La princesa sin reino

Capítulo veintidós: Un día normal en Roznok

Sus ojos se conectaron por inercia en el momento en que ambos llegaban a su clímax, Luana gimió llena de placer y se aferró más al cuerpo de Jasper en un intento de que el momento durara más pero Jasper se alejó de ella con la intención de cobijarlos con la sabana.

–Esto no cambia nada– dijo Jasper cuando Luana lo abrazo por detrás–sigo enojado.

Luana rodo los ojos pero no aflojo su agarre. Jasper seguía enojado por su escapada a la zona lóbrega pero no se iba disculpar con ello y mucho menos cuando había hecho tan buena publicidad.

–No me disculpare y lo sabes– respondió Luana y cerró los ojos esperando a que la invadiera el sueño.

–Te has vuelto muy respondona esposa–dijo Jasper dándose la vuelta y admirando la calma de Luana– ¿Quién lo diría? Hace meses ni me podías mirar a los ojos y ahora me respondes y te escapas.

– ¿Qué puedo decir? Las terapias han ayudado– Luana no abrió los ojos pero sentía la mirada castaña sobre ella.

–Has ido solo tres veces– alego Jasper burlándose– El psiquiatra es bueno pero no hace milagros.

Luana había comenzado a ir con el psiquiatra apenas una semana atrás, Jasper hubiera preferido que fuera al psicólogo pero Alice recomendó que el otro médico era mejor dados los antecedentes de Luana.

Tal vez no había cambiado, pero había progresado bastante lo suficiente para mantener tranquilo a su esposo y satisfechos a sus abuelos.

–Pues deberías pagarle más, porque ha dado muy resultados.

Poco a poco a Luana le fue invadiendo el sueño y justo cuando su respiración fue más lenta alcanzo a escuchar el susurro de la voz ronca de Jasper diciendo < ¿Qué me has hecho, esposita?

Luana quiso hacerle la misma pregunta, pero ambos no estaban listos para esa conversación o tal vez simplemente no la querían llevar a cabo.

Jasper despertó tarde al día siguiente, lo suficientemente tarde como para vislumbrar a su esposa siendo peinada por Ariana; la pelirroja trenzaba ávidamente los mechones y después lo unió con la otra trenza… para la mente de Jasper eso era demasiado, se conformaba con ver bien a Luana.

– ¿Crees que las perlas se vean bien?– escucho Jasper a Luana.

–Justo estaba pensando en perlas– asintió Ariana atreves del espejo. –Las traeré.

La amistad entre Ariana y su esposa era algo extraño, nunca imagino que se podían llevar tan bien aunque tal vez fuera normal ambas eran jóvenes, con ideas similares y mientras Luana era más “tranquila”, Ariana era más alocada, extrovertida y una parte de Jasper pensaba que la señorita había contribuido en el avance emocional de Luana y se alegraba por ello.

– ¿A dónde tan guapa?– pregunto Jasper con voz ronca.

–Hoy tengo reunión con la asociación de mujeres–Dijo Luana mientras volteaba a verlo.

–Suerte con esas mujeres– dijo Jasper recordando a las diez mujeres de aquella asociación, algunas eran más amables pero en general eran algo… especiales.

–No me metas más miedo– pidió Luana y vio como Jasper se levantaba de la cama como Dios lo trajo al mundo.

– ¿te gusta lo que ves?

Luana lo detallo con la mirada, vio sus fuertes brazos, su cuerpo tonificado pero no excesivamente, además vio la cicatriz en su hombro y otras tantas que casi nunca les prestaba atención.

–A veces uno se cansa de la vista. – Jasper detuvo su acción al escuchar el comentario aparentemente inocente de Luana.

–Eso no gritabas anoche.

Jasper se vistió y se acercó a Luana por detrás, se inclinó hasta su oreja y susurro:

–Estás preciosa, mi rosa– Luana automáticamente se tensó ante aquel mote y sonrió incomoda.

Se levantó al mismo tiempo es que Jasper se enderezaba, poso su mano sobre el pecho de su esposo y mirándolo seriamente a los ojos le dijo:

–No me digas así– susurro cerca de sus labios–Por favor.

– ¿Por qué? Si eres bella como una rosa– repuso Jasper confundido ante su actitud.

–No me gusta. – y le recordaba a ciertos ojos violetas.

–Como desee mi reina. – Dijo Jasper y unió sus labios con los rosados de su esposa. –Me gusta tu vestido, te ves preciosa.

–Gracias– los ojos de Luana brillaron ante el cumplido y sonrió hacia su esposo haciendo que su corazón le diera un vuelco. –Deséame suerte con la asociación.

–No la necesitas, acabaras con ellas.

 

Jasper y Brandon se dirigían hacia la entrada para tomar un vehículo que los llevara hasta la inauguración de una nueva carretera que uniría la capital de Roznok hasta la zona norte del reino, más específicamente el pueblo de Bonglova.

– ¿Qué tanto sabed de Erikrea?–pregunto Jasper a su principal consejero.

Brandon levanto sus cejas, nunca habían conversado sobre aquel reino y nunca espero aquello.

–Lo que todo el mundo sabe– Brandon se encogió de hombro y añadió– ¿por qué?

–Me ha llegado una carta, el príncipe pide una audiencia– explico Jasper pensando en el símbolo de aquel reino tan independiente y tan apartado del mapa que muy pocas personas hablaban de aquel territorio. – ¿Qué opinas?

–Los erikreanos no tienen fama de sociables– medito Brandon mientras se rascaba la larga barba oscura– Por un lado sería interesante convivir con ellos pero por la otra me parece sospecho aquella misiva.

–Concuerdo ¿crees que serían buenos aliados?

–Se muy poco de ellos– dijo Brandon– Tal vez deberías aceptarla y ver que te pueden ofrecer.

–Le diré que sí, de todos modos no llegaran de inmediato, Erikrea es una isla y nos separan miles de kilómetros.

Miles de kilómetros tanto en mar como en tierra, tendría tiempo de investigar y prepararse para aquella visita, decir que Jasper estaba intrigado seria mentir, estaba lleno de curiosidad por conocer a ese tal príncipe Dorian.

–El cumpleaños de la reina se acerca– comento Brandon después de un momento, por la cara de Jasper, su concejero asumió que desconocía tal fecha– No me digas que no lo sabes.




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