La princesa mística

Capitulo 2

Astra

Lonas viejas agitadas con violencia por el viento. Olor intenso a especias y metal. Miles de vendedores tratando de captar la atención de los compradores que hablan entre susurros fascinados por lo que ven; nada legal, obviamente. La arena tan fina que se cuela en las fosas nasales junto al calor infernal por el fuego de los enormes hornos es lo que diferencia el mercado negro de cualquier otro lugar.

—Mi reina, ¿estás segura de que es por aquí? —pregunta Thras agotado mientras trata de ir a nuestro ritmo—. Parece que vamos al lado contrario. Los contrabandistas se encuentran por allá. —Señala el otro lado.

Esquivo varios vendedores que se atraviesan mostrando productos. También uno que otro caza recompensas. Algunos los reconozco, otros son aprendices. Se nota en la altura y los músculos. Me ponen la piel de gallina—. Tres cosas Thras. Una, no me llames así. Dos, no cuestiones. Y tres, por si no te habías dado cuenta hay mucha gente aquí, pero un hombre tan alto, fuerte e imponente como Silas no está a la vista. Nada tonto. Tenemos que buscar la información o hacer un alboroto para que salga. No sé ustedes, pero prefiero la primera opción. Verdad, ¿Bromar?

Gruñe en respuesta

<<—Ambos sabemos cuan despiadado es ese hombre. —Paso la mano por la cicatriz del brazo de Bromar, la cual le recorre del hombro hasta la muñeca. De milagro le salvaron el brazo. Odio a Varek, su obsesión conmigo me hizo sentir como un animal en peligro de extinción—. Lo más inteligente es conseguir información a la antigua. —Camine hacia la taberna—. Una última cosa Thras, no muestres tu rostro a menos que desees morir. —Se ajusta la capucha—. Entremos.

—¡Maldita! —Me detengo en seco. Respiro. Espero. Mano sujetando la daga—. ¡Fue una maldita conmigo! —Solloza—. Le di cada centavo a mi mujer—dejo atrás el arma en cuanto veo al hombre azotar el tarro de cerveza sobre la mesa—, y me engaño con ese estupido.

Guío al grupo a una mesa cercana a la salida—. Chicos, solo una—pongo dinero en el centro de la mesa—, debemos mezclarnos.

Jox toma los billetes y los agita por encima de la cabeza—. ¡Mesero! ¡Cuatro grandes! ¡Deprisa!

Al menos entiende bien lo de mezclarse.

—No deberias decirle estupido a él—susurra el compañero del borracho deconsolado por su esposa.

—¿Jox? —pregunto, pero niega—. ¿Bromar? —Igual niega—. Atentos y pacientes.

Thras agita los dedos, ansioso—. ¿Se puede saber qué hacen? No lo entiendo.

La cerveza llega, dejando caer unas cuantas gotas al suelo debido a lo llenas que estan. Bromar lo bebe como si fuera un manjar dulce. Jox también aunque lo disimula—. Calla. Agudiza esas orejotas. Escucha a la gente, empapate de sus palabras y entenderas. —Sorbo un solo trago amargo e inmediatamente se la desplazo a Bromar—. Toda tuya grandulon. —La bebe al instante mientras Thras se queda muy quieto, quizá practicando lo que le dije. Cierro los ojos.

Un plan para robarle a los elfos. El miedo por ser capturados. Ideas para vender frutas ilegales e incluso armas elfícas. Problemas amorosos, etc, etc. Solo algunas de las cosas que hablan, pero nada de Silas.

—¡Agh! —gritan.

Resoplo. Me desconcentra el lloron de a lado.

—Amigoooo—ya arrastra las palabras—, entiendeme. Mi esposa es preciosa. Cabello largo, un poco grasoso por la falta de agua, pero preciosooo. —El hipo aparece—. Mi esposaaaa, mi esposaaaa. —Lamenta.

Jox se frota la frente. Este tema amoroso debe incomodarlo tanto como a mí.

El crujido de madera altera a todos—. ¡Voy a matarlo!

No tardara en iniciar una pelea—. Vamos a otro lado,

El hombre parece caminar directo a la salida a pesar de que su amigo lo jala de regreso—. No vayas. —Hipo—. ¡Te matara a ti! —Hipo—. ¡Ese hombre es muy grande, muy fuerte! —Mientras se jalaban pasaron a atraer otra mesa—. ¡Es una bestia!

—¡Recuperare a mi mujer! —Golpea la pared. Agarra otro tarro de cerveza a medio beber por otro hombre que se queja al instante, pero no lo persigue debido a la diferencia de altura—. ¡Yo ganare ante él! —Agita la bebida—. Me robo a mi querida esposa, señores. —Comienza un discurso al pasar sobre todos—. De seguro a ustedes también les ha arrebatado algo.

Ruedo los ojos—. Aquí no hay nada. Sigamos. —Nos levantamos.

—Un monstruo que nos quito dinero, joyas, artefactos, promesas, familia, libertad...

Me detuve en seco—. ¿Astra? —Voltee de nuevo—. ¿Nos quedamos? —pregunta Jox.

—Debemos unirnos. —Los borrachos victoriaron—. ¡Juntos hermanos! —Agitaron la cerveza—. ¿Quién esta conmigo? —Gritaron euforicos—. ¡Matemos a Silas Verek!

Y entonces, el ruido ceso. Un silencio absoluto. Profundo. Abismal.

Sonreí—. Que comience el disturbio.

Asintieron.

Thras hablo incómodo al ver como Bromar se tronaba los dedos y el cuello—. ¿Me quieres contar el plan? —Nuestro fortachon se alejo hacia una esquina. Jox fue al frente de aquel hombre; nuestro guiador.

—Lo veras en dos segundos. Espero no te moleste el calor.

Jox comenzo a reir antes de darle la oportunidad a Thras de preguntar otra cosa. Luego aplaudio al unísono—. ¡Que espectáculo! Lo digo muy en serio hermano. —El sárcasmo es su especialidad—. Aunque he de admitir que tambien fue..., ¿cómo decirlo? —fingió pensar—, mmm ¿pátetico? Si, esa es la palabra. Te ves tan pátetico llorando por alguien que seguramente ya te olvido... —Trago en seco—. Y es más estupido pensar que derrotaras a Silas, ¿cierto? —Animo a los demás, quienes reiron—. Tú mismo lo dijiste, es una bestia. Tú, un pequeño ratón. —Hizo un espacio diminuto con los dedos para mostrarle la diferencia—. O, ¿me equivoco señores?

El hombre apreto la quijada. Solo un poco más.

—¡No! —Gritaron divertidos—. ¡Es la verdad! ¡De seguro ya te olvido! ¡Silas es mejor partido!

Jox dio media vuelta—. Señores, propongo un brindis por este pobre e iluso hombre... —Sonrió de oreja a oreja.




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