La promesa que alimenta al monstruo [bl]

Capitulo 10: Un poco de mi sangre

Apenas el sol comenzaba a asomarse cuando Mithar y Doriam ya estaban listos para irse. No tenían un destino claro, solo uno seguro: lejos de Nyxara. Riven los observaba apoyado en la pared, con los brazos cruzados y una expresión tan relajada que rozaba lo ofensivo.

Riven—No puedo creer que ya se vayan tan rápido… —dijo sin emoción—. Pero bueno.

—No queríamos molestarte mucho —respondió Doriam con su sonrisa tranquila.

Riven—Estoy devastado de que se vayan —respondió Riven, y con un solo cambio de tono añadió—: Bueno, bye bye.

Mithar lo miró de reojo, frunciendo el ceño.

Mithar—¿es necesario hacer drama?

Doriam respondió con calma, sin apartar la mirada.

Doriam—siempre a sido así . finge que le importa… pero no es personal. —Sonrió de lado, como si ya lo conociera de memoria.

Riven metió la mano en su abrigo y sacó un pequeño fragmento de piedra, opaco, con vetas que parecían atrapar la luz del amanecer.

Riven—Hablando en serio —dijo—, puede que exista una forma de detener tu problema. O al menos… comprobar algo. —Sin pedir permiso, tomó la mano de Mithar y dejó el fragmento sobre su palma.

Mithar—¿Para qué es eso? —preguntó Mithar, tenso.

Riven—Quiero probar algo.

Pasaron apenas unos segundos. Riven levantó la mirada y observó a Doriam.

Riven—¿No sientes ese olor fuerte? El de siempre.

Doriam se quedó quieto. Cerró los ojos un instante.

Doriam —No… no siento nada.

Mithar contuvo el aliento.

Mithar—¿Qué hiciste?

Riven retiró la piedra con cuidado.
Riven—Es un fragmento de una piedra antigua. No debería existir ya. O al menos, no completa. Nació en una era en la que las constelaciones aún decidían destinos y las deidades actuaban como jueces del mundo. La piedra no distinguía razas ni marcas; solo obedecía al equilibrio. Y fue Azael, señor del umbral y de los deseos no pronunciados, quien la bendijo para que incluso los humanos pudieran tocar su poder sin ser consumidos.

El ambiente se volvió denso, como si el mundo mismo contuviera la respiración.

Riven—Se decía que, cuando estaba entera, la piedra podía restaurar lo que había sido destruido, sanar cuerpos quebrados… incluso devolver la vida, siempre que el deseo naciera del corazón y no de la codicia.

Riven sostuvo el fragmento a contraluz.

—Pero eso solo era posible con la piedra completa. Los humanos y otras criaturas la codiciaron, la vendieron, la rompieron. Por eso casi no quedan restos como este.

Asintió y sacó un mapa doblado.

Riven—Un fragmento no puede curar ni revivir —continuó—. Apenas conserva una reacción mínima, un eco de lo que fue. No concede milagros… solo altera un poco lo que te rodea. —Señaló el punto del mapa

—. Si alguna piedra entera sobrevivió, estaría por ahí. No estoy seguro, pero este trozo lo encontré en esa zona.

Mithar apretó los dedos.
Mithar—¿Y por qué nos dices todo esto?

Riven no esquivó la pregunta.
—Ah, bueno, me sentiría mal de no dar algo a cambio, porque me quedé con la mitad de tu sangre.je

El silencio cayó de golpe.

—Estaba mezclada con la magia de Nyxara —añadió—, pero sigue siendo útil.

Mithar lo miró, asqueado.
—¿En serio?

Riven asintió. Doriam no pareció sorprendido.

—Lo imaginé —dijo con calma.

No Riven dobló el mapa junto con la piedra y se los entregó a Doriam.

Riven—Puedes usar el fragmento como collar o como se te dé la gana —dijo, mirando a Mithar—. Mientras lo tengas cerca, tu olor se distorsiona un poco. No desaparece, no se borra… pero no grita. Eso es lo único que este trozo puede hacer.

Mithar apretó los labios.
Mithar—¿Y cuánto dura?

—Mientras no se rompa —respondió Riven—. No es eterno, pero tampoco inútil.

Doriam sostuvo el objeto con cuidado.
Doriam —Entonces la piedra entera… —murmuró—. Eso sí sería una verdadera salvación.

Riven—Si existe —corrigió Riven—. Y si la encuentran.

Mithar levantó la vista.
—Nos bastará por ahora —dijo con calma—. Gracias.

Riven ya se había girado.
—No me agradezcan. —Se detuvo un segundo—. Si van a buscar la piedra de verdad… no lo hagan esperando un milagro fácil.

Y se fue cerrando la puerta.

Doriam —Al menos ya sabemos a dónde vamos —dijo Doriam, sonriéndole con alegría.

Mithar bufó, aliviando.

—Menos mal…

Doriam le tomó la mano con suavidad. Mithar se sobresaltó apenas, pero no la retiró.

Doriam —Bueno… creo que ya es momento de irnos.

Doriam y Mithar caminaban por una carretera secundaria aún húmeda por la lluvia de la mañana, avanzando en dirección a David. El tránsito era escaso; apenas algún camión viejo pasaba de vez en cuando. El mapa seguía doblado en manos de Doriam, junto al fragmento de piedra.

Mithar —Eso queda lejos —murmuró Mithar—. No vamos a llegar así.

—Seguimos en Panamá —respondió Doriam—, y lo que Riven marcó está en España.

Mithar no redujo el paso.

Mithar —Ya lo sé.

Doriam sacó una soguita fina del bolsillo y pasó con cuidado la piedra por una de sus vetas naturales mientras caminaban.

—¿En qué parte de España? —preguntó Mithar.

Doriam negó despacio.

Doriam —Eso no lo sé. La única pista que tenemos es que se ubica en España. Esto va a ser complicado. Tendremos que encontrar una forma de dar con el lugar donde podría estar esa piedra… si es que aún se encuentra allí.

Doriam terminó el nudo y se detuvo frente a Mithar. Levantó la cuerda y la pasó por su cuello con calma, ajustando el collar sin prisa.

Doriam —Listo.

Mithar tocó la piedra un segundo.

Mithar —Primero encontremos la forma de llegar. Después pensaremos en dónde podría estar.

Mithar —Entonces nada de buses ni aviones.

—Exacto —respondió Doriam—. Carro primero.

Reanudaron la marcha. Mithar habló tras unos segundos.

Mithar—Podemos pasar por David, sacar plata y comprar uno.




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