XIII
El Incidente de Guirnalada
Día 4 de meiyu
Dos días después del tiroteo del Sanctum y la muerte de la redentora Rina Lothan
Los disparos sonaban como los truenos y estallidos de una tormenta. Las luces celestes se movían por todo el monte. Solo fue por unos segundos y a lo lejos, pero Kara la vio perfectamente. Se trataba de Rina Lothan, la redentora encargada de «procesarla» desde Muren de Fir.
Durante el viaje que había iniciado en la trágica noche de su aniversario, el subconsciente de Kara había dedicado al menos media hora diaria en recordarle los detalles y la forma de la boca del cañón de aquel proyector apuntándole a la cabeza sobre el puente de su amado pueblo. El terror paralizante que sintió que le helaba la sangre. Y la mirada fría de la redentora.
Aquel día en el parque, después de que Kara pudiera empezar a levantar cabeza tras saber del terrible destino de su familia y de su mejor amiga Taria, sufrió unos momentos de terror mientras la colina cercana sufría un tiroteo parecido al que vivió en Vaderk Ausen. Nyte estaba tirando de su brazo y del de Ermin para correr hacia la camioneta, y este último a su vez cubría a Eccho con su cuerpo de cualquier posible disparo. Jackeline flotaba alrededor del grupo con la intención de lanzarse encima de cualquier redentora o sabueso que aparecieran de detrás de cualquier esquina.
Pero no tuvieron ningún problema durante la huida. Porque Rina Lothan, por algún motivo que Kara no llegaba a entender, los estaba protegiendo. Un gesto único y exclusivo de una redentora redimiéndose a sí misma.
Por supuesto que estaba muy lejos como para verlo bien, pero Kara llevaba los pocos días que habían pasado desde este suceso recordando la expresión que creyó ver en ella al verlos escapar. La paz arrolladora que la invadía, instantes antes de verse el objetivo de la lagta de un último sabueso que terminó por matarla.
—¿Kara? ¿Estás bien?
La pregunta de Jack sacó a la nombrada de su estado de trance. Ella sonrió de lado y asintió con la cabeza.
—Solo pensaba en la guitarra que dejé en Muren de Fir y lo bien que nos iría ahora.
—Ah, ya… pero mira, ahora puedes coger los instrumentos que quieras de entre los más baratos. ¿No te llama ninguno?
Kara volvió la vista hacia el frente. Ante ella se alzaba imponente una estantería repleta de instrumentos de cuerda. El grupo entero estaba dentro de una tienda de música en el pueblo de Guirnalada, situado en mitad de la nada en algún punto entre las naciones de Lordan y Órida. Se trataba de un municipio pequeño, con un faro orénico diminuto que les ofrecía al grupo un camuflaje capaz de burlar los rastreos del Sanctum.
Cerca, Kara oyó una inadvertida nota musical «la» a medio camino de volverse un «si» estruendoso proveniente de la flauta zephariana que sostenía Eccho. La niña se rio en tono travieso al lado de Ermin, y este le quitó la flauta de las manos de inmediato. Enseguida levantó la mirada, preocupado de que le pudieran decir algo los vendedores. Al otro lado estaba Nyte mirando un dobaire como el que se había roto en la prisión de Fioridie Dallalto, sopesando la posibilidad de comprarlo, a juzgar por el movimiento de sus dedos acariciando la barbilla.
—Me sabe muy mal… —comentó Kara, y carraspeó al sentir su voz un poco rasposa—. Nyte no tiene tanto dinero, y aunque yo usara todo el dinero que me dieron los de Norsonk, los instrumentos, por cutres o simples que sean, siguen teniendo un precio.
—Ya sabes que, después de descubrir lo que puede llegar a hacer tu poder, no te dejará salir de aquí sin nada.
—Exactamente —dijo Nyte, demostrando que estaba atendiendo a la conversación.
—Menudo oído tiene… —comentó Kara—. A ver, tampoco sé tocar tantos instrumentos, así que sería contraproducente comprar algo demasiado elaborado. Pero si el viejito insiste, imagino que una flauta zephariana o algún xilófono sí que los podría llevar. Tampoco son muy voluminosos ni pesan demasiado. Incluso podría…
—Decidido —dijo Nyte, y se acercó a ellos—. Nos llevamos dos dobaires, seis flautas y cinco xilófonos uhaudinos, y una promesa de que no me vuelvas a llamar viejito jamás de los jamases.
—¡Nyte, no! —exclamó Kara—. ¡Eso es demasiado!
—A ver, no creo que sea demasiado el pedir el no ser llamado con un adjetivo digno de un octogenario, ya que aún soy joven, señorita.
—¡Son demasiados instrumentos, no puedes gastar tanto dinero! —aclaró Kara.
—Los xilófonos uhaudinos caben en una mano y cuestan veinte oris, las flautas cuestan poco menos que eso, y los dobaires ochenta cada uno. Si tú compras la mitad de eso, yo compro la otra mitad. Y creo que, sabiendo que los instrumentos pueden destruirse con el uso que les das con tu poder, incluso el doble de eso me parece que se queda corto —respondió Nyte.
—Kara tiene razón, Nyte. Tal vez es un poco exagerado… y no creo que tengas tanto dinero después de pasar por el mercadillo y comprar dos mudas para los muchachos —comentó Jack.
—No soy un vagabundo, tío Corban, tengo mis ahorros… y nada mejor que gastarlos en mi propia supervivencia. Sin ofender, pero es más bien para que me protejas. A fin de cuentas, piensa que lo hago más por mí que por ti, cielo.
Kara le sostuvo la mirada con enfado parcialmente forzado, y él sonrió con esa expresión pícara tan suya. Kara evocó en su mente una imagen de sí misma estrangulando a ese trozo de armario con canas para intentar aplacar la rabia que le daba, hasta que terminó suspirando sonoramente por la boca. Se cruzó de brazos.
—No me llames cielo, idiota. Y haz lo que quieras. Es tu dinero, al fin y al cabo.
—¡Vale! —exclamó Eccho al fondo, dándose por aludida con el «haz lo que quieras», y empezó a aporrear con dos baquetas un enorme xilófono de pie, escuchándose por toda la tienda, hasta que fue detenida por Ermin.
Salieron todos de la tienda cargando con varias bolsas con los instrumentos en sus estuches. Jack y Nyte hablaban de pasar por un bar antes de regresar a la camioneta e ir al bosque a acampar. Eccho tocó a todo volumen una de las flautas compradas que entre Nyte y Kara habían comprado, muy a pesar de los oídos de todos, pero lo soportaba por lo feliz que se la veía.
#2131 en Fantasía
#1157 en Thriller
#504 en Misterio
magia y misterio en mundo moderno, madre esclavizada, adolescente con poderes musicales
Editado: 22.06.2026