Entrada de diario – 7 de mayo de 1883
Esta noche lo vi por primera vez.
No sé su nombre. No sé de dónde vino ni por qué estaba allí, de pie bajo la arcada cubierta de hiedra, hablando con mi padre sobre asuntos que no alcancé a comprender. Lo único que sé… es que el tiempo pareció detenerse.
No por lo que dijo. No por lo que hizo. Sino por lo que no dijo y por lo que se calló mientras me miraba.
Fue solo un segundo. Tal vez menos.
Pero sus ojos me buscaron como si ya me conocieran. Como si supieran que yo estaría allí, sentada con mi cuaderno, fingiendo escribir poesía.
Y por un instante sentí miedo. No del hombre, sino de lo que despertó en mí.
Hay miradas que no se explican con palabras. La suya fue una de ellas.
Como una pregunta sin voz. Como una promesa que aún no ha sido hecha, pero ya se siente cierta.
No lo volveré a ver, supongo. Este lugar se llena de rostros que vienen y van, todos tan parecidos, tan ruidosos, tan ajenos.
Pero si el destino lo permite, y vuelve a cruzar el umbral de esta casa, juro por este diario que sabré reconocerlo.
Y tal vez esta vez… no apartaré la mirada.
E.
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sentimientos imposibles de ocultar, cartasalamor, confesiones pasadas
Editado: 09.08.2025