La Profeta

18 - Tregua

XVIII

Tregua

Día 10 de meiyu, año 658

Aoi se despertó en la cama del hotel de carretera justo cuando la campana del faro de Shibanazu tocaba las dos de la madrugada. Llevaba puesto un pijama con estampados de gatitos con expresiones raras. Cerca, tumbada en la misma cama de matrimonio, Brigitte dormía en ropa interior a pierna suelta, roncando a un volumen intermedio suficientemente aceptable como para que no dejase de parecerle fuertemente atractiva.

Después de casi haber matado de un infarto al encargado del hotel cuando vio el proyector de Brigitte bajo su túnica, se calmó notablemente al ver la identificación de agentes gubernamentales que llevaba para casos de emergencia, y les dio una habitación privilegiada sin montar ningún alboroto.

Aoi se levantó de la cama intentando descubrir qué la había despertado, pero no se trataba ni del sabor rancio de la cena ni del leve olor a carcoma que desprendían algunos rincones de la habitación.

Se sirvió un vaso de cerveza barata de la nevera y se sentó en el alféizar de la ventana mirando a lo lejos, la montaña coronada por la réplica del faro de Shibanazu. Esta brillaba con fuerza en lo alto. Apuntó con los dedos en forma de pistola y cerró un ojo para afinar la puntería.

Una media sonrisa se dibujó en sus labios después de adquirir un nuevo recuerdo de una de sus vidas pasadas.

18 de daseibra, año 153 d.O.

Anillo de Arus, Isla del antiguo Cuartel General del Sanctum

(Dos meses después del naufragio de Shuza Akaritsu)

Aoi sostenía un teléfono contra su oreja con expresión de enfado. Después de desoír la réplica femenina de la persona al otro lado de la llamada, negó con la cabeza.

—No, no me harás esto otra vez. Te digo que es una oportunidad de oro, no podemos dejarla escapar. La continental ha pasado por varias pruebas del «proyecto S», y ahora no solo nos es fiel, sino que está claramente vinculada al artefacto; es por eso que consiguió encontrar nuestro cuartel en la tormenta. El artefacto la llamó inconscientemente.

—El «proyecto S» todavía necesita muchas más pruebas, y ni siquiera ahora tengo muy claro que su propósito compense sus altos riesgos —respondió una voz femenina al otro lado del teléfono.

—Mira, es un auténtico fenómeno que haya llegado hasta aquí con esos barquitos de madera, y estoy segura de que, con su ayuda, podremos salir de la tormenta y llegar a Ouros. Verás, tengo un plan. Ya he mandado a tallar el artefacto, y…

—¿Que has hecho qué?

—¡Los trozos de artefacto que hemos separado se volverán a unir sin fisuras cuando se junte con sus otras partes! Los experimentos demuestran que no pierde apenas moléculas al ser cortado. ¡Pero ese no es el tema! Escucha atentamente… Cuando consiga llegar con el fragmento tallado al continente, los demás fragmentos impulsarán la energía de los motores de los barcos hacia la parte principal del cristal, pues está en su naturaleza buscar reunirse en caso de separarse. ¡Las embarcaciones irán muy rápidas, suficiente como para superar la tormenta sin riesgos, y el escuadrón de mi segunda al mando, Arsyra, conseguirá llegar a la costa aun con los pocos recursos de los que disponemos! Ni siquiera los bloqueos de La Mano nos detendrán.

—Índice…

—Créeme, Arsyra es una buena general, se adaptó muy bien a mi modelo organizativo del cuartel y me ha sido siempre muy leal. Después de llegar a la costa, podremos construir nuestra primera avanzada y podremos establecer una ruta segura para trasladar toda la base. ¡Además, acompañaré a Shuza con el cristal, y con mi dominio orénico estará más que a salvo!

—¿Shuza?

—Es como se llama la continental. Nos hemos hecho amigas —hubo un solo momento de silencio que Aoi no tardó en volver a interrumpir—. Mira… no hay manera de que Anular o Meñique nos puedan echar el guante, y los escáneres mediante el artefacto muestran que no están ni siquiera cerca de los archipiélagos. No tendrán tiempo suficiente como para reaccionar, así que el riesgo, sin ningún género de duda, es igual a cero.

—El riesgo es igual a mil —respondió su interlocutora—. Índice, escúchame tú a mí, porque te estoy diciendo que es demasiado peligroso. Si perdemos tu cuartel, o el artefacto, se acabó. ¿Me explico? Todavía debemos asentarnos mejor en el anillo y observar cómo se desarrolla la situación en el continente, ver cómo evoluciona la civilización antes de actuar. Luego veremos si intervenimos o no. Lo que no puedes pedirme es que te deje ir en una expedición suicida al continente, cuyas fronteras están controladas por La Mano.

—¡Pues usaré una proyección orénica para que no me detecten! ¡Yo qué sé, cualquier cosa menos quedarnos quietas!

—Tú podrías hacer eso, pero las que vengan contigo y esa tal Shuza, ¿podrán hacerlo? Empiezo a hartarme un poco de tu actitud tan renuente y suicida.

—¡¿Es que no lo entiendes, Medio?! —La voz de Aoi resonó por las instalaciones, y algunas mujeres armadas con escopetas al fondo del pasillo se voltearon para mirarla—. ¡Somos unas rezagadas! ¿Por qué no puedes comprender la humillación que eso significa para nosotras? ¡Somos las madres de la humanidad! ¡No existimos para pudrirnos del asco en el culo del mundo, existimos para dirigir a nuestra raza hacia un futuro brillante!

>>¡En esta base provisional casi no tenemos recursos ni provisiones de las islas del anillo, la franja de calma diaria apenas nos da un respiro de un par de horas al día para trabajar en el exterior, ¡y el resto del tiempo somos asediadas por la tormenta de Victatris! Mira… lle-llevo más de quince años aquí atrapada, apenas recuerdo cómo navegar, y joder, mi origen está en una tribu de navegantes indígenas del anillo. ¡Con barcazas de madera, Medio! ¡Barcazas de puta madera! ¿Y me estás pidiendo que nosotras, con tecnología y conocimientos que nadie del continente podría siquiera entender como algo que no sea «magia», me quede aquí, calladita y quietecita desperdiciando los años de vida que tiene este cuerpo?




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