En la excavación de El Meco, los arqueólogos se maravillaban por todos los encuentros, que, aunque no eran tesoros monetarios, si eran varias piezas de gran valor para ellos, Festhon era el más contento, al parecer había nacido para limpiar y excavar, una pasión que ni él sabía que albergaba en su corazón.
Isabela estaba metida en una zanja, limpiando con cuidado una pieza que estaba incrustada en el suelo, cuando llegó Noah, se sonrió al ver a su esposa muy atareada en su trabajo, Isabela miró hacia arriba para ver la imponente figura se su esposo, le devolvió la sonrisa, él le dio la mano la que ella tomó para sacarla y ponerla junto a él.
-Alguien me dijo una vez que viniera y te sacara del hoyo donde estuvieras, no sabía que tendría que hacerlo literal – le decía mientras le limpiaba de su mejilla una mancha de barro.
- ¿Quién fue esa persona?
-Abigail, de alguna manera supo que te quería demasiado.
Isabela le sonrió, cuando le estaba dando un abrazo por la cintura, y él le devolvía el abrazo.
-Este lugar es hermoso y misterioso, ¿sabes qué civilización creó todo esto? – le preguntó mientras miraba las pirámides que aun conservaban su belleza a pesar del tiempo.
-Fueron los mayas – contestó Isabela, quien también miraba las pirámides.
-Qué maravilla.
-Luego te mostraré la cascada.
- ¿Una cascada?
-Creo que solo en sueños puedes imaginar una cascada como la del Meco.
Ambos comenzaron a pasear por el lugar para que Noah viera las ruinas.
-Recibí una carta de mi hermano.
- ¿Qué dice? – preguntó Noah que trataba de tomarle cariño a su cuñado.
-Solo que se encuentran bien todos, y me mandó el cheque, dice que es tuyo.
-Bueno creo que ahora soy bastante rico - Los dos se sonrieron
*****
La luna se reflejaba en el mar y las estrellas brillaban, Noah estaba parado en la playa, el viento fresco le pegaba en la cara, cuando Isabela llegó y lo abrazó por la espalda, él de inmediato pintó una sonrisa en sus labios, no podía evitarlo ella lo hacía muy feliz, le tomó las manos para ponerla frente a él.
- ¿Cómo vas a regresar conmigo a Inglaterra, teniendo este paraíso enfrente?
-Yo seré feliz donde tú estes, mi felicidad eres tú.
- ¿Estás lista para regresar? – ella asintió en forma positiva sonriéndole.
-Siempre podemos regresar.
Él le devolvió la sonrisa.
-Claro que sí.
La pareja se dio un beso, teniendo como escenario una hermosa playa en el caribe mexicano.
FIN