Runo hundió la camisa de Kara en un cubo lleno de agua. La sumergió varias veces y la frotó con ahínco, hasta que estiró la parte más sucia sobre una tabla de madera. Estaba en la orilla del río, en la zona donde los que tenían menos recursos lavaban cada tarde la ropa. Su familia tenía una lavadora y una secadora en casa, pero Runo no quería tratar la camisa de Kara como cualquier otro de sus trapos sucios. Tomó una pastilla de jabón que guardaba para ocasiones especiales, una con el aroma suave de flores de clarista, y empezó a frotar contra la tela. Le costaría lavar el aceite pringoso de pescado, pero se dijo a sí mismo que valdría la pena.
El primer rayo de sol alcanzó sus ojos y lo deslumbró momentáneamente. Levantó la mirada en dirección al puente del pueblo. Era muy temprano por la mañana, tal vez las seis y media. Aquel silencio y aquella quietud formaban un momento de paz que Runo consideraba muy suyo. Se preguntó si Kara ya se habría despertado y, por un instante, se imaginó un futuro ideal donde pudiera despertar cada día a su lado en la misma cama, lejos de ese barrio apestoso. Oliendo el dulce aroma que desprendía su cabello.
Se acercó la camisa cubierta de jabón a la nariz. «¿Le gustará, la clarista?», pensó, se ruborizó y siguió rascando la suciedad».
Mientras tanto, en la parte alta del pueblo, Verksnov llamaba a la puerta de la habitación de su hermana mayor, que estaba cerrada con pestillo.
—¿Kara? ¿Estás bien?
—¡Sí, sí! ¡Me estoy cambiando! —respondió ella desde el otro lado de la puerta.
—Es que me ha parecido escuchar un perro dentro de casa…
Kara estaba sentada al otro lado de la puerta con la espalda apoyada contra la misma, y tenía agarrado a Toby, el perro del vecino, usando ambas manos para apretarle el morro y que no hiciera ningún ruido.
—¡E-estaba viendo un vídeo en el móvil! ¡No pasa nada, era de un perro, que… que hacía cosas…! ¡Como ir en monopatín! ¡O resbalando por el hielo, y ese tipo de cosas! Como un vídeo gracioso de gatos, pero… ¿Con perros?
—Ah… bueno, vale. Por cierto, hoy hago yo el desayuno. Tómate tu tiempo para bajar, lunática. ¡Y felicidades!
—¡Vale! ¡Q-quiero decir, gracias! ¡Gracias, Verks!
El perro y Kara guardaron silencio mirándose el uno al otro. Verksnov, después de esperar un momento, se fue andando escaleras abajo en dirección a la cocina.
—¿Ya puedo hablar? —dijo el perro.
—¡No!
—Bueno, igual lo hago. Además, para tu información, no sirve de nada que me aprietes el morro; me comunico telepáticamente y solo me oye quien quiero que me oiga. Así no hay ningún problema, ¿no?
—¡Sí, sí lo hay! ¡Los perros NO pueden hablar!
—Claro, chica, ya lo sé, por eso no intento usar sus cuerdas vocales.
—¡No! ¡No, no, no! ¡La cuestión es que no deberías poder comunicarte conmigo de ninguna manera más que moviendo el rabo y ladrando, Toby! ¡Ay, madre mía! ¿¡Pero qué hago hablando con un perro!? ¿Sigo soñando?
—No soy un perro, soy un oren que ha poseído temporalmente el cuerpo de este perro. He pensado que así no gritarías cuando me vieras, como la primera vez.
—¿¡La primera ve-!? Espera, ¿qué eres un qué? —Kara lo soltó y Toby sacudió el cuerpo.
—Oren. O-R-E-N. Es lo que suele conocerse coloquialmente por «alma». Resulta que me dieron la habilidad de poseer cuerpos físicos de seres con poco nivel de consciencia, aunque la primera vez que intenté hablar contigo, poseyendo a un adorable ratón, no reaccionaste como esperaba.
—Ay… oh, no…
—Sé que te va a costar asimilar todo esto, pero… ¿Estás bien? Se te ve pálida.
—Es que me ha costado mucho arreglarme y prepararme, Toby…
—¿Y qué con eso?
—Que cuando despierte tendré que repetirlo todo otra vez.
—Kara, esto no es un sueño. Cuanto antes lo aceptes, antes podremos…
Kara puso un pie sobre el marco de la ventana.
—¿Si me tiro por la ventana despertaré?
—¿Qué? ¡Espera, no!
Tuvo que correr para morderle el uniforme y detenerla, anque ella aseguró que en realidad no iba a saltar, que no estaba loca.
El perro le indicó que se sentara en el borde de la cama y, a su vez, se sentó en el suelo frente a ella. La adolescente se sentía inmersa en una situación ridícula y tenía esbozada una sonrisa bobalicona.
—Vale, bien. Volvamos a empezar. Mi nombre no es Toby, es Jackeline. O, al menos, lo era en mi anterior vida.
—¿Y se reencarnó en Toby, el perrito de la señora Perial? Qué destino más horrible el de usted, toda una vida de pienso rancio para comer…
—Déjame hablar. Verás, resulta que he sido mandado por los espíritus maestros, los encargados de preservar los ciclos eternos que habitan en las dimensiones superiores de la realidad, para ayudarte en una importante misión. Por cierto, feliz cumpleaños.
—Gracias.
—En realidad esta no es mi verdadera forma, pero he pensado que si aparezco como un oren, que para tu información y para que no te asustes cuando me veas en esa forma, se trata de un ser alargado de formas geométricas que brilla con luz propia…
—¡Ah! ¡Entonces usted es el gusano de triángulos volador que me habla en mi sueño!
—No me llames gusano, por favor, soy un ser superior de la realidad…
—Oh, vale, perdón. ¿Entonces, qué es lo que quiere de mí, señor?
—Soy algo así como tu espíritu guía.
—Entiendo… Qué guay. Pues, dígame, ¿debería centrarme en estudiar más para Historia Política Internacional, o Historia de los reinados oestempurianos? ¿Cuál saldrá en el próximo examen?
—No doy ese tipo de guía…
—Jolín. Oye, pero ahora que lo pienso, ¿ha dicho que se llama usted Jackeline? ¿No es nombre de chica? ¿Por qué tiene voz de chico?
—¿Qué? Y yo qué sé.
—¿No era usted un ser superior? ¡Debería saber por lo menos eso!
—Una cosa es ser un ser superior, y otra es saberlo absolutamente todo. Pero bueno, puedo suponer que esta es la voz original de mi oren, y por eso la tengo. A mí me suena muy bien. Igualmente, eso no tiene importancia ahora mismo…
#1159 en Fantasía
#548 en Thriller
#248 en Misterio
magia y misterio en mundo moderno, madre esclavizada, adolescente con poderes musicales
Editado: 20.04.2026