La princesa que murió...no soy yo

3. Bajo juicio.

Las puertas se abrieron antes de que

puediera arrepentirme.

El sonido fue bajo, elegante... Pero suficiente para para silenciar la sala entera.

Si un paso al frente.

Y entonces lo sentí.

Las miradas.

No eran curiosas.

No eran amables.

Eran evaluaciones.

Cada persona en esa sala me estaba midiendo, como si yo no fuera más que una decisión pendiente.

—Lady Elara—. Anunció un voz, sin emoción.

No respondí.

Avance con la espalda recta, obligándome a no dudar.

Si iban a observarme.

Yo también lo haría.

La sala era amplia, imponente.

Consejeros a ambos lados. Rostros severos.

Otros... claramente incómodos.

Y entonces lo entendí.

No estaban aquí por mí.

Estaban aquí por lo que representaba.

—Quince días—dijo uno de ellos-. Quince días sin respuesta.

Mi pulso apenas se alteró.

—Un estado preocupante—. Añadió otro— considerando las circunstancias de su caída.

Caída.

—¿Fue un accidente?— pregunto alguien más.

No respondí.

—No hay pruebas de lo contrario—, intervino otra voz—. Pero su comportamiento previo no ha sido... Estable.

Un murmullo recorrió la sala.

Sentí el peso de esas palabras.

No eran para mí

Pero ahora lo eran.

—Entonces debemos considerar si es prudente mantener el compromiso— añadió uno.

El aire se volvió más denso.

—El acuerdo entre reinos no puede depender de suposiciones— respondió alguien del lado opuesto.

Mi reino.

—No son suposiciones, son antecedentes.

Silenció.

Y entonces...

La puerta se abrió.

No hubo anuncio.

No hizo falta.

La presencia lo lleno todo antes de que diera un solo paso.

Cassain.

Lo supe sin que nadie lo dijera.

Avanzo con calma, sin prisas... Como si el tiempo mismo le perteneciera.

La sala de quedó en silencio.

Sus ojos se posaron en mí.

Y no se movieron.

No había calidez en esa mirada.

Tampoco odio

Era algo peor.

Evaluación.

— Despertó—dijo.

Si voz fue baja. Controlada.

—Eso parece— respondí.

No aparte la mirada.

Un leve cambio cruzó su expresión .

Apenas perceptible.

Pero lo notó.

—Su estado ha sido... Inconveniente—continuó, dirigiéndose al consejo—. Quince días son más que suficientes para cuestionar la estabilidad de cualquier acuerdo.

Ahí estaba.

No hablaba conmigo.

Hablaba de mí.

—Su majestad—intervino un consejero—,la alianza no puede

—Lo sé—, lo interrumpió Cassain.

Silenció inmediato.

—Y precisamente por eso—continuó—, no puedo ignorar el riesgo que representa.

Sus palabras cayeron limpias.

Frías.

—No puedo permitir que alguien... Inestable permanezca a mi lado.

El murmullo volvió.

Más fuerte.

—Romper este compromiso tendría consecuencias graves—dijo un representante de mi reino— consecuencias que ninguno de los dos puede permitirse.

—Las consecuencias de mantenerlo podrían ser peores.

—Eso aún no está probado.

—Tampoco lo contrario.

El silencio se volvió insoportable.

Cassain volvió a mirarme.

Directamente.

Sin suavizar nada.

—No recuerdo haber aceptado esto— solté en voz alta.

Está vez no...

Las palabras salieron solas.

Demasiado honestas.

Demasiado tarde.

Algo oscuro cruzó su mirada.

—Eso no es nuevo— respondió.

—¿Que significa eso?

No respondió de inmediato.

Solo observó.

Como si estuviera confirmado algo.

—Que cambiar... Es lo único que usted hace bien.

El golpe fue silencioso.

Pero certero.

—Su majestad—intervinó otro consejero—, el compromiso debe mantenerse.

—¿Debe?

Su voz no subió.

Pero el aire se tenso.

—La paz entre ambos reinos depende de ello.

Silenció.

Largo.

Pesado.

Y entonces.

—Entonces será responsabilidad de este consejo asegurarse de que lo sea.

Nadie habló.

—Porque si resulta ser un riesgo.

No terminó la frase.

No hacía falta.

La amenaza estaba ahí.

Clara.

Real.

El compromiso seguía.

No por voluntad.

Por obligación.

La reunión terminó poco después.

Las voces se desvanecieron.

Pero la tensión no.

Me giré para salir.

Y entonces lo sentí.

Cerca.

Demasiado.

—Si todo es acto—dijo Cassain en voz baja—,no durará mucho.

No lo mire de inmediato.

—No sé a qué se refiere.

—Lo sabré—respondió—.Siempre lo hago.

Está vez si lo miré.

De cerca.

Era peor.

Más intenso.

Más peligroso.

—Entonces asegúrese de no equivocarse.

Un leve silencio.

Y por primera vez.

Algo cambio en su expresión.

No era confianza.

Pero tampoco rechazo.

Era interés.

—No lo hago—dijo.

Y se apartó.

Dejándome ahí.

Con una certeza incómoda.

Cassain no solo era un rey

Era alguien que me estaba observando.

Esperando

A qué fallara.

Y si lo hacía.

Nadie iba a salvarme.




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