La Princesa Perdida de la Manada

Capítulo 3 — La bruja y el lobo

La noche había cubierto la manada con un silencio casi absoluto.

Ariana no podía dormir.

Desde que había llegado, algo dentro de ella se sentía extraño. Su cuerpo parecía reconocer aquel lugar aunque su mente insistiera en que jamás había estado allí.

Necesitaba aire.

Salió al jardín sin hacer ruido y caminó hasta el límite del bosque.

La luna llena bañaba los árboles con una luz plateada.

Ariana levantó el rostro.

—¿Por qué siento que te conozco? —susurró.

Un aullido profundo respondió desde el interior del bosque.

Ariana sintió un escalofrío.

Entonces apareció él.

Adrian.

Caminaba entre los árboles con una presencia que parecía dominar todo a su alrededor.

Sus ojos encontraron los de Ariana.

Y ambos quedaron inmóviles.

El lobo de Adrian rugió dentro de él.

Nuestra.

Adrian apretó los dientes.

—¿Qué haces aquí?

Ariana levantó una ceja.

—Podría preguntarte lo mismo.

—Este bosque no es seguro.

—Entonces quizá deberías explicarme por qué el rey alfa está paseando solo por él a medianoche.

Adrian estuvo a punto de sonreír.

—No deberías estar sola.

—No sabía que necesitaba permiso.

—No lo necesitas.

Ariana intentó pasar junto a él.

Adrian le sujetó la muñeca.

El contacto provocó una descarga.

Ambos contuvieron el aliento.

Adrian soltó su mano inmediatamente.

—¿Qué fue eso? —preguntó Ariana.

—Nada.

—No pareció nada.

Adrian retrocedió.

—Olvídalo.

—No.

Ariana se acercó.

Adrian sintió que su lobo luchaba por salir.

Acércate.

—No te acerques.

—¿Por qué?

—Porque…

Adrian no pudo terminar.

Un gruñido profundo resonó detrás de ellos.

Ambos se giraron.

Adrian cambió inmediatamente.

Toda la calidez que había mostrado desapareció.

Su mirada se volvió fría.

—Ponte detrás de mí.

Ariana frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

—Ahora.

El segundo gruñido fue mucho más fuerte.

Los árboles comenzaron a moverse.

Adrian dio un paso hacia adelante.

—Hay alguien ahí.

Ariana escuchó ramas romperse.

Entonces aparecieron dos ojos rojos entre la oscuridad.

—Adrian…

—No te muevas.

Una enorme criatura salió de entre los árboles.

No era un licántropo de la manada.

Su pelaje era negro como la noche.

Tenía cicatrices atravesándole el rostro.

Y sus ojos estaban completamente rojos.

Ariana retrocedió.

—¿Qué es eso?

Adrian gruñó.

—Un lobo salvaje.

La criatura bajó el cuerpo.

Estaba a punto de atacar.

Adrian se transformó en un instante.

Su ropa cayó al suelo mientras un enorme lobo negro apareció frente a Ariana.

Era gigantesco.

Sus ojos dorados brillaban bajo la luna.

El lobo salvaje se lanzó.

Adrian lo interceptó.

Los dos animales chocaron con una fuerza brutal.

Ariana gritó.

—¡Adrian!

El lobo negro rodó por el suelo, se levantó y volvió a atacar.

Adrian mordió su hombro.

La criatura lanzó un aullido y consiguió apartarlo.

Ariana observaba aterrada.

No sabía qué hacer.

Entonces el lobo salvaje giró la cabeza hacia ella.

Sus ojos rojos se clavaron en los suyos.

Y comenzó a avanzar.

Adrian se colocó inmediatamente entre ambos.

El mensaje era claro.

A ella no.

El enemigo gruñó.

Y atacó.

Adrian recibió el golpe en el costado y cayó varios metros.

—¡Adrian!

Ariana corrió hacia él.

—¡No! —rugió Adrian.

Pero era demasiado tarde.

El lobo salvaje volvió a lanzarse.

Ariana cerró los ojos.

Y entonces algo dentro de ella despertó.

Un rugido atravesó el bosque.

No provenía de Adrian.

Provenía de Ariana.

El aire pareció detenerse.

Las hojas dejaron de moverse.

El lobo salvaje frenó en seco.

Ariana abrió los ojos.

Sus pupilas habían cambiado.

Ahora eran completamente doradas.

Una energía extraña emanaba de su cuerpo.

El lobo enemigo retrocedió.

Adrian se quedó inmóvil.

Su propio lobo también parecía sorprendido.

Gama…

La palabra resonó en su mente.

Ariana levantó una mano.

No sabía qué estaba haciendo.

Simplemente sintió que debía hacerlo.

El lobo salvaje cayó de rodillas.

Un gemido escapó de su garganta.

Después huyó hacia el bosque.

Ariana bajó lentamente la mano.

La energía desapareció.

Sus ojos volvieron a la normalidad.

Y su cuerpo perdió fuerza.

Adrian recuperó su forma humana y corrió hacia ella.

—¡Ariana!

La sostuvo antes de que cayera.

Ella estaba temblando.

—¿Qué… qué acaba de pasar?

Adrian la miró fijamente.

No tenía respuestas.

Pero ahora sabía que había algo en ella que desafiaba toda lógica.

—No lo sé.

—Mentiroso.

Ariana intentó apartarse.

—Tú sabes algo.

Adrian negó.

—Te juro que no.

—Entonces ¿por qué me miras así?

Adrian no respondió.

Porque la verdad era aterradora.

Había visto el brillo dorado.

Había sentido aquella energía.

Y su lobo acababa de reconocer algo que Adrian jamás había visto en toda su vida.

Ariana no era una humana.

Pero antes de que pudiera decir algo, escucharon voces acercándose.

—¡Majestad!

Darian apareció entre los árboles acompañado por varios guerreros.

Al ver a Adrian junto a Ariana, corrió hacia ellos.

—¿Están heridos?

Adrian negó.

—Ella está bien.

Darian miró a Ariana.

Luego observó el bosque.

—¿Qué ocurrió?

—Un lobo salvaje.

Darian se puso serio.

—¿Aquí?

—Sí.

—Eso es imposible. Los territorios están protegidos.




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