La princesa sin reino

Capítulo treinta: Raisen

Capítulo treinta

El castillo de Raisen era de un estilo medieval, columnas altas y ventanas enormes sin ningún tipo de cristal, además es castillo estaba en una colina, podías ver perfectamente el mar golpeando contra la colina, claro esta que si alguien te aventaba por alguna ventana pues pasabas a mejor vida.

Al menos eso era lo que pensaba Luana al admirar el majestuoso paisaje, la zona sur del castillo daba hacia el tormentoso mar mientras que el sur daba hacia un bosque tropical, era muy hermoso pensaba la reina de Roznok, aunque muy caluroso y mas con los vestidos llenos de tela que había empacado.

Trato de abanicarse con sus manos, pero incluso ese aire era denso y húmedo, que horror, ella era una persona que disfrutaba del frio, la nieve y el frio aire. Por suerte Roznok tenía un caluroso verano y frio considerable.

–¿disfrutando del clima, majestad? – Luana volteo hacia atrás al escuchar la voz de la reina de Raisen.

Habían sido presentadas en la mañana, a Luana le había parecido raro la tensión entre la Reina Rosella y su esposo, pero no comento nada, además ella si se llevaba bien con la reina, al menos por ahora.

–Es muy caluroso– dijo Luana abanicándose– Pero es muy bello, me gusta mucho su castillo, majestad.

La reina Rosella segunda en su nombre y primera mujer en gobernar Raisen, era una mujer peculiar, exigente; sus suaves rizos pelirrojos adornaban su rostro níveo, nariz perfilada cubierta de pecas y unos pequeños labios rosados, eso sin contar sus ojos verdes.

–Dime Rosella– dijo la susodicha de inmediato– ¿puedo llamarte Luana?

–Por supuesto, Rosella– dijo Luana sonriendo.

–Bien, me gustaría ayudarte con tus temas de moda– dijo viendo detenidamente su vestimenta – Parece que nadie te hablo del clima aquí en Raisen.

–No creo que sea necesario…– dijo Luana con incomodidad.

–Oh claro que es necesario, ven sígueme– demando Rosella.

Ambas caminaron hasta la torre norte, donde se ubicaban los aposentos de la reina. Se dirigieron hasta una habitación, donde había únicamente sillones rosas y azul celestes, así como pequeñas mesas para tomar té. Luana supuso que era como la sala de la reina.

–Ah Leonardo, disculpa la tardanza, pero esta reina es muy escurridiza– dijo la reina Rosella señalando a Luana.

 Adentro de la sala había un hombre de mediana estatura y tes oscura, con grandes ojos oscuros y labios gruesos, eso si mencionar su ropa inmaculada y completamente a la moda.

–No me sorprende viniendo de la…– El hombre callo abruptamente al ver la mirada dura de la reina Rosella– No hay problema majestades.

–Bien. Muéstrame lo que trajiste Leonardo– dijo Rosella un tanto tensa por lo que estuvo a punto de decir aquel hombre. –La reina de Roznok se quedará una semana aquí y no queremos que muera asfixiada por el calor.

Leonardo le mostraba distintos vestidos, algunos dorados, otros rojos, otros negros, pero lo que mas le preocupaba a Luana eran los escotes de los vestidos, ya sea que mostraran la piel de la espalda, la del vientre o los pechos, de algo estaba segura y era que no se sentiría segura sintiendo alguno de esos diseños.

–Esta noche haremos un banquete en honor a su visita– anuncio Rosella tomando un vestido con delicadeza– Creo que este lo puedes llevar hoy.

Luana paso saliva al verlo, el vestido era hermoso, con tela metálica color dorada, era plisado y tenia un escote en “V” en la zona de los pechos.

–Lleva una capa, majestad– indico el diseñador alzando una capa azul marino con detalles dorados en la zona de los hombros.

–Uhmm… no lo sé– susurro Luana con inseguridad. –Sin duda es hermoso.

–Se verá hermoso en ti, te lo aseguro– dijo Rosella tendiéndole el vestido– Le dire a tu doncella que lo lleve a tu habitación junto con los otros.

Luana se abstuvo de cualquier comentario puesto que ella no quería decir algo fuera de lugar, decían que la reina era muy voluble y no quería problemas, pero desde su llegada la reina la ha trato bien, tal vez eran solo chismes.

–Ven quiero mostrarte algo– Rosella la tomo de la mano– Gracias Leonard, el sr. Louis te pagara por tus servicios.

–Majestad– dijo Leonardo inclinándose. –Un placer, como siempre.

Ambas reinas salieron, Rosella caminaba tan rápido que Luana casi tenia que trotar para poder estar a su paso. Pasaron por unos jardines muy exóticos donde estaban personas de la corte tomando el sol u hombres platicando o luchando.

–Hay un lugar que creo que te puede interesar. –anuncio Rosella– Me han dicho que es lugar tranquilo.

Bajaron unas escaleras hechas de piedra, el olor a agua salada invadió las fosas nasales de Luana, el choque de las olas se escuchaba cada vez mas cerca hasta que finalmente se encontraron en una explanada, con varias columnas y una excelente vista de la playa.

–Disfruta– susurro Rosella dándose la vuelta. –Tal vez los dioses tienen un regalo para ti.

Luana frunció el ceño, pero no dijo nada, espero a que la reina se alejara y después de acerco al barandal de piedra. Apoyo sus manos en la caliente superficie y se quedó allí, admirando la vista.




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