Kimmy.
—¡Sueltenlo!
Fue lo que pude identificar ante el caos que yo había armado.
Me oculto en la construcción de la tienda de “dulces”, aunque no tenga nada de eso, y llego a asomarme para poder observar al proveniente de aquella voz.
Su cabello es demasiado largo y bonito; desearía peinarlo.
No obstante, tuve que dejar de ver su fascinante cabello para recordarme que mi hermano está siendo golpeado por esas cosas verdes con dientes de vampiro. Parece que le duelen; esos golpes le estaban rompiendo los huesitos.
Pobre hermano mío, lo asesinarán por mi culpa.
No quiero que muera.
Mi mano golpea la pared de piedra; quiero ir a ayudar a mi hermanito, tal vez pueda hacer algo.
No te preocupes, osote, super Kimmy irá al rescate.
Apenas iba a dar el paso cuando noté que él se durmió, ¿acaso ya dejó de respirar? No lo sé, quiero pensar que no.
No tengo mucho tiempo; Super Kimmy debe actuar ya.
—¡Detente ya! —gritó el chico de cabello bonito mientras me acercaba a ellos.
Intenté esquivar a las personas que evitaban que pasase; algunos llegaban a pisar mis piececitos, pero eso no me importa, solo quiero ayudar al chico y a mi hermanito.
Me pregunto: ¿por qué no pueden ayudarse unos a otros en situaciones así?, ¿qué se necesita?, ¿qué falta?
¿Acaso esperan que el elegido arregle todo él solo?
Esa ya es su elección, pero por eso estamos como estamos; en mi caso, no deseo que una personita se encargue de todo el mal del mundo sin ayuda. Nosotros también debemos aportar en el destino prometido. Como bien me decía mi osote todas las noches.
—¡Déjenme pasar, por favor! —pedí al intentar no empujar a los magos para que dejaran ir a ayudar.
Sin embargo, se escuchó un golpe seco, tomando como consecuencia que todos se detuvieran, así que aproveché para salir de ese nido de gente, quedándome enfrente de todos. Y así pude observar cómo uno de esos monstruos feos estaba tumbado en el piso, con un charco de… no tengo idea de lo que sea ese líquido verde de mala vista.
Daba miedo; mi corazón puede sentirlo
Enseguida el ogro que poseía el martillo fue a atacar a su compañero feo y… pum, destrozó su cabecita.
Eso es demasiado para mí y para mis ojitos que, por lo que están viendo, quieren desahogarse.
—¡Lo mató! —escuché desde lejos a una mujer—. ¡Ese joven lo hizo!
Al oírlo, mis ojitos pasaron por el cuerpo estático del muchacho. ¿Por qué no se mueve?
¿Tendrá razón la señora? ¿Y si me acerco para averiguarlo, me dañará a mí también?
Espero que él no sea malo, porque intentó ayudar a mi hermanito; no obstante, ¿por qué no detiene al monstruo de dientes horribles? ¿Sabrá que si se acerca, el ogro lo matará?
Es que no tiene sentido que esa cosota verde ataque a sus compañeros, excepto al muchacho. Osote me ayudaría a entenderlo.
—¿¡Acaso no vio nada, señora?! —gritó el hombre de al lado—. ¡Intento defender a ese pobre chico!
Mi hermano del alma, que está pagando un error mío.
—¡Pues yo no observé que lo hiciera! ¡Solamente está ahí parado sin hacer nada mientras que el ogro está…! —volteó a ver a la mujer, quien miraba al cadáver del ogro siendo despedazado y traga saliva.
Cosquillas juguetean a lo largo de mi espalda que es imposible ignorarlas; debería salir de aquí y dejar de escuchar esto, presenciar todo.
Dejar a mi hermano.
Lo lamento, Osote, Super Kimmy no es tan valiente como tú y yo pensábamos.
Tapé mis oídos con mis manitas para ya no seguir escuchando las peleas de los magos adultos; en vez de ir a ayudar al joven que está allí con alto riesgo de salir lastimado, deciden juzgarlo. El destinado no haría eso, yo no haría eso. Lo pude haber ayudado; sin embargo, ¿qué puedo hacer, demostrar que no tengo las mismas habilidades que todos los magos y que, por eso, ellos mismos me hagan algo porque soy un peligro para el pueblo y que castiguen a mis hermanos por ocultarlo todo este tiempo?
No quiero ni pensar lo que pasaría si me arriesgase a hacer algo así.
Giré un poco para salir de esta situación tan desagradable cuando una mano grande agarró mi brazo derecho con fuerza y me jaló hacia atrás, haciendo que casi me cayera.
—¡Ay, oiga! —grité apenas me soltó y esa misma mano me tapó mi boquita.
¿Acaso los problemas no tienen fin?
Intenté morder la mano hasta que esta persona extraña detrás de mí habló:
—Tranquilízate, chamaca, soy yo. —Pude distinguir esa voz apagada y solté el pequeño trozo de piel que estaba a punto de mordisquear.
Mi corazoncito volvió a respirar con normalidad cuando me soltó y me agarró de la mano para alejarme del enorme círculo de magos.
—¿Estás bien? —fue lo primero que me dijo al ya estar distanciadas de todo.