La promesa que alimenta al monstruo [bl]

Capitulo 9: El Despertar y la Huida

Mithar sintió el dolor de cabeza después, como si alguien hubiese presionado lentamente su mente desde dentro. No era intenso, apenas una molestia persistente. Cerró los ojos un instante y, al abrirlos, miró a su alrededor con desconcierto, intentando reconocer el lugar. El aire estaba impregnado de un olor amargo: medicina, hierbas secas y algo más antiguo, difícil de identificar.

Riven—¿Ya despertaste?

La voz lo golpeó como un latigazo, rompiendo el silencio. Giró la cabeza con el corazón acelerado. Era Riven. Lo observaba a escasos pasos, manifestado en su forma: las orejas largas e inquisitivas, la cola moviéndose con una lentitud casi hipnótica y esas poderosas patas animales que se hundían con firmeza en el suelo. Aunque su postura denotaba una calma absoluta, sus ojos mantenían una chispa de alerta constante, como si estuviera midiendo cada uno de sus movimientos.

Mithar —¿Quién eres…? —preguntó Mithar con la garganta seca.

—Riven —respondió—. Doriam me explicó más o menos tu situación y ahora el lío en el que están metidos. —Hizo una breve pausa, evaluándolo—. ¿Cómo te sientes? Llevas casi cinco días sin despertar.

Mithar frunció el ceño.

Mithar —¿Cinco días? —repitió—. Espera… ¿cinco días?

Riven—Así como lo oíste.

Mithar —Ah… jaja… —rió, nervioso—. Es una broma, ¿no?

Riven no sonrió.

Riven —No.

Mithar —Oh… —murmuró Mithar, tragando saliva—. Ya veo. —Entonces algo le llamó la atención—. ¿Y Doriam? ¿Dónde está?

Riven —Salió hace un rato. No dijo el porqué. —Riven se giró, tomando algunas cosas—. Te dejaré solo. Necesitas descansar. Si necesitas algo, avísame.

Mithar se incorporó, y recién entonces notó las vendas que cubrían gran parte de su cuerpo. Cada movimiento intensificaba el olor medicinal. Caminó hacia la puerta.

Riven —¿A dónde crees que vas? —preguntó Riven sin volverse.

Mithar —Afuera… supongo —respondió Mithar, confundido—. Necesito aire.

Riven se giró de inmediato; su mirada se endureció.

Riven—No puedes salir. Si lo haces, romperás el encantamiento que protege este lugar. Y cuando eso ocurra, todo se saldrá de control. ¿Quieres que nos encuentren?

Mithar apretó los labios.

Mithar—Está bien… no lo sabía —respondió, irritado—. Solo quería respirar.

Regresó a la cama y se sentó. El silencio cayó sobre la habitación. Entonces, la imagen volvió: la mujer, su voz, las palabras sobre Doriam, las llaves, Nyxara. Apretó los dedos contra la sábana. Pensó en preguntarle a Riven sobre lo que había ocurrido mientras estuvo inconsciente, pero dudó. Apenas lo conocía y no sabía si era buena idea. Aun así, parecía alguien de confianza; Doriam tenía algún tipo de vínculo con él. Si alguien sabía algo, podría ser Riven.

Levantó la mirada sin darse cuenta. Riven estaba de espaldas, ocupado con unos frascos. Mithar lo observó más tiempo del que pretendía. El silencio se volvió incómodo. Riven se giró.

Riven—¿Te ocurre algo? —preguntó—. Llevas rato mirándome.

Mithar apartó la vista.

Mithar—Yo… —vaciló—. Hay algo que no sé si debería decir.

Riven lo miró con atención.

Riven—Si tiene que ver con Doriam, dímelo.

Mithar respiró hondo.

Mithar—Mientras estuve inconsciente… apareció una mujer —dijo al fin—. No sé quién era. Solo habló. —Levantó la mirada—. Dijo que no dejara que Doriam entregara las llaves a Nyxara.

Riven guardó silencio. Pasaron unos segundos. Cuando habló, su voz ya no era la misma.

Riven—¿Quién era esa mujer?

Mithar parpadeó.

Mithar—No lo sé.

Riven—¿No lo sabes… o no quieres decirlo? —insistió Riven con dureza—. ¿Dijo algo más? ¿Nombres? ¿Te mostró algo?

Mithar—No —respondió Mithar, molesto—. Solo habló. No explicó quién era ni por qué sabía esas cosas.

Riven apretó la mandíbula.

Riven —Entonces olvídalo.

Mithar lo miró, incrédulo.

Mithar—¿Cómo que lo olvide?

Riven—Tal como suena —respondió Riven—. Hay cosas que no deben removerse. Si esa mujer apareció, no fue para darte respuestas.

mithar —Pero sabía de Doriam —replicó Mithar—. De las ”llaves”. De Nyxara. Eso no es casualidad.

Riven—Precisamente por eso —dijo Riven—. Mientras menos sepas, mejor.

Mithar guardó silencio unos segundos. Luego habló, más bajo.

Mithar —Aunque no me digas nada, esto no va a desaparecer. Ya está dentro de mi cabeza. —Lo miró con firmeza—. Prefiero entenderlo que avanzar a ciegas.

Riven frunció el ceño.

Riven—No es asunto tuyo.

Mithar—Entonces dime qué hago —respondió Mithar con calma tensa—. ¿Me quedo quieto esperando algo que ni siquiera entiendo… o me preparo? —Se inclinó un poco hacia adelante—. Si esa mujer apareció, es porque algo ya se movió. Fingir que no pasó no va a detener a Nyxara.

Riven apartó la mirada.

Riven—No entiendes en lo que te estás metiendo.

Mithar—Entonces explícamelo —insistió Mithar.

—Tú… —Riven fue interrumpido antes de poder terminar la frase.

Mithar—O dime por qué debería quedarme callado mientras todos saben más que yo.

Riven respiró hondo. El silencio volvió a estirarse antes de romperse.

Riven —Maldito humano… ¿quién te crees para hablarme así después de que te salvé la vida?

Mithar lo miró fijamente, con la ceja fruncida y la mandíbula tensa. No apartó la mirada ni un segundo; estaba decidido a sacar la verdad, costara lo que costara. El silencio se volvió insoportable. Riven lo miró con desprecio, pero en el fondo sabía que mithar tenía razón. La ignorancia de Mithar era el eslabón más débil de su defensa. Comprendió que no tenía salida, que ya estaba demasiado metido en ese lío… y, con un leve suspiro, terminó por decirlo.

Riven—Doriam me va a matar si te cuento esto… —dijo al fin, con la voz baja y tensa—. No le gusta que hable de ello. Para nada. —Hizo una breve pausa, como si aún dudara—. Pero no tengo otra opción. —Levantó la mirada—. Doriam no es un híbrido común. No fue creado así por accidente.




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