Doriam no sabía qué decir. Se estaba quedando sin aliento; la niebla seguía consumiéndolo y apenas era consciente de ello.
Doriam —Yo… —murmuró, mirando a Asaemon con duda, exhausto—. No confío en ti.
Asaemon —No tienes que confiar —respondió Asaemon con calma—. Solo decidir.
Mientras todo eso ocurría, Mithar corría sin rumbo, con el aire frío quemándole los pulmones y la niebla cerrándose a su alrededor como un cerco.
¿Dónde estás…?
¿Dónde te metiste, Doriam…?
Cada calle, cada sombra, cada sonido le parecía una pista falsa. El miedo le apretaba el pecho, pero no se detenía.
A lo lejos, entre la bruma, lo vio.
Mithar —Doriam…
Al principio sintió alivio, pero algo no estaba bien.
Doriam no caminaba. No reaccionaba. La niebla lo rodeaba de una forma extraña, como si lo estuviera apretando, consumiéndolo. Y frente a él… vio a Asaemon.
¿Quién es ese? ¿Qué le está haciendo?
Un escalofrío le recorrió la espalda…
Doriam abrió la boca, dudando si decirlo o no.
Doriam —Déjame pe… —
¡BANG!
El disparo rompió el silencio.
Asaemon giró cuando la bala rozó su cabeza, arrancándole un fragmento de piel de la oreja.
Doriam reaccionó al instante.
—¡Mithar!
Asaemon lo miró con frialdad. Por un instante, la niebla se volvió más densa, más opresiva… el clima pareció inclinarse hacia la furia.
Asaemon —Eso fue imprudente —dijo Asaemon, con voz controlada.
Doriam —No hagas algo de lo que vayas a arrepentirte.
Asaemon se contuvo, cerró los ojos por un segundo.
La niebla se estabilizó.
Asaemon —No he venido a matarlos —dijo—. Pero eso no significa que me agrade que me disparen.
Su mirada volvió a Doriam.
Asaemon —Piénsalo bien —dijo—. Mi oferta sigue en pie.
Doriam apretó los puños.
Asaemon retrocedió un paso, fundiéndose poco a poco con la niebla.
Asaemon —Cuando estés listo, lo sabré.
La niebla comenzó a disiparse lentamente.
Cuando Mithar llegó hasta donde estaba Doriam, notó algo extraño en él, algo distinto.
Se acercó y le tocó la espalda.
Mithar —Oye… ¿qué estaba pasando? —preguntó, aún en guardia.
Doriam se volteó. La atmósfera pesada y oscura que lo rodeaba había desaparecido, y ahora parecía tranquilo, casi aliviado, como si nada hubiera ocurrido.
Mithar —Hey… ¿qué te estaba diciendo ese bicho loco? —preguntó Mithar.
Doriam —Nada… solo amenazas —respondió Doriam, con un tono calmado que no coincidía con el caos que sentía por dentro.
Mithar —Ah… ya veo.
Entonces Doriam notó la herida en el brazo de Mithar.
Doriam —¿Pero qué te pasó? —dijo, tomándole el brazo con preocupación.
Lo sostuvo con cuidado, examinando qué tan profunda era la herida.
Doriam —Cada vez que te veo, siempre tienes una herida nueva —murmuró, con una mezcla de reproche suave y angustia.
Mithar —No es para tanto, no exageres —respondió Mithar, apartando el brazo.
Doriam bajó la mirada por un segundo. Las palabras de Asaemon regresaron a su mente:
“Cada paso que das a su lado lo expone más. Y esta niebla… esto es solo un adelanto.”
Las palabras de Asaemon resonaban en la mente de Doriam, clavándose como espinas.
¿Y si tiene razón…?
¿Y si solo por estar conmigo, Mithar siempre corre peligro…?
Apretó los puños, luchando contra ese pensamiento.
Mithar —Doriam… te noto algo desanimado.
¿Acaso se te metió mucha neblina en la cabeza?
Doriam levantó la mirada hacia Mithar.
Doriam —Gracias… —dijo en voz baja—. Por venir por mí. Por salvarme.
Mithar lo miró de reojo.
Mithar —¿Y tú qué crees? ¿Que te iba a dejar tirado? —respondió, con ese tono seco de siempre—. No digas tonterías.
Doriam dejó escapar una pequeña sonrisa, pero no alcanzó a ocultar la inquietud en sus ojos.
—Vámonos de aquí… estoy agotado —murmuró Doriam, apoyándose en el hombro de Mithar.
Mithar —Ah, ¿con que sí se te metió humo en esa cabeza, eh?
Doriam no respondió; en cambio, se apoyó más, dejando caer todo su peso.
Mithar —Hey, espera… no hagas eso. Pesas demasiado.
¡NO! ¿Acaso quieres dejarme tirado en el suelo?
Al llegar al carro, ya se estaban preparando para irse. Doriam insistía en manejar, preocupado por la herida de Mithar.
Doriam —Yo manejo, Lior.
Mithar —No es necesario.
Doriam —Pero si sigues moviendo el brazo, se va a abrir.
Mithar —Te estoy diciendo que estoy bien. No me duele tanto.
Doriam —Que no te duela no significa que esté bien. No te duele porque el collar está haciendo efecto, pero sigue siendo una herida gra—
Mithar puso su mano en el rostro de Doriam para interrumpirlo.
Mithar —No necesito tu lástima. Estoy bien. Además, tú estabas agotado desde hace rato… sea lo que sea que te metió esa cosa…
Ya se había hecho de noche. Doriam no pudo resistirse y se quedó dormido a mitad del viaje, respirando tranquilo a su lado.
Mithar seguía despierto, aunque el cansancio le pesaba en todo el cuerpo. No quería detenerse. Solo pensaba en lo ocurrido, en la herida, en lo cerca que habían estado de algo peor, y en cómo Doriam siempre parecía cargar con más de lo que decía.
Parpadeó varias veces, sintiendo cómo el sueño intentaba vencerlo. No ahora… pensó.
Cuando estuvo a punto de quedarse dormido al volante, decidió orillarse en una gasolinera para cargar combustible. Bajó del carro y se pasó la mano por los ojos, intentando despejar su mente y alejar el agotamiento.
Mientras tanto, un escalofrío le recorrió la espalda. No podía explicarlo, pero sentía con claridad que algo —o alguien— lo estaba observando.
Miró a su alrededor. El viento soplaba con más fuerza de lo normal, agitando los árboles y levantando polvo del suelo. La gasolinera estaba extrañamente vacía… y el empleado no se veía por ningún lado.
Eso le pareció raro.
Entonces, un trueno retumbó con fuerza, tan cerca que hizo vibrar el aire.