El teatro entero esperaba, expectante, su gran actuación.
Eran las 10:20 p.m. de la noche del día 13 de meiyu. De nuevo, Kara estaba en lo alto del escenario. Un solo foco la iluminaba desde arriba. Ella dedicó unos segundos a respirar hondo y calmarse.
De repente, entre el público, hubo ciertos personajes destacados que se levantaron, todos encapuchados, como el hombre y la mujer de su última pesadilla. No veía sus ojos ni sus caras, pero sabía que todos la miraban. Todos levantaron antorchas encendidas apuntando en su dirección, en señal de desafío.
Kara intentó empezar a tocar, pero cuando bajó la mirada sintió una oleada de pánico apoderarse de ella. Su guitarra no estaba. Levantó la mano con un gesto firme, intentando detenerlos, pero ellos soltaron las antorchas. Cuando estas tocaron el suelo, extendieron en un solo parpadeo un verdadero infierno de llamas y gritos. Jack apareció flotando y llamándola por su nombre, pero una llamarada lo consumió de un bocado. Todas las personas empezaron a luchar entre ellas para salir del teatro. Otras luchaban desde fuera para entrar.
La música, sin su única arma para enfrentarse a esa situación, cayó de rodillas y se quedó inmóvil. Esta vez no lo había podido ni intentar. El fuego empezó a llegar hasta ella, y poco antes de hacerlo, alguien subió al escenario. Era Eccho. Saltó en su dirección con expresión de angustia. Ella extendió las manos para recibirla, pero, antes de llegar a tocarse, las llamas se las tragaron a ambas.
23 de prilia, año 658 d. O.
4:00 p.m.
Kara pegó un grito y Eccho, a su lado, reaccionó del mismo modo. La cucharita que sostenía la pequeña se le escapó de la mano y cayó al suelo tras rebotar una sola vez sobre la mesa.
—¡Qué pasa! —Eccho miró a Kara, pero ambas parecían igual de confundidas. Alargó la mano para recoger su cucharita—. Jolín, me has asustado, Kara. ¿Has tenido una pesadilla?
—Joder, no me gustaría tener tus sueños. Igualmente estaba a punto de despertarte —la voz de Nyte hizo que Kara volteara la cabeza. Él señaló encima de la mesa y tomó un sorbo de su café negro—. Ya han traído tu bocadillo… hace un buen rato.
Estaban sentados los tres en el rincón de una cafetería. Desde la barra, el camarero les echó un vistazo de soslayo, pero no tardó en atender a otros clientes que, de igual forma, se habían quedado mirando en su dirección atraídos por el grito.
El grupo había llegado hacía un par de horas al municipio de Pianur dei Ucell, un pequeño municipio de la provincia de Kinre, territorio colindante al este de Furan de Rosas. Si bien habían cambiado de nación, y ya todo el mundo hablaba en lordense, una mayoría aplastante de kinrenos seguían conociendo el norempuriano como lengua paterna del conjunto de naciones, y no habían tenido ningún tipo de problema de comunicación. Tal vez lo más peligroso era que algún policía les pidiera el pasaporte, pues habían entrado en la nación de Lordan sin pasar por el debido control fronterizo, optando por la ruta mandilandinga a través de escabrosos y retorcidos caminos de montaña, a solo dos o tres telediarios de caer en completo desuso.
La camioneta sufrió algún que otro roce con piedras mal puestas en los caminos, pero al final, según Nyte, resultaba ser la forma más segura de moverse. Gracias a tomar ese tipo de precauciones, y si se esforzaban en imitar el acento lordense a la hora de hablar, no tendrían mayores complicaciones y podrían ganar distancia con las redentoras que les seguían el rastro.
Kara buscó alrededor moviendo la cabeza y se detuvo cuando miró por la ventana al localizar aquel que se hacía llamar su espíritu guía.
—¿Todavía no ha terminado? —interrogó ella con cansancio.
—Ha encontrado al chico que buscamos, hace un rato —le informó Nyte, quien, por algún motivo, la miraba de forma extraña—. Está hablando con él mientras acaba de establecer un enlace con su oren… para no perder la conexión.
A través del cristal, situado por encima de los edificios, Jack permanecía en su cuerpo de espíritu suspendido en el aire, emitiendo una intensa luz dorada. Desde que llegaron a Pianur dei Ucell, haciendo uso de su cuerpo de oren, el espíritu se metió en un faro orénico desde donde, según explicó, podría extender su presencia en busca del individuo especial que Nyte quería llevar a Zepharian para proteger del Sanctum. Por culpa de la mala noche que pasó Kara, sumada a la espera en la cafetería sin saber cuándo iba a terminar con la búsqueda, apoyó la cabeza en la mesa un momento, y antes de darse cuenta ya se había dormido. «Si hubiese sabido que tendría esa pesadilla…», pensó ella, recolocándose bien en la silla, «no habría dejado que el sueño me venciera».
Nyte levantó la mano para pedir otra cuchara para Eccho, que se comía su segunda copa de helado de chocolate con galletas. Cuando se la trajeron, la niña cogió un pañuelo del dispensador que había en la mesa y se lo ofreció a Kara con preocupación.
—¿Por qué estás llorando, Kara?
Ella reaccionó al fin y, notándolo, se secó las lágrimas. Se quedó mirando a la pequeña durante varios segundos recordando su sueño hasta que se vio capaz de dedicarle una débil sonrisa. Le frotó la cabeza, aunque la pequeña no cambió demasiado su expresión.
—Tranquila, Eccho, estoy bien. Gracias por preocuparte por mí —miró a Nyte—. ¿Entonces? ¿Está bien, el chico?
—Más o menos. Está en una carcer al sur de Furán de Rosas llamada Fioridie Dalalto.
—¿Qué es eso? ¿«Carcer»?
—Ay, ¿cómo era en norempuriano…? Ah, sí, era «cárcel».
—¿Qué? ¿Cómo que está en una cárcel?
—Sí… es una larga historia.
—Hmf. Eccho —antes de replicar, Kara se fijó en la niña—. ¿Quieres ir a pedir algo más de comer al camarero?
—¡No! ¡Quiero escuchar!
—Ah, ven, cariño —inquirió Kara—, que tienes algo en el pelo.
—¿El qué? —Eccho se acercó, y Kara la cogió por la espalda, poniendo ambas manos sobre sus orejas para que no oyera nada de lo que decían—. ¡Oye! ¡Oh, venga ya, quiero escuchar también!
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magia y misterio en mundo moderno, madre esclavizada, adolescente con poderes musicales
Editado: 01.06.2026