Lesley.
En varias ocasiones imaginé este día, pero nunca pensé que sería de esta forma.
—¿Perdón? —preguntó por segunda vez mi hermano.
Conozco tan bien el alma de este niño y sé que piensa que es una broma.
Ojalá fuera así.
Su rostro, iluminado por las tenues luces de las llamas del candelabro y las antorchas alrededor, me permite notar que su sonrisa había desaparecido ante la pregunta.
Tal vez mi papá no lo note, pero Lito tomará muy mal esto, y con lo que ha pasado en el día de hoy, ya temo hacerlo enojar.
—Te lo vuelvo a decir, niño, eres el destinado —repitió mi papá.
Una risa amarga se extiende por su fino rostro, pasando sus manos —quiero imaginar que sudorosas— entre su abdomen tapado con una camisa para dormir.
—De todas las estúpidas bromas que me han dicho en mi vida, esta es la más tonta que he escuchado.
Lo sabía, piensa que esto no es en serio.
Sus ojos pasan por el rostro de mi padre, buscando alguna prueba de que está mintiendo; luego pasan por mí, haciendo lo mismo.
Agradezco pasar todo el tiempo que puedo a su lado; lo conozco mejor que él mismo y eso le cuesta aceptarlo, porque desvió la mirada cuando la cruzamos.
—¿Por qué piensas que es una broma?
—Porque lo es, señor padre —dice con tono serio, molesto—. Si yo fuera aquel destinado, tendría un aspecto fuerte y valiente como en las pinturas; yo soy cobarde. Debería manejar todo tipo de armas y sería conocedor de magia; ni siquiera sé manejar la mía. El Salvador cree en Inturi, yo soy naure.
Puede que tenga un buen acondicionamiento, pero también tengo límites. Así que me siento en el sillón cerca de la cama de Harley, al mismo tiempo que él hace una pausa antes de seguir opinando su “no” destino.
—Si yo fuera el elegido, mis acciones deberían ayudar al pueblo —mira a la ventana—. No lo perjudicarían aún más.
Mi pequeño niño, el verte así, incluso mi armadura más impenetrable se ablandaría.
—Lito… —Intento decir algo para calmar ese corazón dañado, pero el nudo inunda toda mi voz y no permite soltar una palabra.
Él me ignora y suspira; sus ojos viajan hacia abajo. Noto cómo sus labios se retuercen. Lo que menos quería que pasara, va a llorar.
Y mi Haru solamente llora cuando el estrés llega a dominarlo.
¿Cómo le diremos que su destino será mucho más estresante de lo que puede sufrir un ser?
—Harley, no llores —dice mi Aarón al ver una pequeña gota cayendo por su mejilla, acariciando su cabeza.
Pongo mis manos abajo del sofá para alzarlo con fuerza y acercarlo, lo que me permite estar más cerca de Haru. Cuando ya está a punto de chocar con la cama, bajo el asiento, acomodándolo. Me sacudo las manos con mi vestido para luego acariciar su pulgar derecho.
Costumbre que ambos construimos, acariciarnos el pulgar.
Pasó poco tiempo para que un llanto silencioso saliera de su dañado espíritu. Recargando su cabeza sobre el pecho de nuestro padre, intenta cubrir su rostro para que no lo veamos así de vulnerable, mientras que bapa lo rodea en un protector abrazo.
Ante una imagen tan conmovedora para mi alma pecadora, me limpio las lágrimas traicioneras. Es extraño ver a Harley y a bapa de esta forma, ya que en la mayoría del tiempo están en desacuerdo.
—Son crueles conmigo —reitera Haru no sé cuántas veces.
Ni mi padre ni yo somos capaces de contestarle porque, de alguna forma, tiene razón. Somos crueles, y mucho más de lo que Haru sabe.
Solo espero que, cuando se entere de todo lo que hicimos, yo esté muerta. Ya que no podré soportar verlo decepcionado de mí.
—¿Por qué se mienten? —¿Por qué me mienten? —pregunta con la voz más quebrada, lo cual provoca que yo también empiece a sollozar.
Aarón evita llorar, lo cual es normal; no obstante, se aferra más a Harley. Como si se le fuera a escapar. Además, soy capaz de notar que, en su mirada, tiene miedo. Miedo a lo que puede pasar.
Me sequé el llanto, ya que, por más que duela, uno de nosotros tiene que volver al mundo real, y él exige que saquemos a Harley de la casa para que los magos lo golpeen hasta matarlo por causar un desastre en la mañana.
Y si nadie los controla en este instante, nadie lo hará. Pero primero, tenemos que aclarar la mente confundida de Haru.
Me levanto del sillón y camino hacia uno de los muebles de Harley para agarrar un poco de rollo. Al ya tenerlo en la mano, me paso un poco por la nariz para evitar alguna mucosidad. Ya listo, lo tiro en el cesto de basura de al lado y, finalmente, agarro todo el papel, yendo hacia mis familiares.
—Ten. —Le extiendo el rollo a mi hermano, el cual me observa con esos cristales tan expresivos y preciosos, llenos de lágrimas.
Asiente y, con un movimiento sutil, tembloroso, acepta el rollo agarrando un poco; más tarde, se limpia las lágrimas y el escurrimiento nasal. Sin dejar de ser abrazado por papá.