La promesa de las Rosas

Capítulo 20

Entrada de diario – 18 de agosto de 1883

La grieta en la fachada

Hoy lo escuché.

Con mis propios oídos.

Mi madre gritó.

Decía cosas como “inaceptable”, “una deshonra”, “¿cómo pudo tener la osadía?”

Y entre sus frases, una más baja, una que no estaba destinada a mí, pero que me atravesó igual:

—El compromiso queda roto. Esta misma semana.

Me quedé quieta en el pasillo, el corazón latiéndome en la garganta.

Sabía que ese momento iba a llegar… pero no imaginé que dolería de esta forma.

No por William —él y yo ya éramos camaradas—

sino por ver a mi madre, por primera vez, derrotada.

Y más aún… sospechando.

Marie me lo confirmó más tarde.

—Desde ayer, revisa tus cartas. Tus cosas. Pregunta mucho sobre tus salidas al jardín.

—¿Y tú?

—No me dice nada… pero me observa como si supiera.

Ezra no pudo venir hoy. Pero me dejó una nota en nuestro escondite:

"Esta tormenta no nos parte, solo prueba qué tan fuerte es lo que tenemos. Estoy trazando los últimos pasos. Cuando todo esté listo, solo necesitarás una cosa: querer irte."

Y yo lo quiero.

Lo quiero con todo lo que soy.

Aunque eso signifique alejarme de esta casa, de sus rosas, de su historia, de su olor a pasado.

Marie tiene miedo.

William se mantiene distante por precaución.

Y yo… yo empiezo a temblar de verdad.

Pero también empiezo a ver con más claridad.

E.




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