La princesa sin reino

Capítulo diez

–¿te encuentras bien? – pregunto una joven rubia viendo como su hermana mayor se inclinaba y vomitaba todo su desayuno–¿necesitas un médico Theo?

La mencionada dio un salto, pero las arcadas no la dejaban hablar, le dolía la garganta y los ojos le lagrimeaban. Mientras tanto Briseida la miraba con espanto, no sabia que su hermana estaba enferma.

–No necesito de un médico, Bri– contesto Theodosia una vez que dejo de vomitar.

–¡Como que no necesitas de un médico, estabas vomitando tu desayuno! – grito Briseida, como siempre con su dramatismo. –¡Y te ves como un fantasma!

–Briseida una dama no debe gritar como loca y mucho menos una princesa– reprendió Theodosia a su hermana menor– No debes decirle a nadie lo que viste ¿comprendes?

Theodosia se paró derecho, recompuso su aspecto, tomo el sobrero que se le había caído y estaba lista para volver a la dichosa fiesta.

–Solo quiero ayudarte– susurro la joven Briseida.

–Me ayudaras quedándote callada. –contesto Theo lacónicamente. –Tenemos que volver.

En aquel palacio se llevaba a cabo una fiesta en el jardín, acudieron los amigos mas íntimos de sus padres y era de muy mala educación salir corriendo y mas cuando eres la hija mayor.

–¡Theodosia! – gritaba un alto y moreno hombre corriendo hacia la susodicha quien solo pudo cerrar sus ojos con fastidio.

–Carajo– murmuro para si misma viendo a su novio correr hacia ellas.

–¿te encuentras bien? – Aron negó con la cabeza y se corrigió– ¿se encuentran bien, tu, él bebe?

Briseida cerraba y abría la boca viendo tanto a su hermana como el estómago de esta como al duque de Reddud.

–¡¿Qué?!¡bebe! – grito la rubia sin saber que más decir.

–Briseida cálmate por favor– suplico su hermana mientras le lanzaba una mirada de enfado a Aron.

–¿Lo saben papá y mamá?

–Claro que no, Bri, por eso necesitamos que nos guardes el secreto ¿podrías? – pregunto Aron a su cuñada viendo que cometió un terrible error, pero en su defensa su mujer había salido corriendo de aquella fiesta, claramente estaba preocupado.

–Tienen que decirlo pronto o se comenzara a notar– dijo Briseida cruzándose de brazos– Además yo seré la madrina ¿entendido?

–Lo que tu quieras hermanita– respondió Theo abrazando fuertemente a su hermana.

 

El baile en celebración por el compromiso de Luana Radcliffe y Jasper Benedict Mortensen tenia como locos a todos los del servicio del castillo, eso sin mencionar a los proveedores contratados para la dicha fiesta.

–Dicen que la boda será el evento del año– murmuraba una chica hacia Ariana– Que suerte tienes amiga, no cualquiera es seleccionado para ayudar a la próxima reina.

–En realidad mis tareas son muy simples y aburridas, Clementine– sé que quejo la joven de cortos cabellos pelirrojos. – La señorita solo quiere que la ayude a peinarse y a llevar su ropa a la lavandería.

–Bueno es normal, seguramente en aquel castillo no tenia alguien que la ayudara. – dijo Clementine encogiéndose de hombros. – Pero dime como es.

–¿La princesa Luana? –Clementine asintió emocionada– Ella es muy amable, sencilla… la verdad es que no dice muchas cosas, se mantiene callada y a veces deambula por el palacio o por los jardines, la noto un poco triste, pero dicen que ella es así.

–Uhmmm necesita entrar en confianza.

–Quizás.

 

Luana se miro en el espejo de cuerpo completo, lucia un vestido color champagne, el escote era de corazón. El corsé tenía pequeñas lentejuelas que resplandecían con la luz y caían en pico hasta esparcirse por toda la falda, la cual tenía tul para hacer mas abultado el vestido, pero no demasiado.

Luana llevo sus manos a sus pechos e hizo un intento de acomodarlos y taparlos más, pero era casi imposible, el vestido le quedaba muy entallado en ese parte de su cuerpo, solo esperaba que el escote no se viera tan vulgar.

Llevaba un delicado collar de oro, de aretes dos pequeños cristales y lucia su hermoso anillo de compromiso.

Su cabello estaba peinado en un sencillo pero elegante moño, tal vez si lo llevara suelto se simularía el escote pensó Luana negando con la cabeza.

–¿Linda estás lista? – pregunto Cordelia del otro lado de la puerta. – La mayoría de los invitados ya llegaron, al igual que Alice, tu abuelo Michael, tu tía Dagma, que por cierto esta desesperada por querer verte.

Luana se echo otro vistazo al espejo y miro a Ariana, su compañía en las últimas semanas, la joven de baja estatura le sonrió orgullosa y le levanto el dedo gordo con aprobación.

–Estoy lista– anuncio Luana saliendo finalmente.

–¡Ay mi niña, estás preciosa! – exclamo su suegra con júbilo. –Vamos, vamos, están impacientes por verte.

Ambas mujeres bajaron las escaleras hasta el salón donde se llevaba a cabo el baile, las anunciaron con elegancia y todas las miradas recayeron en ellas.

Luana veía a todas aquellas personas, la gran mayoría desconocidos, trato de no mostrase nerviosa pero las piernas le temblaban aun así pudo formar una pequeña sonrisa, aunque esta se amplío cuando vio que su prometido estaba en el inicio de las escaleras esperándolas.

–Las mujeres mas hermosas por fin llegaron– susurro Jasper ofreciendo su brazo a ambas.

–Niño eres un adulador– dijo Cordelia contenta. – Si me permiten iré con Lucas.

Jasper y Luana quedaron a solas y el rey avanzo hasta unas personas importantes dentro de Roznok quería presentar a su prometida y que mejor que con ellos.

Al otro lado del salón se hallaba Brandon con una copa de champaña entre sus dedos, bebiendo felizmente y observando a las señoritas y algún que otro hombre. De repente los ojos negros de Brandon divisaron una sexy morena, con suaves ondas cayendo hasta media espalda, un vestido celeste y entallado la hacia ver elegante y sexy.

–Mira nada más– susurro Brandon una vez que llego hasta Verónica– La reina de la noche debería ser otra.




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