Camine de la mano con la niña, sus ojos se movían de un lado a otro intentando encontrar el peligro, incluso su caminar era titubeante.
<< Ah, ahora que lo pienso me olvide por completo del pequeño zorro. Bueno no importa, de todas maneras, buscaba la manera de escabullirme, y alejarlo de mi. >>
Nos dirigimos a mi sala de descanso privada, le ofrecí asiento; en lo que llegaban los refrigerios. Me senté frente a ella, por suerte los refrigerios no tardaron en llegar; en la mesa se podía ver una gran variedad de bocadillos, y frente a la niña se posó una taza de leche caliente.
La pequeña dudaba aun de su entorno, su mirar se limitaba en ver alrededor de ella, una parte de ella quería tocar y tomar de esa deliciosa leche, pero otra parte de ella se negaba firmemente. Al notarlo intente alentarla.
—No te preocupes, bajo mi tutela no habrá quien ose lastimarte.
Hable con un tono meloso, evite hacer gestos bruscos para evitar asustarla. Al ver que lo que temía era la gran cantidad de personas dentro de la habitación, hice un gesto silencioso; como orden de que se retiraran, los sirvientes notaron de inmediato mi seña, y se marcharon con el menor ruido posible. Una vez que la pequeña, no vio demasiada multitud abrumándola, por fin tomo la leche con manos temblorosas.
—También puedes acompañarla con deliciosos bocadillos, aunque te recomiendo el pastel de chocolate con fresas, le da un buen sabor a la leche caliente.
Nunca he sido buena tratando con niños, no obstante, la situación amerita tratar con la mayor delicadeza a la niña. Mi única referencia para tratar niños es mi madre, por eso intento interpretar el papel de una madre protectora. Debo de tener mucha paciencia para no abrumarla demasiado, ella sabrá cuando decirme todo lo que vivió
—E-en el orfanato en donde me quedo, los a-adultos suelen golpearnos e i-incluso nos obligan a conseguir unas cuantas m-monedas por nuestra cuenta.
Sus pequeñas manos sostenían con fuerza la taza donde contenía la leche blanca y pura. Sus manos contenían callos y cicatrices, algo que aún no debería tener considerando su edad, sin mencionar su vestimenta que apenas y cubre su piel cubierta de moretones.
—¿Y dónde queda el lugar el cual mencionas?
—Y-yo no lo se.
La niña por alguna razón, no pudo dar a conocer el sitio en donde ocurrían horribles actos, por aquellos que se hacían pasar por guardianes de pequeños niños indefensos. Incluso a pesar de ser llamado un país bendecido por los dioses, los mismos humanos terminan dando la espalda a un nombre sagrado.
—Tranquila, no te preocupes si no lo sabes. Yo me encargare de encontrar a tus queridos hermanos
La pequeña aun titubeaba en sus acciones, parecía no tener confianza en mis palabras, incluso no tardo en soltar unas cuantas lágrimas, ella apretó con fuerza sus pequeñas manitas intentando contener la gran ventisca desbordante por su pequeño corazón, a causa del dolor.
Es de esperarse, cuando la mayoría de adultos lo único que hicieron fue ignorarla cuando ella intentaba pedir ayuda a gritos. Por eso me quite el velo, que cubría mi rostro, después de todo la única razón por la cual uso el velo es para no mostrar mi parche que cubre mi ojo derecho. Ya que para mi es un defecto., los únicos que han visto mi rostro hasta ahora son los nobles de alto rango los cuales suelo tener reunión sobre el futuro del imperio, y ahora esos cinco idiotas.
La pequeña al ver mi rostro, se sorprendió bastante, no esperaba ver el rostro de una persona que casi todo el mundo considera divino.
Amaris en cuanto vio con claridad su rostro sorprendido, ella no dudo en abalanzarse contra ella para poder abrazarla, con todas sus fuerzas: la niña al sentir un abrazo tan cálido que no había sentido desde que nació, no pudo resistir a aferrase a esos brazos, se acorruco en el pecho de Amaris para llorar desconsoladamente. Por alguna razón la niña sintió un alivio, y quiso acurrarse en esa calidez para siempre.
—Tranquila, ya estas a salvo mi niña.
En la habitación se escuchaba el llanto de una pequeña niña, que no hizo más que pedir ayuda con desesperación, una niña la cual necesita ser protegida y amada.
<< ¿Esto es lo que sintió Balder, cuando me vio por primera vez? >>
Cuando las lágrimas dejaron de salir, yo por fin pude abandonar la habitación y la deje encargada con las sirvientas para que pudieran limpiarla y arroparla. Lo primero que vi al salir fue a Eros, mirándome con ojos fríos, supongo que la situación le molestaba, pues tendría que lidiar con ello.
—Y bien, ¿Te menciono su nombre?
—No, no lo hizo. Así que será más complicado.
—Genial, más trabajo para mí.
Eros no parecía tan entusiasmado por hacer un trabajo tan engorroso, por culpa de adultos que no pudieron hacer bien su trabajo y cedieron a la avaricia.
—Tranquilo, no es necesario que tú lo hagas. Iré a ver al vejestorio para hacer ese trabajo de esa manera será más fácil y rápido para actuar.
—Genial.
Amaris no le dio tiempo de reprochar a Eros, pues ella desapareció entre las sombras.
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Editado: 19.03.2026