos pasos atrás para irse del lugar, si se quedaba un poco más no soportaría darle de puñetazos a su cuñado, pero Abigail lo alcanzó en la puerta.

-Ella está en una excavación en Yucatán, - Noah se le quedó viendo, algo incrédulo, - estas desesperado, lo que me dice que estás muy enamorado de Isabela, la encontrarás en una zona arqueológica llamada el Meco.

- ¿Por qué me estás diciendo todo esto?

-Estás demasiado enamorado, no sé si tú mismo te habrás dado cuento, ve y saca a Isabela del hoyo donde se encuentre.

Noah solo hizo un asentimiento de cabeza de forma afirmativa y se fue.

*****

Festhon regresaba algo tarde a la mansión, se encontraba algo cansado, y solo quería ir a relajarse un poco, pero cuando pasó por la sala le llamó la atención una figura.

-Puedo ver Festhon, que te la estas pasando muy bien, y cómo no, cualquiera cambia la gélida Inglaterra por esté paraíso tropical, - al pobre hombre casi le da un infarto cuando se dio cuenta que el que le hablaba era Noah.

-Conde, ¿qué hace aquí?

-Las preguntas las hago yo Festhon, ¿en dónde está mi esposa?

-La condesa se encuentra en una fiesta.

- ¿En una fiesta? – recalcó la pregunta, como indicando que su esposa se estaba divirtiendo.

-Es una fiesta para recaudar fondos para la excavación.

-Ahora mismo me vas a indicar exactamente dónde está.

En una mansión grande, se encontraban reunidas las familias más importantes de Yucatán, las mujeres usaban sus mejores galas, y los hombres podían pasar por todos unos caballeros, era una buena velada, se había logrado recaudar una buena cantidad de dinero, cuando una imponente figura entró al salón, su altura junto con su tono rubio no pasaba desapercibido, entró buscando solo a una persona, cuando la tuvo a la vista fue directo hacia ella.

La persona con la que estaba hablando Isabela se quedó callada mirando hacia atrás de ella, algo que ella pudo notar y de inmediato se giró para ver qué pasaba, se encontró con su esposo a un paso de ella.

-Noah – casi gritó.

-Isabela – le dijo algo serio.

-Dios santo Isabela se trata de tu esposo inglés – expresó la señora con la que estaba hablando, quien mostró una enorme sonrisa – conde de Doncaster que placer – le dijo extendiéndole la mano para saludarlo, a lo que Noah la saludó inclinando su cabeza, la mujer casi se va para atrás.

-Me disculpa un momento doña Catalina.

Isabela le hizo saber con la mirada a Noah que la siguiera a un lugar apartado.

- ¿Qué es lo que haces aquí? – le preguntó algo irritada

-Será mejor que te calmes, o quieres hacer un escándalo delante de tus amigos.

- ¿Por qué viniste?

Pero en ese instante doña Catalina se acercó con un grupo de mujeres que estaban ansiosas por ser presentadas y conocer aun conde.

-Conde de Doncaster, permítame presentarle a estás damas…




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