La promesa que alimenta al monstruo [bl]

Capitulo 11: Jamas desarmado

Ya estaba todo listo. Mithar y Doriam sacaron el carro, un modelo normal, sin nada que llamara la atención.

Mithar—Me gustaría pasar a un lugar para comprar algo —dijo, abrochándose el cinturón.

—Está bien —respondió Doriam.

Se subieron. Mithar conducía, y mientras avanzaban, Doriam empezó a notar que no reconocía las calles.

Doriam —Lior… ¿a dónde vamos? —preguntó, mirando por la ventana.

Mithar dudó un segundo.
Mithar—A un lugar.

Doriam frunció el ceño.

Doriam—¿En serio? Dime.

Mithar—Ya te dije, a un lugar —respondió.

Doriam lo miró de reojo.
Doriam—Eso no es una respuesta.

Mithar suspiró.
Mithar —No seas tan insistente… solo confía.

Doriam —Eso suena sospechoso —murmuró Doriam, aunque una pequeña sonrisa se le escapó—. ¿No estarás planeando algo raro?

—Deja de pensar vainas —dijo Mithar—. Y solo quédate relajado…

Minutos después, el carro se detuvo frente a un local discreto. Doriam bajó y leyó el letrero. Sus ojos se abrieron un poco más de lo normal.

—…¿Una tienda de armas? —dijo, sorprendido—. ¿Lior?

Mithar se cruzó de brazos.

Mithar —No puedo aceptar que dejé todas mis armas en casa. Me siento… raro sin llevar al menos una conmigo.

Doriam—. ¿Estas seguro que este es el mejor momento para esto?

Mithar —Claro, después de toparnos con monstruos, sobrevivir a Nyxara y casi morir más de una vez, ¿Quién en su sano juicio iría desarmado? —respondió Mithar, con sarcasmo—. Solo quiero comprar algo pequeño, nada exagerado.

Doriam lo miró en silencio unos segundos.

Doriam —…Supongo que lo entiendo —dijo al final—. Pero prométeme que no vas a hacer nada imprudente.

Mithar lo miró de reojo.
Mithar —¿Yo? Imprudente nunca.

Doriam levantó una ceja.
—Eso no me tranquiliza en absoluto.

Doriam guardó silencio un instante más, pensativo.

Doriam—…Ahora ya sé de dónde vino esa bala perdida.

Mithar —¿Qué cosa?

Mithar ladeó la cabeza, con el ceño fruncido y una expresión de desconcierto.

Doriam—Una noche, cuando salía de mi casa… alguien disparó y la bala casi me da en la cabeza —dijo entonces—. pensé que solo fue mala suerte, pero ahora todo encaja.

Mithar se quedó rígido.

Mithar —¿Qué? No, espera… —dijo rápido—. Yo… esa vez solo estaba revisando el arma, no pensaba disparar. Fue un accidente, de verdad.
Se pasó una mano por la cabeza, nervioso.
Mithar—Y además, ni siquiera sabía que había alguien afuera. Si lo hubiera sabido, jamás lo habría hecho.

Doriam tenía las manos apoyadas en los hombros de Mithar, mirándolo como si sus excusas no sirvieran de mucho.

Doriam—Lior… ya, no te excuses tanto.

Mithar apretó la mandíbula, sintiendo cómo le hervía la sangre.

¿Quién se cree para decir eso? Como si no fuera suficiente estar explicándolo todo una y otra vez… y encima con esa cara estúpida…

Pensó.

—Ya, pues lo siento —dijo Mithar, molesto—. No fue mi intención, ¿ok?

Mithar—Ya quítate carajo…

Intentó apartar las manos de Doriam con un gesto brusco y dio un paso atrás.

Doriam le agarro la mano y soltó una risa.

Doriam—. Estaba bromeando, no estes enojado ¿si?.

Mithar—Mierda, deja con el relajito —espetó, claramente molesto, con la voz tensa y el ceño fruncido.

se dio la vuelta para alejarse, pero Doriam lo atrapó por la espalda y lo abrazó.

Doriam—Acepto tus disculpas —añadió con suavidad—. Además, una bala no puede hacerme nada.

Mithar chasqueó la lengua.
—Sí, sí, sí… como sea, “invencible”ya suéltame…

Doriam sonrió con picardía.
Doriam—¿Sabes, que te ves lindo cuando te enojas?

Le dio un beso suave en la mejilla.

Mithar quedo en shock, con las mejillas ardiendo.

Mithar—¿Qué clase de fetiche es ese…?

la tensión en sus hombros se relajó un poco.

Sin esperar respuesta, Mithar se dirigió a la tienda. Doriam lo observó alejarse… y no pudo evitar sonreír un poco.

Apenas cruzaron la puerta, una campanilla sonó suavemente.

—Hombre… —dijo el dueño desde detrás del mostrador—. Si no es Mithar. Pensé que te habías perdido.

Mithar alzó la mirada y una media sonrisa le cruzó el rostro.

Mithar—Sigo vivo, por ahora.

—Hace rato que no te veía por aquí —comentó el hombre—. ¿Qué buscas hoy?

—Algo pequeño —respondió Mithar.

El dueño asintió.
—Como en los viejos tiempos.

Doriam observaba en silencio, notando que ambos se hablaban con familiaridad. No era la primera vez que Mithar entraba a ese lugar… eso era evidente.

El dueño abrió una vitrina y sacó varias armas compactas.

—Estas son las más manejables. Discretas, fiables.

Mithar tomó una, la examinó con cuidado y asintió.

Mithar—Esta está bien.

Doriam respiró un poco más tranquilo.

Pero entonces, mientras Mithar se apoyaba en el mostrador, sus ojos se desviaron hacia el fondo del local.

Allí, colgada en la pared, vio otra.

Algo en ella le llamó de inmediato la atención.

Sus ojos brillaron como si estuviera viendo algo que siempre había deseado. Por un instante, todo lo demás dejó de importar.

Mithar—¿Y esa? —preguntó, señalándola.

El dueño siguió su mirada.

—Ah… esa no es precisamente pequeña.

Mithar—¿Cuánto cuesta?

Doriam giró hacia él de inmediato.

Doriam—Lior, ya es suficiente con las pequeñas.

Mithar ni siquiera lo miró.
—Solo pregunto.

Doriam—Eso no suena a “solo pregunto” —replicó —. Dijiste que querías algo sencillo.

Mithar—Lo sé, pero…

El dueño los observaba en silencio, con una ceja levantada, divertido.

—Es buena —dijo—. Muy buena.

Mithar la miró un segundo más… y luego otro.

Mithar —La quiero.

Doriam abrió la boca para protestar, pero se detuvo.

—Lior…

Mithar —Shh —dijo él, sin mirarlo—. Calla.

Doriam lo observó unos segundos y luego suspiró, resignado.
Doriam—…Eres imposible.




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