Entrada de diario – 14 de junio de 1883
Un mes después
Lo he pensado todo el mes.
Lo niego, lo busco en cada rincón de mi mente, en cada sombra de la mansión, pero allí está. Como una huella invisible, una mancha que no puedo borrar. Su mirada. Aquella mirada que cruzó la sala como una corriente fría y me sacudió, aunque en ese momento no lo supe.
Hoy, al recorrer el jardín de invierno, sentí su presencia. No lo vi. Ni siquiera escuché su voz. Pero algo me decía que estaba cerca, observando, esperando, como si los minutos se estiraran para él de la misma manera que lo hacen para mí.
Es extraño cómo un solo encuentro puede marcar un antes y un después. En todas mis noches en vela, él está allí. En las líneas de mis cartas no enviadas. En cada silencio de mis pensamientos. Tal vez nunca vuelva a verlo. Tal vez nunca pronuncie su nombre. Pero…
Si vuelvo a cruzarme con él, no apartaré la mirada.
Hoy es diferente. Algo ha cambiado en mí. La rutina parece más vacía. Y este cuaderno, que siempre me ha sido tan privado, me pesa entre las manos. ¿Qué hago con todo esto que siento si no puedo escribirlo?
A veces, creo que me estoy perdiendo en algo que no tiene forma. Algo que no tiene nombre.
Pero lo que más temo… es que, si lo encuentro de nuevo, no haya vuelta atrás.
E.
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Editado: 09.08.2025