En la penumbra del yugo, los esclavos se observan en silencio y descubren que la agonía que los consume es el mismo río que recorre entre sus venas, entre sus vidas.
—Si un joven tuvo la valentía de matar a nuestros compañeros, poniendo en riesgo a su pueblo y a él mismo, ¿podría ser una advertencia de que el destinado existe? —cuestiona Bran, caminando en un pasillo abandonado del castillo, al lado de la reina.
—No lo dudo, Sir Bran —contesta su majestad con voz neutra—. Es probable que incluso sea él quien “salve” al mundo entero, pero si eso pasa, ¿crees que no buscarán venganza?
Siguió su andar con pasos firmes, como si no tuviera esta preocupación. No obtuvo respuesta del segundo, pero tampoco necesitaba una para saber qué pensaba el otro.
—Lo que menos deseo es que el reino que hemos construido después de tanta guerra termine hecho cenizas —opina Renatta, dejando que su voz se escuche vulnerable.
—Es mejor para todos que aquel muchacho sea asesinado antes de que los magos lo consideren como el profeta —intenta consolar el conde.
—Así será.
Después de ello, el silencio reinó durante toda la caminata hasta llegar a una puerta hecha de madera, que caía poco a poco. Ambas almas detuvieron su caminar, quedando enfrente del marco. Fue el condestable quien avanzó un poco para abrir la puerta, dejando que el rechinido de esta misma cause irritación ante cualquiera que estuviese cerca.
—Después de usted, señora mía —dice el hombre, posando su puño derecho en su pecho e inclinándose con ligereza hacia adelante, una reverencia.
Renatta se limita a observarle lo que le espera al pasar la puerta, un pasadizo lleno de escaleras en espiral siendo alumbrado por antorchas.
—Sin embargo, podremos combatir fuego con fuego —una sonrisa se esboza en su rostro—. Y si nuestro pueblo cae, ellos también; ellos también lo harán.
Bran asintió ante lo dicho, como si estuviera de acuerdo con ello; su majestad alzó su vestido blanco y fue hacia las escaleras, bajando una por una, siendo seguida por su compañero, quien maldecía los infinitos escalones.