Todas las mañanas son igual de ruidosas gracias a los mercaderes que transportan diversos productos hacia las partes vivas que aún quedan del planeta. Se sabía que el agua en un futuro se convertiría en uno de los mayores tesoros de la humanidad; es una lastima que ese futuro nos alcanzará tan rápido, y que además, ni siquiera tuviéramos la oportunidad de desarrollarnos como especie, al contrario, retrocedimos más de cien años atrás.
¿Dónde quedaron los coches de último modelo? ¿Alguien recordara lo que era un edificio? Tan siquiera, ¿tendrán una foto de la Tierra verdosa antes de este desierto?
Hoy en día, los recursos que por mucho tiempo desperdiciamos de forma egoísta, están a punto de extinguirse junto con nosotros. Sin embargo, lo tenemos bien merecido.
”La Tierra reclama lo que suyo". Es el lema de mi jefa.
Siempre nos aprovechamos de manera gratis de aquello que nuestro mundo nos regalaba. Es gracioso que diga ”nuestro" cuando en realidad nunca nos perteneció a nosotros, si no, a ellos—levanto la vista para ver el campo protector de un pequeño reino, el cual al estar tan lejos parece solo un destello de jade y eso es porque está lleno de árboles frondosos, pasto verdoso, un cielo tan azul como lo solía ser el océano y lo más cotizado; rayos de sol cálido..., no infernal.
—¡Astra! —escucho el grito rasposo de Nallely—. ¡Ven aquí! —Da un fuerte pisotón que hace tambalear la estructura.
Suspiré—. Estoy segura siempre y cuando a ninguna imprudente se le ocurra moverse de más.
Gruñe—. Muy graciosa niña. —No la observo, pero seguramente está cruzada de brazos—. No entiendo como te gusta subir hasta aquí aún con la posibilidad de que esto colapse en cualquier momento.
—Es el único lugar donde el ruido y el olor son tolerables.
—Pero no es seguro—recalca.
—Para mí sí, ¿lo olvidas?
Guarde silencio por unos momentos antes de aclararse la garganta—. Ya casi es hora. Por eso vine a buscarte.
Sonreí—. Claro, finge no haberte muerto de miedo al verme en el borde de esta estructura casi colapsada y podrida. —Señalo hacia abajo—. Mientras me entretengo viendo la desgracia de la vida humana, y a su vez—señalo más allá del norte—, preguntándome cómo podría hacerle ver este sufrimiento a esos malditos.
Aborrecía aún más la existencia de las criaturas, incluyendo la mía—. Tienen que padecer para entenderlo.
—Astra...—Niego. No busco consuelo y ella lo sabe—. Entonces no podemos fallar —su tono vuelve a ser el de una capitana—. Así que mueve tu trasero de una buena vez. El equipo nos está esperando
Me levanto sobre la punta de la torre, dejando que el aire me despliegue la larga capa—. Querida Nalle, es la primera cosa coherente que has dicho desde que subiste a molestarme. —Camino hacia ella, captando al instante un inusual cabello corto teñido de rosa—. ¿Look nuevo? —Arqueo una ceja—. Me gustaba más el rojo.
Cuando llegue hasta ella me pasó un brazo por el cuello, ocasionando que me inclinada debido a la fuerza—. Cállate niña. Sé que me veo genial.
—Es bueno tener el autoestima alta.
Rie y me empuja escaleras abajo—. Aunque, ahora que lo pienso, ¿no te parece un color muy llamativo para el atraco?
Asentí—. Tendrás que usar una capucha como la mía.
Encogió los hombros—. Supongo.
No lo hará—. Astrid—regañe.
—No empieces. —Se adelanto juguetona a la salida caminando de reverso—. Eres menor que yo como para regañarme.
Apreté los dientes apresurando el paso—. Sabes que eso no es verdad—mencione casi susurrando.
—Pues, pareces—hablo de la misma forma solo que sin perder su característica voz juguetona.
Rode los ojos en respuesta—. Deja de jugar y apresúrate.
De pronto se detiene, acerca ambas manos a mis hombros y ajusta la capa mientras me sonríe de oreja a oreja—. Eres una niña respondona.
Hice una mueca—. En años humanos parezco de 25 al menos...—Deje de hablar en cuanto me di cuenta que su atención estaba puesta en unos hombres cubiertos de trapos arapientos de cabeza a pies. Descargaban manzanas..., manzanas rojas recien arrancadas. Su color intenso brilla bajo el sol que las pudrira quiza en dos días, pero sin duda ahorita estan frescas, dulces...
Las personas comienzan a rodearlos, juntando sus monedas o pocos billetes con la esperanza de obtener una. ¿Serán reales? Lo úico que no se olvida, es la gran habilidad que tenemos para realizar imitaciones, aunque no podamos cubrir gastos altos en la fabricación del sabor de una manzana. O, ¿acaso serán...?
Muevo los dedos de manera sutil a su derección, ocasionando que las gafas de sol junto con la ropa de su cabeza de uno de ellos caiga—. Son humanos...—murmuro—, humanos—repito incredula. El crak de una mujer al morder el fruto hace eco. <<Es autentica.>> Siento como mi boca forma una sonrisa. <<Los rumores son ciertos. La barrera se debilita.>>
—Te envidio anciana con cara de niña mimada. —Continuo con la conversación alardeando en medio de las compras—. ¡Pasame tu receta para evitar las arrugas! —Fingio estar distrida antes de chocar contra un anciano, el cual despues de lanzarle algunas maldiciones se fue—. ¡Caray! Soy tan torpe. Todo por tu culpa, me distraes.
Si aún existiera la carrera de actuación sin duda sería la estrella del cine.
—Ja. Sencillo. —Froto la fruta contra su hombro.
—¡Deberias comerla hasta estar en la guarida! —Jale la mano hacia abajo—. ¿Quieres que te corten la mano? Con ese alboroto llegaran en cualquier momento.
—No pasa nada. Si llegaran pero en unos treinta minutos o más tarde. Ya no nos toman tanta atención como antes. —Apunto de morderla un par de pisadas me alarmo. Al intante me puse al frente, sosteniendo un par de dagas.
Los pequeños humanos retroceden, abrazados, temblando de miedo. Luego se dejan caer al suelo y la más chica comienza llorar, así que la otra la aprieta, intentando protegerla.
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Editado: 03.06.2026