La princesa sin reino

Capítulo cuarenta y tres: Planes y destinos

Luana salió tranquilamente del despacho de su esposo, a simple vista la reina se veía tranquila pero lo que sentía estaba lejos de aquella descripción; su corazón latía a gran velocidad, sus manos le temblaban al igual que sus rodillas.

Ella sabía que debía tranquilizarse por lo que se apresuró hasta los jardines de la reina, donde finalmente se sentó en una banca y se rio, se rio con verdadera alegría. Le había alzado la voz a Jasper, le había dicho unas cuantas verdades y no se sentía culpable de haberse expresado y se sentía bien. Fue en ese momento en el que se dio cuenta de todos los comentarios de su familia y los típicos “necesitamos que vuelvas a ser tu”, al fin lo entendía, porque al fin volvía a mostrarse tal cual y se sintió maravilloso.

Alzar la voz, gritar, expresar, todo al mismo tiempo, que sí, todavía le temblaba el cuerpo, pero era un inicio, ya no tenía miedo de las represarías, ya nadie la callaría, nadie le ordenaría que hacer porque ella era la reina y conquistaría Aldruan por su familia y lo más importante lo haría por ella.

Estaba harta que todos pensaran que la podían manipular, no, eso se acabaría a partir de ahora.

 

Las cuatro personas observaron salir a Luana, el despacho de Jasper estaba rodeado de un silencio incomodo hasta que Brandon, amigo íntimo del rey, soltó una carcajada al que Verónica rodo sus ojos por fastidio.

–¿Qué? – pregunto Brandon limpiando una lagrima que salía de su ojo– Estuvo maravillosa.

–Imbécil– murmuro Verónica.

–Por los dioses, no me miren así. – dijo Brandon aun sonriendo– ese era el carácter de que tanto me hablaron de la reina, al fin.

–Esto nos perjudica más–dijo Verónica viendo el semblante del rey, el cual no estaba muy contento. –¿soltaras a la familia de la reina?

La pregunta iba directamente hacia Jasper, el cual se había quedado en silencio ya que no sabía cómo reaccionar; una parte de él se alegraba, su esposa había podido hacerle frente después de casi un año, pero otra parte de él le intimidaba esa faceta nueva de su esposa.

–Espero que reconozcas que te ha humillado– agrego Verónica trayéndolo a la realidad.

–Creo que la reina tiene claro cuál es su papel, Verónica y me temo que dicho papel no lo hemos respetado– dijo Casio por primera vez desde que la reina salió del despacho.

Jasper estaba de acuerdo con Casio, pero no lo admitiría. Aun se sentía ofendido y disgustado por los planes que estaba creando la familia de Luana y ella misma a sus espaldas.

–Llegare a un acuerdo con ella– anuncio Jasper levantándose de su silla.

Jasper salió apresuradamente de su despacho en busca de su esposa, debía hablar con ella pacíficamente, tal vez las acciones que había tomado contra su familia no habían sido las mejores, pero él creía que cualquiera en su lugar hubiese hecho lo mismo o incluso algo peor.

Caminó por los pasillos del palacio y se preguntaba a donde había ido Luana, la primera opción era con su hermana o a las mazmorras, pero Luana no sabía dónde estaban las mazmorras y una idea se le vino a la mente, a su esposa le encantaban los jardines de la reina así que se dirigió directamente hacia el sitio.

Y dicho y hecho, la reina estaba en una banca viendo hacia la nada, parecía tranquila, lo cual relajo a Jasper, pero algo le decía que, una vez liberada la mantícora, ya sería difícil controlarla.

–Si estás aquí es porque ya liberaste a mi familia–dijo Luana sin voltear a verlo.

Había escuchado sus pasos apresurados y si perfume era inconfundible para ella, por lo que rápido supo que no estaba sola en aquellos jardines.

–Piensas mal–dijo Jasper sentándose al lado de ella en la banca de piedra blanca. –estoy aquí para hablar.

–No hablare contigo hasta que sueltes a mi familia– dijo Luana con tranquilidad.

Jasper apretó la mandíbula y volteo a verla, pero su esposa no le devolvió la mirada.

–¿sabes? Me alegra esta… nueva faceta tuya, es la primera vez que te veo actuar y hablar así– dijo Jasper con sinceridad– Pero…

–Lo que va antes de un, pero es una mierda–lo interrumpió Luana.

–Necesito que me entiendas, Luana– dijo Jasper con cierta suplica en su voz que sorprendió a la susodicha– Has traicionado mi confianza junto con tu familia, han estado actuando a mis espaldas, se supone que somos aliados.

Luana volteo a verlo por primera vez, lo miro con seriedad y frialdad, esa cara descoloco a Jasper, jamás lo había visto de esa manera, ni siquiera cuando estaba el rumor de que le había sido infiel lo había visto de aquella manera.

–Tú has hecho lo mismo conmigo– le susurro– Me has alejado de todo el tema de Aldruan, me tienes ignorante ¿a eso no le llamas traición?

Y por primera vez, Jasper se sintió culpable de todas sus decisiones. Todo lo que había hecho y dicho, valían mierda justo en aquel momento.

–Tu siempre tuviste animadversión por esos temas, Lu. – añadió Jasper con cautela– siempre me dijiste que no querías Aldruan, que no querías más guerra, simplemente no pensé que quisieras ser parte de.




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