La Prisionera

CAPÍTULO 7: HERIDAS Y VERDADES

El regreso al Bastión de las Sombras fue una mancha borrosa de cascos golpeando piedra, gritos de guardias y puertas cerrándose con estruendo. Kaelen no se detuvo en el patio principal. No hubo discursos para la corte, ni desfiles de victoria. Entró a caballo casi hasta las puertas de la Torre del Homenaje, desmontó con una fluidez que ocultaba el dolor y, sin soltar la mano de Lyra, la arrastró hacia el interior.

—¡Aseguren el perímetro! —ladró Kaelen al Capitán de la Guardia, un hombre de rostro marcado llamado Thorne—. Nadie entra ni sale del ala este. Si veo a un solo sirviente de Valdrin cerca de mis aposentos, quiero su cabeza en una pica antes de que toque el suelo.

Thorne golpeó su pecho con el puño. —Sí, mi General.

Kaelen no esperó más. Guió a Lyra por las escaleras de caracol, subiendo dos escalones a la vez. Su agarre era firme, pero Lyra notaba el temblor imperceptible en sus dedos. La adrenalina se estaba desvaneciendo, y el precio de la magia y el hierro estaba empezando a cobrarse su deuda.

Llegaron a sus aposentos privados. Kaelen cerró la pesada puerta de roble y echó el cerrojo mágico con un gesto de su mano sana. Solo entonces se permitió derrumbarse.

No cayó al suelo, porque Kaelen Varr no caía, pero se apoyó pesadamente contra la puerta cerrada, soltando el aire en un silbido doloroso. Su rostro, habitualmente pálido, estaba ahora de un color gris ceniza. El sudor le pegaba el cabello negro a la frente y sus ojos estaban vidriosos.

—Kaelen —Lyra se acercó a él, olvidando por un momento que era el tirano que había conquistado su ciudad. En ese momento, solo era un hombre herido—. El Hierro Frío... tienes que dejarme ver la herida.

Él negó con la cabeza, intentando enderezarse. —Estoy bien. Solo necesito... un momento. El hierro interfiere con la regeneración de las Sombras. Pasará.

—No pasará si el metal sigue dentro o si la herida se infecta con la magia del norte —insistió Lyra. Le puso una mano en el pecho para detenerlo cuando intentó caminar hacia el mueble de licores—. Si te desmayas ahora y los sirvientes te encuentran, tu reputación de invencible se acabará. Y entonces Valdrin atacará de verdad.

Kaelen la miró. A pesar del dolor, hubo un destello de diversión en sus ojos. —¿Te preocupa mi reputación, Princesa?

—Me preocupa mi supervivencia —corrigió ella—. Si tú caes, yo soy la siguiente. Siéntate.

Señaló el borde de la cama. Para su sorpresa, Kaelen no discutió. Caminó con rigidez y se sentó, dejando caer la cabeza entre las manos. Lyra se movió rápidamente. Su instinto de supervivencia había cambiado de "huir" a "gestionar la crisis". Fue al baño contiguo y regresó con un cuenco de agua caliente, paños limpios, unas pinzas de plata y una botella de alcohol fuerte que encontró en la mesa.

Se arrodilló entre las piernas de él. —Tengo que quitarte la armadura.

Kaelen levantó la vista. —Si querías desnudarme, solo tenías que pedirlo. No hacía falta que esperaras a que me dispararan.

—Cállate —murmuró Lyra, aunque sintió que las mejillas se le calentaban. Empezó a desabrochar las correas de cuero de su peto. Sus manos, aún vendadas y torpes, lucharon con las hebillas.

Kaelen suspiró y, con impaciencia, usó su mano sana para ayudarla, quitándose las protecciones con movimientos bruscos. La cota de malla cayó al suelo con un tintineo metálico pesado. Luego, la camisa de lino empapada en sangre.

Cuando la tela se separó de la piel, Lyra contuvo una exclamación. La herida en su hombro era fea. Un agujero circular donde el virote había impactado, pero lo preocupante no era la sangre. Era la infección mágica. Venas negras, como raíces podridas, se extendían desde el centro de la herida, trepando por su cuello y bajando hacia su pectoral. La piel alrededor estaba helada al tacto, irradiando un frío antinatural que contrastaba con la fiebre que emanaba del resto de su cuerpo.

—Está necrosando el tejido —susurró Lyra, horrorizada—. El Hierro Frío está rechazando tu magia. Tu cuerpo está luchando contra sí mismo.

—Es veneno para los Oscuros —gruñó Kaelen, apretando los dientes cuando Lyra limpió la sangre seca con el paño húmedo—. Bloquea el flujo del Umbra. Es como intentar respirar con una bolsa de plástico en la cabeza, pero en mis venas.

—Tengo que limpiar el rastro del metal —dijo Lyra. Tomó la botella de alcohol—. Esto va a doler.

—Hazlo.

Lyra vertió el alcohol sobre la herida abierta. Kaelen echó la cabeza hacia atrás y soltó un rugido ahogado, los tendones de su cuello marcándose como cuerdas de acero. Sus manos se aferraron a las sábanas de seda, arrugándolas hasta casi rasgarlas. Pero no se apartó.

Lyra trabajó rápido, limpiando la zona con eficiencia clínica. Podía sentir el poder bruto que emanaba de él, una tormenta contenida bajo la piel. Estaba tan cerca que podía contar las cicatrices en su torso. Eran muchas. Cortes de espada, quemaduras, marcas de latigazos... El cuerpo de Kaelen era un mapa de violencia. No había nacido siendo general; había sido forjado a golpes.

—¿Por qué no usas tu magia para expulsarlo? —preguntó ella, secando el borde de la herida.

—Porque si uso magia ahora, el hierro la atraerá y la hará explotar dentro de mi hombro —explicó él con voz ronca, recuperando el aliento—. Tengo que sanar como un mortal. Lento y doloroso.

Lyra miró las venas negras. Se estaban extendiendo. —No tienes tiempo para sanar como un mortal. Valdrin sabrá que te dio. Estará esperando una señal de debilidad mañana por la mañana.

Lyra dudó un momento. Miró sus propias manos vendadas, sintiendo el zumbido residual de la Luz bajo su piel. —Tal vez... tal vez pueda ayudar.

Kaelen abrió un ojo, mirándola con desconfianza. —Tu Luz y mi herida infectada de oscuridad. ¿Quieres volarme el brazo?

—No —dijo ella, sintiéndose extrañamente segura—. El Hierro Frío es del norte, es elemental. Hielo y metal. Mi Luz es calor. Es energía pura. No voy a curar tu oscuridad, Kaelen. Voy a quemar la infección del hierro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.