Astra
Azote la puerta—. Silas sabe que estoy aquí. —Todos se detienen—. O, al menos lo sabra en poco tiempo.
Jox es el primero en cuestinar—. ¿Qué hiciste?
Le arrojo una manzana que atrapa con facilidad—. Estamos bien, gracias por preguntar. —Bromar arroja la canasta de manzanas para que los demas comiencen a comer—. Guarden algunas, las necesitaremos para el camino.
Jox se interpone en mi paso—. Aja si. En un momento nos preocupamos por eso. Ahora explicame que demonios arruinaste.
El calor se vuelve más denso en el pequeño cuarto donde estamos, al momento de tornarse insoportable incluso para mí.
Janet que acaba de llegar y notar el ámbiente tenso es la primera en quejarse—. Si tu plan es freirnos vivos, lo estas logrando.
Una cabellera blanca invade el campo visual que tenia con Jox—. Que la señorita Astra hiciera algo, no significa que arruinara todo.
Tharás, un elfo que he estado tratando de hacer quedar mal en este tiempo que llevamos conviviendo, me esta defendiendo. A diferencia de aquel que se hace llamar mi amigo, sin embargo, Tharás no seguira defendiendome después de saber lo que hice.
—Mate a dos elfos. —Justo como pensé, Tharás se tensa—. No estaba planeado, pero ellos no iban a dejarnos con vida. —Clave la mirada en Jox—. No es excusa, es la verdad. Además, descubrí que el jefe, o eso creo, quiere la corona para él. Mencionaron algo de ser el elegido, no lo entendí muy bien.
Cuando intento darme la vuelta me toca el hombro—. ¿Cómo era ese hombre? —indaga Tharás de pronto más atento que antes—. ¿Muy alto? —Asentí—. ¿Con armadura plateada en lugar de verde? ¿Ojos rojos?
—¿Lo conoces?
—Estamos en problemas. Ese elfo es el comandante y no cualquiera, es el que mejor sabe usar el rayo.
—Lo ví. Es el único elemento que maneja, ¿verdad?
Creí que se guardaria los secretos de su casa, pero me los dice como si fuera lo más natural del mundo—. Si, por ser el único toda su magia se concentra en él a un grado sorprendente.
El mejor utilizando el rayo. Entonces, posiblemente es ese maldito—. ¿Fue...quién lidero la guerra mágica?
Duda unos momentos antes de contestar en un largo suspiro—: Si, con la muerte de su padre, tomo el mando en aquella época.
Me muerdo la lengua para evitar mostrar alguna emoción de ira, pero la habitación ya no es solo caliente, sino que arde como un horno encendido. Respiro profundo o voy a sofocar a mi equipo.
—También dijo que un rey sombra custodia las proteciones del reino sin razón aparente, por lo que planean matarlo porque tal vez quiere esa preciada corona. —Tharás rie. Lo ignoro—. Tenemos muchos que desean esa joya.
—Es obvio Astra, por eso debiamos tener perfil bajo. —regaña Jox.
Janet suspira—. Dejala en paz perfeccionista. ¿Cuántas veces no la cagaste tú y ella te salvo el culo?
Tharás se sorprende por el lenguaje tan explícito—. No exactamente así con esas palabras pero tiene razón. Se complico, más no se arruino.
Bromi se coloca a mi lado y da un ligero codazo; la forma de demostrar el apoyo.
Doy un aplauso que provoca el aire caliente salga por completo—. Perfecto equipo. Lo siguiente que hay que hacer es aprovechar la noche para buscar a Silas, porque les aseguro que mandara a todos en busca de su rumor favorito; la mujer eterna. Es decir, yo. —Ajusto la espada—. Que lo intente de nuevo el perdedor. ¿Dudas?
Janet levanta la mano y le cedo la palabra—. ¿Quién es él? —Señala al prisionero—. Y, ¿qué vamos a hacer con él?
—Todo tuyo.
Sonrié—. Perfecto jefesita. —Se acerca con una mochila llena de herramientas médicas.
El elfo palidece más allá de su color de piel—. ¿Qué va a hacerle?
—Nada malo, tranquilo. Aunque no lo creas, tiene conocimientos médicos. —Ante su inquietud, le explico—. Le gusta sedar a las personas.
—Es una mujer sádica.
Frunzo los labios—. Un poco. —Coloco la capucha. Ajusto las correas de la mochila y percibo los elementos en las palmas—. ¿Listos?
Janet que es la única que falta llega corriendo y sonriendo de oreja a oreja. Se cubre el cuerpo demasiado llamativo para hombres con un abrigo largo y amarra su cabello en una coleta alta—. Vamos.
***
Salimos de la cabaña uno detrás del otro.
Bromar va primero, cargando la canasta y parte de nuestras cosas como si no pesaran. Janet camina detrás de mí, todavía acomodando las correas de su mochila, mientras Jox permanece unos pasos adelante, revisando cada esquina antes de permitirnos avanzar.
Tharás es el último. Demasiado tranquilo para alguien que acaba de escuchar que maté a dos de los suyos. No le doy importancia. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos.
La noche debería ayudarnos. La oscuridad siempre ha sido nuestra mejor aliada, pero apenas doblamos la primera esquina, sé que algo cambió. Hay más antorchas. Me detengo.
—Eso no estaba antes.
Jox mira hacia la calle principal—. No.
A lo lejos, un grupo de soldados avanza entre las casas. No caminan como una patrulla común. Van buscando.
—¿Nos descubrieron? —pregunta Janet en voz baja.
—Todavía no —responde Tharás.
Lo miro—. ¿Cómo lo sabes?
Él señala a los soldados—. Si supieran quiénes son, ya estarían aquí.
Tiene razón, y odio admitirlo.
Seguimos por un callejón estrecho. Entonces escuchamos un golpe. Todos nos detenemos. Otro. Una puerta acaba de ser derribada. Me asomo apenas por la esquina, logrando ver dos soldados entrando a una casa.
Una mujer sale detrás de ellos—. ¡Aquí no hay nadie!
—Tenemos órdenes de revisar.
—¡Ya revisaron otros de ustedes hace diez minutos! —Uno de los soldados empuja una mesa, ocasionando que los objetos caigan al suelo. La mujer intenta detenerlo en vano—. ¡Eso es de mi familia!
—Apártate. —El elfo la arroja a un lado.
Aprieto los dientes e intento acercarme, pero Jox me sujeta del brazo antes de que pueda salir—. No.
#3983 en Fantasía
#9268 en Novela romántica
fantasia épica, fantasia aventura y magia, romance fantasía acción aventuras
Editado: 09.08.2026