La princesa mística

Capítulo 3

Astra.

Los sollozos del hombre se llegan a tornar demasiado fastidiosos como para poder dormir. El elfo no lo dice, pero la expresión que tiene lo delata.

Muevo el cuello de un lado al otro antes de incoporarme—. ¿Listo? —pregunto al ver a Jox acercarse.

Asiente, quitandose las vendas ensagrentadas—. Fue difícil, pero tengo lo que necesitamos. Torre central, hacia el callejón del Cuervo Negro.

Trueno la boca—. Eso es pasando la Avenida de los caídos. Nada lindo nos espera ahí.

Encoge los hombros con una mueca—. Es obvio Astra, en ningún lado nos aguarda algo lindo.

Doy un paso atrás—. Si lo sabes, ¿por qué todavía me sigues? Dudo que tengas otro motivo después de la respuesta que te dí hace unos días—ataco.

Sus ojos café oscuro se clavan en los mios—. Es sencillo para ti decirlo. A veces dudo de que en realidad seas como yo.

Golpe bajo. Hiere mis sentimientos y lo sabe, pero no permitire que lo vea—. Agradezco eso—vuelve a mirarme—, no ser como ambos. —Se detiene un segundo demasiado largo, procesando la respuesta—. Necesito salvar a Ingrid, quedate si quieres ayudar o vete si planeas estorbar. —Paso de lado con el corazón sangrando.

Bromar me alcanza a zancadas grandes, en modo de protesta rebuzna, se queja señalando hacia donde se encuentra Jox—. Él empezó —le digo molesta. Se pone delante de la puerta—. No, no hagas eso —regaño—. Voy a buscar algo de comida, no estoy huyendo—murmuro a regañadientes al final. Se cruza de brazos—. ¿Tanto quieres cuestionarme? Bueno, acompañame. —Coloco el abrigo y la mochila en su espalda, ajustando las correas—. Tendrás suficiente tiempo para gruñirme lo que quieras. —Lo obligó a salir y cierro la puerta de golpe.

Bromi comienza a mover las manos, provocando un leve sonido como si aplaudiera, aunque más bien lo que hace es reclamar y preguntar. A veces pienso que si hablara, sería difícil de callar. Otras ocasiones me entristice no saber lengua de sellas, al menos así entendería que necesita o piensa más rápido.

Suspiro en cuanto me jala la capa. Señala la cabeza, luego la boca. Después pone la palma en el pecho y vuelve a señalar la boca. "Hablas con la cabeza, no con el corazón." Al menos eso creo es a lo que se refiere. De todas formas se lo digo a voz para confirmar. Cuando asiente encojo los hombros. Eso lo frustra al punto de sacar la libreta de la mochila. Se dispone a escribir con tanta rápidez que llego a pensar que solo hace garabatos.

"Se supone que también te gusta, ¿no?"

Trago en seco. Lo miro desafiante y de nuevo me encojo de hombros.

"Sigue lo que sientes, no lo que debes. (consejo)"

—Justamente eso no me ha funcionado. Bueno sí, pero al revés.

Arruga la nariz, signo de enojo.

—Bromi, por favor. Sigo agotada. Además nos falta un largo camino para obtener un maldito mapa. Entonces, respeta mi decisión y luego vemos como fluyen las cosas.

Escribe otra vez: "Por el momento no ha fluído tan bien." Ríe.

Doy un golpe en el grueso brazo—. Ni me lo repitas. —Sonrío.

De pronto los pasos metalicos nos ponen alerta. Le hago señas para que me siga en silencio hacia una calle solitaria. Aguardamos unos minutos hasta que la reluciente armadura verde pasto se hace visible.

—Ya hicimos nuestro trabajo. —Avienta una caja de manzanas frescas—. ¿Por qué tenemos que dejarles provisiones? Ellos no las cuidan.

Bromar resopla al ver a un elfo de al menos 1.85 de alto, con un cuerpo bien pulido por el ejercicio. Se quita el casco, dejando a la vista una larga cabellera naranja. La gran mayoria tiene colores extravagantes, parecido a los tintes humanos de fantasía.

—Compartimos lo que nos da la madre naturaleza—contesta el elfo más bajo y de sorprendentes ojos azul eléctrico—. A diferencia de ellos, cuidamos de la Tierra y brindamos regalos de la misma.

Su compañero se alborota el cabello—. Por eso, no hacen nada por la Tierra, no merecen nada. Son inhumanos—ríe—, ¿entiendes? Una escoria que no debío existir. Lo único que sabe es dañar, manipular y matar.

Toco el brazo de Bromar para que se calme. Tal vez le moleste lo que dicen y a mí también, pero hasta cierto punto es verdad. Sin embargo, hay gente inocente que sufre a causa de la última guerra. Todos hemos sido malos en algún momento, incluso los elfos.

—Imagino que ya terminaron—una voz grave nos sobresalta—, porque los veo tan tranquilos descansando.

Se ponen rigídos y no es para menos. Ese hombre debe medir al menos dos metros. Mierda. Con esos musculos de acero podria darle batalla a Bromar, como paso en el pasado con un elfo similar. Noto que mi amigo lo recuerda en cuanto aprieta la quijada.

—Señor. —Se ponen rígidos al momento de hacer un saludo militar—. Afirmativo, hemos terminado. Solo estamos viendo a quien dejar la última caja de manzanas.

Se cruza de brazos—. Ahí esta bien. Algún muerto de hambre las recogera.

Es obvio el odio que nos guarda. Esos ojos rojo fulminantes son cuencas llenas de venganza.

Ambos soldados incómodos se colocan el casco—. Igual dejamos algunas cosas por allá que sobraron. Estan por...

El jefe (eso asumo) hizo una expresión de aburrimiento—. Si, si—interrumpio—, mejor dime si encontraron algo del sombra.

Se miraron confundidos—. Señor, ¿se refiere al rey sombra? —preguntó ansioso el de cabello naranja.

Tan rápido como termino de hablar cayó al suelo un rayo purpura desde el cielo. Utilice una cortina de agua para evitar ser alcanzados por la electricidad, en cambio la armadura de metal fue un conducto fuerte para dejar gravemente herido al elfo en menos de un pestañeo.

—No es un rey —dijo al ver el pecho de ambos subir y bajar. Quizá se controlo un poco para evitar matarlos. Nunca ví antes un poder tan fuerte del rayo—. Un rey se gana el título. Él lo obtuvo al nacer y ni siquiera ha demostrado ser digno. —Dio media vuelta—. Tendría que estar muerto, aunque Yarazeth piense lo contrario.




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