La Profeta

20 - Electa Est

TERCERA PARTE:

CORO ASINCRÓNICO

XX

Electa Est

Día 11 de meiyu, año 658

2:00 p.m., en Ciudad Sócrates, no mucho después de separarse de Aoi y Brigitte…

—Kara, escúchame.

Mientras el grupo andaba por el interior de la ciudad y empezaban a cruzarse con sus primeros ciudadanos, dejando atrás el oasis de la entrada, Jack se acercó emitiendo una rutilante luz azul. Eccho era escoltada por Sabu un poco más adelante, y los demás se rezagaron a pocos metros para escuchar lo que Jack tenía que decirle a Kara.

—Te escucho —respondió ella pacientemente.

—Tenemos que contarte algo que te va a dejar en shock. No te preocupes por nada, te protegemos entre todos, ¿vale?

—Vale…

—Resulta que Nyte me ha contado algo muy preocupante. Esa amiga tuya, Aoi… cree que es la encarnación de una gran lideresa del Sanctum.

—No, no lo creo, lo es —se metió Nyte—. Mismo nombre, mismo dominio orénico, misma actitud arrogante. Dos más dos son cuatro; blanco y en botella es leche.

—Oh, vaya —Kara se cruzó de brazos con los párpados entrecerrados—. Estoy en shock.

—Y no sin razón. Esa chica, y su compañera… están con el Sanctum. De hecho, no recordaba que la grande nos disparó en Fioridie Dallalto, pero sí. Era ella, totalmente. ¡La misma que nos intentó matar!

—No sé si voy a poder vivir con lo que me acabas de contar —Kara no se molestó en hacerse la sorprendida por la concatenación de su espíritu guía.

—Sé que es difícil, pero te prometo que estaré a tu lado, Kara. No dejaré que te hagan daño.

—Tío Corban… déjalo ya —dijo Nyte mirando de reojo a Kara—. Claramente lo sabía de antemano.

—¿Qué? Pero… Kara, ¿en serio? ¿Eres consciente del peligro que supone tener cerca a una redentora del Sanctum? ¡Podría habernos matado a todos, a ti la primera!

—Podría haber hecho cosas peores que simplemente matarte —añadió Ermin.

—No pasa nada, de verdad, chicos —los intentó tranquilizar Kara—. Ya he hablado con ella. Sé que no os lo he pedido nunca, así que os lo pido ahora. Confiad en mí.

Nyte y Ermin miraron fijamente a Kara. Al final uno cerró los párpados y el otro apartó la mirada.

—¿Sabes que probablemente la próxima vez que os encontréis será tu enemiga y que intentará matarte? —interrogó Nyte, y Kara asintió—. Y… ¿Qué, si ocurre cualquier desgracia a ti o a quienes te rodean, caerá enteramente sobre tus hombros y sobre tu consciencia en lo que te queda de vida? Como ocurrió con el incidente de Guirnalada, pero a lo mejor con vidas humanas de por medio. ¿Estás preparada para asumir ese precio, Kara?

Ella miró fijamente a Nyte con una sombra de duda en la mirada. Luego desvió la vista en dirección a Sabu, quien la miró de reojo, y luego miró a Eccho. Kara volvió a mirar a Nyte asintiendo con la cabeza, llena de determinación. Él asintió a su vez.

—Está bien.

—¡No, no está bien! ¡Es el enemigo! ¡Tenemos que…! —exclamó Jack.

—¿Vamos? —Nyte enseñó el camino a seguir con la mano.

—¡No, no vamos, esto no es algo que podamos ignorar, debemos…! —Pero nadie pareció escucharle—. ¡Hey, esperadme!

El paso por los distritos perimetrales de Ciudad Sócrates era, en cuanto a paisaje, una mera extensión de la estructura base de la ciudad, pero con calles sin adoquinar y casas de baja altura construidas con madera, paja y algunos pocos elementos estructurales de piedra. Como si fueran pueblos independientes de la urbe.

El camino se planteó en un principio como un paseo tranquilo, pero Sócrates tiene por costumbre sorprender a sus visitantes escondiendo sorpresas detrás de cada esquina. Para Kara, el momento de inflexión fue cuando iban por un callejón relativamente silencioso y, antes de cruzar la esquina y entrar en una calle más ancha, Nyte les pidió que no se alejaran mucho.

Al salir una racha de viento los encontró de cara, y de la nada todo el barullo que cabría esperar en una urbe se cernió sobre ellos. Personas andando a paso rápido, niños llorando, mercaderes vendiendo sus productos a viva voz, algún que otro bien vestido hablando por el móvil, carros tirados por monociclos celestérgicos de asistencia, casi todos ellos oxidados, un grupo de propagandistas de la reina mercantil con altavoces hablando en zephariano… y, por encima de las calles, pájaros carroñeros sobrevolando las cabezas de los socratenses en busca de algún despistado.

Cien detalles escapaban a los ojos de unos visitantes sin experiencia. Kara acercó a Eccho y la cogió fuerte de la mano para no perderla. Ella, por su lado, se fijó rápidamente en un grupo de niños que huían entre el gentío de los gritos de un tendedero tras robar un puñado de frutas.

—Si os fijáis bien —explicó Nyte—, veréis que las tiendas y las paradas no tienen especial abundancia de artículos a la venta. Hoy en día, en Zepharian debes tener o bien un trabajo donde te paguen con algunos numens o con muchos jouzis, o bien tener una herencia y unas tierras para poder comer más de una vez por día de manera regular. La moneda local de Zepharian, las monedas de bronce, plata y oro, están casi totalmente devaluadas, a excepción de las de oro por obvias razones, y de la utilidad como materia prima de la plata y el bronce. Ya casi nada se mueve con esas monedas como divisa.

—En un reportaje —explicó Kara, ojo avizor de posibles ladrones que se les acercaran—, decían que Zepharian recibía ayudas casi cada día y que mejoraba su situación a un buen ritmo.

Mientras hablaban, Sabu localizó y persiguió una rata cercana entre las personas hasta que le dio encuentro y se la metió en la boca, donde empezó a masticar y saborear la sangre del roedor. Un gato cercano le sopló, pero la perra lo ignoró y regresó con el grupo. Ermin le pidió a Sabu que se comportara, y ella, aun masticando el ratón, le lanzó un gruñido desafiante.




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