La princesa y el guardaespaldas

2. Daphne

2 días antes.

El aire del invierno que se estaba despidiendo a de a poco hacia volar mí cabello, uno de los pocos recuerdos que me quedaban de mamá, eso y mis ojos en forma de almendra con los que batalla cada maquillador debido a mis párpados caídos, yo por mí lado me la pasaba de maravillas, ellos querían obtener beneficios por trabajar con alguien como yo pues que se lo ganasen.

Mientras cabalgaba a Colette me sentía libre como cada vez que me subía a ella y me olvidaba de quién era por un instante.

A lo lejos Edwin apareció con su característico traje negro y su galera a juego.

-Señorita Daphne, su padre la quiere ver en su despacho- me comunicó, adoptando esa pose que usaba cuando se dirige a mi, un brazo detrás de su espalda y el otro sobre su barriga. Como si me debiera algo, cuando en realidad no era asi, la verdad es que la situacion era ridicula, en cualquier caso era yo quien le debia algo a él.

-Que te he dicho de llamarme asi?- me queje, bajandome de mi yegua y atandola a su poste- Me has cambiado los pañales, por el amor de Dios, y si lo que me han contado es cierto participaste de mi primer baño- rei y dedique unos segundos a acariciar a mi fiel compañera- Creo que tienes un tantito de ventaja para minimamente llamarme por mi nombre.

-Usted sabe que tengo prohibido eso.

-Y esas es una de las primeras cosas que cambiaré si es que llego al trono. Habrá respeto, por supuesto pero esa norma estúpida, quedará en el pasado.

-Tienes pensado hacerlo?

Negué.

-No de momento- respondí- Vamos- plante un beso en la frente de mí caballo- Veamos que quiere.

-Charla sobre trato planteado por usted - informo.

-Ya lo se, tontito- le di un toquecito a su sombrero- Solo quería oírlo, no es maravilloso?

Apesar de que la prensa me había dado el mote de la princesa rebelde esta vez no haría uso de ese título que distaba de mí título nobiliario. Tenía una misión y no pararía hasta concretarla.

Mis botas de montar comenzaron a rechinar y a ensuciarse con fango mientras nos desplazabamos hasta el palacio, esas mismas que me regalaron para mí cumpleaños 18 junto a esa estúpida diadema, el último que mamá paso conmigo.rechinando y ensuciandose con el fango.

-Cada vez que la veo quedó más asombrado con sus dotes- hizo una pausa-Ecuestres.

-Gracias, gracias. Quien diría que las largas lecciones con Jusef fueran a servir, no? Sigues determinado a ir a la competencia y muestra de diciembre? - le consulte, ocultando realmente mis emociones.

No era ninguna novedad que debido a los compromisos reales de papá, no podia acompañarme tanto como quisiera. La última media década el único que había estado ahí para mí había sido Edwin. Había asistido a cada recital de ballet, a cada competencia de deletreo o concierto de piano . Sin importar que, él había estado siempre en la primera fila, con su semblante serio y esa llama en sus pupilas que dejaba que una minoría apreciara.

-A ella le encantaría estar ahí, está al corriente eso, no se si hace falta que lo diga.

-Lo se, no te parece increíble que hayan pasado ya cinco años? Cuando pensábamos que el tiempo volaría tan fugazmente?En ese entonces daba la sensación de que las semanas no pasaban más, su ausencia era notoria- suspire- Sin embargo superamos, lo que no significa que no la heche de menos.

-Ciertamente su presencia se extraña aquí, ya no hay nadie que canturre por los pasillos y a pesar de que Tim se empeña, no es capaz de cuidar de las rosas como ella.

-Prometeme que cuando no esté irás a llevarle un ramo en su aniversario. Rosas, rojas y ama…

-Amarillas. Lo haré, no se haga problema.

-Gracias-le di una palmadita en el hombro- Es bueno contar contigo. No sé a qué espera papá para darte un aumento- masculle-Cuando yo esté a cargo daré de baja muchos decretos, revelare secretos y luchare con uñas y dientes para que cada miembro de nuestra sociedad sea reconocido en su trabajo y tengan una jugosa remuneración por este, empezando por los de aquí.Obvio si es que algún día lo hago, aunque conociendo al rey está rogando que falle estrepitosamente en mí meta,que me caiga a mitad de camino y venga suplicando por su perdón. No es raro que tenga una capa y una corona decorada con rubíes y esmeraldas, aguardando con ansias ser usadas en mí coronacion- saque mí lengua.

-Sobre eso… Lo he notado muy nervioso cuando he pasado por su oficina. Iba caminando de un lado al otro, sin cesar.Casi como si …

-Como si pudiese cavar un pozo en el piso?

-Exactamente.

-Perfecto. Eso es poesía para mis oidos- exclame- Entre nosotros, no me interesa en que estado este. Estoy rogando que llegue la mañana en la que pueda despertar en un sitio nuevo, donde no me conozcan o donde al menos no lo tenga respirando en mí nuca y haber dejado esye estilo atras- comenté a la vez que nos acercábamos a nuestro destino final- Solo así podré decirle adiós a los vestidos, a los guantes ajustados que lastiman mis brazos, a esos asquerosos polvos que colocan en mí rostro para que luzca más pálido, las lecciones de piano, baile, de ceremonial y protocolo. Me sentiré auténticamente liberada cuando ya no tenga que usar esas horrorosas pelucas. Estamos en el siglo XXI, porque no podemos erradicar esa molesta costumbre? - hice una tilde en el aire- Agrégalo a la lista de cosas que eliminaré.

Edwin se limito a asentir, y acto seguido llamo a la puerta.

-Adelante- contesto la voz ronca de papá. Esa misma con la cual se dirigía al pueblo que lo había escogido… Bueno, a él y a su familia. Él había llegado allí por cuestiones genéticas y biológicas, siguiendo una línea sucesoria, la cual establecía que yo era la siguiente.

-Buenas, padre. Cómo te trata el sol hoy?- inquirí, siendo sarcástica porque como era costumbre las enormes y pesadas cortinas, detrás de las que me escondía al jugar a las escondidas con mamá, permanecían cerradas.




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