La princesa sin reino

Capítulo cuarenta y siete: El retorno

La incertidumbre que se vivía en la casa de la familia Sokolov era evidente a leguas, Luke Smith no los conocía, pero reconocía sus caras de preocupación y de duda; dudas sobre la reina Luana y en cierta parte los entendía ya que cuando él la conoció pensó que solo era una jovencita mimada y que solo quería dinero y fiestas. Después de meses de trabajar para la reina Luana se dio cuenta de que no era una simple princesita, sino que en realidad cargaba con muchos traumas, que no buscaba poder sino solo apoyar a su esposo.

Smith esperaba que aquellas personas estiradas le dieran una oportunidad a su princesa para que pudieran volver lo más pronto posible a Roznok y claro con la seguridad de que los rebeldes estaban del mismo lado.

Mientras tanto tenía un reporte que realizar.

Luana ya se había encontrado en su habitación, incluso tenía el pijama puesto, pero algo dentro de ella no la dejaba dormir. Ella culpaba a toda la información que debía procesar; su abuela y sus manipulaciones, la aparición repentina de los amigos de su difunto padre, la incertidumbre, el apoyo aparentemente “ciego” por parte de Lera Zotova y que dicho apoyo coincidía con los futuros planes de su abuela de deshacerse de su esposo y eso no le gustaba ni un poco.

Pasado el tiempo y dándose cuenta de que era inútil intentar conciliar el sueño, decidió levantarse y dar una vuelta por aquella casa, aunque el frio no le hacía mucha gracia, pero esperaba que con una caminata pudiera despejar su mente.

Una vez que se levantó de la cómoda cama, se puso un vestido sencillo y un abrigo grueso para combatir el frio de afuera, por último, se puso unas botas. <<Este no es el mejor outfit que me he puesto>> pensó Luana burlándose de sí misma, después se encogió de hombros, al fin y al cabo, nadie la vería y salió de la habitación.

Caminar por esos pasillos era recordar viejos tiempos; el piso de madera clara, los altos ventanales con márgenes dorados, había detalles que se asemejaban a Roznok pero había otros que simplemente eran tan comunes que le recordaban al palacio de invierno de su familia y a una vida llena de sueños y felicidad.

Pareciera que el simple hecho de estar en Aldruan le provocaba pensar demasiado en su pasado. Fue en ese instante que se dio cuenta de que hacía mucho que no vivía en su pasado, que no renegaba de lo que había pasado y que simplemente quería disfrutar de su presente.

Pero eso no pasaba cuando estaba en Aldruan y solo tal vez, el simple hecho de regresar a sus orígenes provocaba que ella retrocediera en el tiempo y pensara más en lo que pudo haber sido, tal vez estaba retrocediendo y no evolucionando.

Tuvo miedo en ese instante de volver a lo que había sido, de ser retraída, de llorar días y noches por lo que había pasado, de comparar situaciones y personas, de imaginarse en las calles buscando sus rostros en las demás personas, pero sabiendo que ninguna seria Theodosia, Cornelia o sus padres. Claro que tenía a Alex y a Briseida, pero no era lo mismo, ninguno de ellos lo era. 

Luana había estado tan pendiente de sus pensamientos que no se había sado cuenta que estaba a punto de entrar al salón del baile de la propiedad.

–Pareces perdida– La voz profunda la hizo dar un salto en su lugar.

Volteo a ver al hombre de voz, aparentemente desconocida, se trataba de Boris Tano, estaba vestido con su traje sastre color negro que había llevado durante la cena, aunque debía destacar que, aunque sus ropas parecían perfectas su cabello decía todo lo contrario.

–Quizás un poco...Aturdida. –Dijo Luana.

–Una reina no debería sentirse así.

–Cualquier persona se sentiría de la misma manera si estuviera tratando con traidores. – impero Luana con una sonrisa venenosa. –Buenas noches, Lord Tano.

A Boris le temblaron las manos ante lo que dijo la joven, la vio dar media vuelta e intentar volver a su habitación, pero quería demasiado a esa chiquilla como para dejarla ir tan fácilmente sin arreglar su relación.

Anita– hablo Boris con voz suplicante.

Luana se giró al escuchar aquel mote, un mote que no cualquier persona usaba, pero Boris, le había puesto ese sobrenombre. Estaba claro que le tenía cariño al hombre, en parte había sido su guía, pero abandono a su padre y por ende la abandonó a ella.

–No me digas así.

–Anita tenemos que hablar y lo sabes. – dijo el rubio con suplica. –Por favor.

Luana lo miro desde su cabello rubio hasta sus impecables zapatos negros, no había cambiado mucho, le habían salido algunas arrugas y un par de canas, pero ahí estaba frente a ella una persona que había sido muy importante para ella.

–No tenemos nada que hablar mi Lord.

–Todo tiene una explicación y lo único que quiero es hablar contigo.

–Y yo quiero a mi familia conmigo, pero no siempre obtenemos lo que queremos. –dijo con voz entrecortada y seguido de eso dio media vuelta intentando alejarse del hombre.

–Tu padre denegó nuestra ayuda, Luana. – impero el hombre sin querer perder la oportunidad de aclarar las cosas. –Zinov Sokolov, Viktor Belov, Arthur Radcliffe y hasta el mismísimo Lucas Mortensen, tu suegro, quisimos ayudarlo. Incluso Lucas tenía su ejército en la frontera, listo para atacar.




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