La Profecía de la Luna Negra

Capítulo 1: "La Masacre"

𝐇oy era 6 de Marzo, mi cumpleaños. Aunque nadie en el orfanato se acordaba, claro. Todos los niños jugaban a la mancha, a las escondidos, las traes, las cuidadoras corrían detrás de ellos, fijándose de que no se lastimen ni creen problemas. Y yo encerrada en mi habitación, mirando por la ventana mientras mi única amiga, Leticia, que era una cuidadora del lugar, hablaba a mi lado.

—Vamos, ¿en serio no quieres un pastel? Podría pedirle a la cocinera que te haga uno rápido y sin chocolate. Con mucha vainilla. —decía la mujer rubia a mi lado. A veces era un poco insoportable, hablaba mucho, pero en el fondo de mi corazón la apreciaba por ser la única de este lugar que trataba de ser amable conmigo.

—Estoy bien, Leti. Gracias... Además, ¿para qué gastar en un pastel? Ningún niño lo comerá, ni me cantarán feliz cumpleaños. Es tonto... —contesté yo mientras abrazaba mis piernas y seguía viendo a los niños jugar desde mi lugar en la ventana. Se veían tan felices. A veces me daban ganas de tomar un balde lleno de agua sucia y tirarselos a todos... Pero era una niña de ocho años, no tenía fuerza suficiente... Y tampoco me dejarían hacerlo.

𝐋eticia se quedó mirándome, casi como si quisiera cambiar mi opinión sólo con su mirada marrón. La podía sentir aunque no la mirara. Tengo una clase de sentido arácnido, o eso decía yo.
Leti se dió por vencido al ver que yo no me inmutaba.

—Está bien... Pero mi oferta estará abierta para ti hasta... Las próximas 24 horas. —decía Leti, quién me dió un beso en la frente antes de irse de mi habitación, dejándome sola con mis pensamientos.

𝐏asé el día así, encerrada, jugando sola con mi peluche, Fitu, y contando cuantas grietas tenía la pared blanca de mi habitación. Nada productivo. Igual que todos los días. Simplemente nada sospechoso o fuera de lo común.
Estuve tranquila toda la tarde hasta que comencé a escuchar voces acercarse a mi habitación. Me puse un poco tensa al reconocerla, porque, Dios, ¿cómo olvidar esa insoportable voz?

—Bueno, niñas, es mejor que se tapen las narices antes de entrar, no queremos morir de un infarto por la peste de este zombie, ¿no? —se escuchaba la chillona voz de Nicole mientras entraba a la habitación, justo detrás de ellas sus otras dos amigas: Daniela y Marissa.

—¿Qué se supone que buscan aquí? —pregunté yo de manera fría, frunciendoles el ceño con desagrado y confusión.

—¿No podemos ver a nuestro payaso de circo? Además, esta no es solo tú habitación. Es la de todas las niñas del orfanato.

—Aunque tiene un poco de razón. Es más de ella que de nosotras. Como siempre se la pasa encerrada porque nadie soporta su mal olor. —se burló Marissa, seguido de las risas de Nicole y Daniela.

𝐘o simplemente me encogí de hombros y bajé un poco la cabeza. Mi aspecto no era de lo más lindo, por así decirlo. Siempre traía ojeras porque no dormía bien por las noches, tenía mi cabello marrón siempre todo enmarañado. Parecía que nunca me pasé un peine en mi vida. Que era algo verdad.

—Ya, en serio. ¿Cuántas veces te bañas en la semana? —agregó Nicole, aunque casi no se escuchaba por las carcajadas de las otras dos.

—Todos los días... —contesté yo sin levantar mucho la voz, simplemente mirándolas con ganas de inyectarles sarna de perros.

𝐏or suerte no pasó mucho antes de que se aburrieran y se vayan afuera con los demás niños, dejándome a mí con una bronca enorme. Tenía ganas de romper todo. De desordenar sus camas y romper todas sus muñecas, pero sabía que si lo hacía tendría que recompensarlo dándoles mis muñecos y, de paso, ayudar a la cocinera a entregar los platos a los niños. Que injusto.

𝘖𝘥𝘪𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳. 𝘓𝘰 𝘰𝘥𝘪𝘰

𝐀l otro día, me desperté tarde con los gritos de la señora de limpieza para que me levantara a almorzar, como todos los días. Mi rutina diaria.
Me levanté y fuí directo al comedor. Ni siquiera me di la molestia de ir al baño, cepillarme los dientes, ni de peinarme el cabello. Simplemente con mis rizos naturales por todas partes. Parecía un nido de pájaros, pero no me importó.

𝐀l llegar al comedor, nadie se giró a verme. Todos ya estaban acostumbrados a que llegue treinta minutos tarde al almuerzo. Caminé con paso perezoso al mostrador, tomé la bandeja con mi comida y le dí las gracias a Neli, la cocinera, y me fui a sentar a mi mesa solitaria habitual. Allí comí tranquila, sin apurarme ni levantar la vista del plato, moviendo mi cabello desmarañado cuando caía sobre mi comida o mi cara.

—Parece que tu cabello come más que tú. Que vergüenza. —escuché la voz de Nicole detrás mío, pero simplemente la ignoré. Estaba esperanzada de que se iría, pero no.

𝐄n su lugar, se movió a mi lado y tomó mi bandeja, inspeccionando mi comida con una sonrisa socarrona. Yo simplemente me quedé ahí, mirando al frente con el ceño fruncido de molestia.

—¿A qué sabrá este jugo? —decía Nicole mientras tomaba un sorbo de mi caja de jugo antes de escupirlo sobre mi cabeza.— ¡Puaj! ¡Esto sabe horrible! No me sorprende que te guste. Todo de ti es horrible.

𝐘o respiré hondo, pero no respondí. Me mordía el labio para no saltar sobre ella y romperle la cara. Sentía la mirada de todos en el comedor. Unos cuántos reían, otros miraban expectantes, y otros simplemente ignoraban. 𝘛𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘪𝘯𝘴𝘦𝘯𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦𝘴. Ninguno se atrevió a interrumpir o a siquiera decirle algo a Nicole. Ni siquiera las cuidadoras se metían, simplemente veían, como si una niña caprichosa fuera una gran amenaza para todos en el orfanato.

—¿Qué? ¿No puedes defenderte? —se burló Nicole de forma altanera, con su estúpida sonrisa de lado. 𝘓𝘢 𝘰𝘥𝘪𝘰

—Seguro tiene hambre... —se metió Daniela de la nada, con su sonrisa de niña buena mientras apuntaba hacia mi bandeja de comida que Nicole todavía sostenía.

𝐍icole simplemente le devolvió la sonrisa, captando lo que Daniela quería decir. Se volvió hacia mí, mirándome con sus ojos traviesis habituales.

—Oh, claro. ¿Tienes hambre? —dijo Nicole, colocando mi bandeja en el lugar en donde estaba antes, frente mío antes de que con su otra mano empujara mi cabeza hacia el plato, embarrando mi rostro de puré de zanahoria y mayonesa.— Buen provecho.



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En el texto hay: fantasia, comedia, aventura

Editado: 01.06.2026

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