La promesa que nunca hicimos

Una mentira piadosa

UNA MENTIRA PIADOSA

Año 2017

 

Alexander:

La observe durante una hora.

Estaba dormida, con la boca ligeramente abierta, su respiración fuerte y constante. La sentía viva a mi lado. ¿Lo bueno? Me sentía completo teniéndola de nuevo donde debía estar ¿Lo malo? Eva.

Era feliz con mi novia, la conocía desde ya unos meses y nos llevábamos a la perfección en mucho sentidos. La tenía cerca y no había modo de perderla con facilidad. Tenía miedo de amar. Desde que ame a Mia, mi corazón sufrió un lapso de desconfianza masiva. Ella me prometió amarme, amarme con un signo de infinito tatuado en nuestros corazones.

Esa promesa fue rota el día que se marchó de mi lado. Entendí que su hermano había estado en un accidente fatal y que su familia la necesitaba. Entendí que debía dejarla marchar pero cuando se largó de esta isla se llevó mi corazón con ella.

Era orgulloso y jamás dije nada, actué en casa como si no estuviera rompiéndome por dentro. Todos estos seis años espere a verla de nuevo y que nuestro amor imposible se volviera posible. Después de cinco años soñando que ella regresaría a mí, mi paciencia y mi esperanza se esfumo. La distancia era difícil a pesar que cada noche esperaba hasta el amanecer para saludarla en Skype. Deje de dormir para pasar horas hablándole. Skype se volvió mi maldita obsesión y me di cuenta que incluso lograba combatir mi timidez al tenerla cerca.

Mi vida cambio, me sentía más seguro. Lo mas extremo es que la necesitaba malditamente cerca y no podía tenerla. Era estúpido porque incluso ahorraba para ir a verla y al final algo pasa y jamás iba. No creo en el destino pero algo nos alejaba siempre que lográbamos estar cerca de nuevo.

Mia se removió un poco, la acerqué a mi pecho para sentirla una vez más antes que se despertara y este momento mierda que estaba amando desapareciera. ¿Qué era lo que tenía Mia que me hacía reaccionar de forma incorrecta siempre?

Mi novia, Eva, estaba en mi maldita cama y yo le di la estúpida escusa de estar con Adria, mi primo. Eva se iba hoy en la mañana de regreso a Atenas y no la vería hasta en un mes que tuviera descanso otra vez o que yo pudiera viajar a Atenas. Aun así estaba aquí, abrazando a Mia en la cama en la que tanto soñamos juntos.

—¡Tengo calor! —dijo Mia causando que me riera. Ella siempre tenía calor.

—Está muy caliente afuera, bebe.

La sentí tensarse ante mi respuesta. Estaba siendo demasiado dulce con ella y hace mucho que no lo era. Bueno, en Skype habían veces que se me iba un bebe o cariño o alguna que otra palabra dulce.

—¿Y si no me quiero mover a pesar del calor? —respondió sin moverse.

—No te muevas. Quédate aquí, justo a… —mi teléfono comenzó a sonar. Mia se tapó la cara, un poco frustrada por la interrupción.

Me separe de ella, de mala gana. Observe el teléfono y vi Eva en la maldita pantalla. Maldije en mi mente por la estupidez que estaba haciendo. ¿Por qué me quede con ella? ¿Por qué no la deje que se fuera con Adria?

Conteste.

—Llego en dos minutos.

—¿Estás seguro? ¿No te quieres quedar con tu primo? —ella era demasiado comprensiva. Si tan solo supiera.

—No ahora llego. Dos minutos —repetí —. Besos.

Mia ya estaba de pie. Jugando con sus dedos de una manera nerviosa. Su parte consiente se estaba sintiendo mal por lo que había pasado, sabía que tenía novia y lo mucho que yo quería serle fiel. Pero la única infidelidad que estaba teniendo era lo mucho que deseaba a otra mujer que no fuera ella.

—No hicimos nada, Mia, relájate.

—Pero dormimos juntos. Nos abrazamos y… ¡Dios! Lo siento tanto Alex.

¿Qué diablos sentía? Ella no había tenido la culpa de que quisiera abrazarla durante toda la noche hasta que mis brazos estuvieran dormidos. Prefería pasar todo el tiempo que podía tomándola en mis brazos que no haciéndolo.

—Necesito ir a dejarla al bus que va al aeropuerto ¿Puedes prometerme que te quedaras aquí y hablaremos de esto?

—¿Hablar de qué? Tú mismo lo dijiste, no pasó nada. Ni un beso, solo un abrazo.

—Un abrazo muy largo que involucro lágrimas.

Ella había comenzado a llorar cuando le dije que sentía haberla dejado que se fuera, pero que siempre la había esperado, hasta este verano que la deje ir y miren como paro todo.




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