Cuando Kristhel y su amiga Jared Duker volvieron a casa, encontraron a Andrea saliendo de la cocina.
—¿Qué haces aquí, mamá? ¿Por qué saliste temprano? —Jared no se había percatado del hombre sentado en la sala. En cuanto a Kristhel, ella sí lo había visto.
Pasando gruesa saliva, se sostuvo del hombro de su amiga, la regresó a ver y, cuando se dio cuenta del pálido rostro de Kris, dirigió la mirada hacia donde estaba centrada la de esta.
Mauro se levantó y Kris tembló.
—Es él, Jared, el hombre que me quería llevar con Jacinto —gritó, agarrando un florero y lanzándoselo a Mauro.
El investigador se cubrió con las dos manos y Jared agarró la escoba y empezó a golpearlo. Logró darle un golpe en la cabeza que lo dejó aturdido.
Todo pasó en fracción de segundos, tanto así que Andrea no tuvo tiempo de reaccionar y evitar que las dos jóvenes golpearan a Mauro.
—¡Basta! —gritó al momento en que Jared alzaba la escoba para terminar de estrellarla en la espalda de Mauro—. Deja eso en su lugar —exigió Andrea. Se inclinó a ayudar al hombre.
Jared aún tenía la escoba alzada. Miró a Kris, que no despegaba la mirada de Andrea. Por un momento pensó que la madre de su amiga se había confabulado con ese hombre.
—Este hombre trabaja para tu madrina Marlín —explicó al dejarlo en el mueble.
—¿¡Mi madrina Marlín!? ¿Ella me está buscando?
—Sí, estuvo en el restaurante buscándote poco tiempo después de que te vinieras. Estábamos por llegar cuando su esposo llegó y se la llevó, pero mandó a este hombre para que te lleve hasta ella —explicaba mientras agarraba alcohol y algodón y colocaba en la nariz de Mauro.
En ese momento llegó Diego. Al ver aquel desorden y un hombre sobre el mueble, frunció el ceño.
—¿Qué pasó aquí?
—Espérate, amor, ya te lo cuento.
Una vez que Mauro reaccionó, se quejó:
—¿Quién fue? ¿Quién me golpeó? —Llevó su mano a la cabeza y sintió el chichón como si fuera un volcán. Al abrir sus ojos, vio a Diego—. ¡Así de feo son los ángeles!
—Está delirando —explicó Andrea.
—¿Qué le pasó? Mejor dicho, ¿qué hace ese hombre en mi casa? ¿Y por qué está todo esto así?
—A ti te conozco —susurró Mauro—. Eres el jardinero de Marlín.
—Sí, yo también recuerdo haberlo visto en la mañana en casa de la señora Marlín, pero no entiendo qué hace en mi casa. Y golpeado de esa forma.
—Vino por mí —explicó Kris.
—Y yo lo golpeé porque creí que se quería llevar a mi amiga para entregarla al malvado de su padre.
Diego rascó su cabeza.
—Yo te explico, amor —Andrea se levantó—. Kristhel es la ahijada de Marlín Brenes. Este señor es el investigador que contrató para que busque a Kris. Llegó al restaurante y mi jefe me pidió que lo trajera a casa. Estábamos esperando que Kris llegara porque había salido con Jared, y cuando estas dos niñas llegaron lo molieron a golpes porque creían que trabajaba para Stephens.
—No trabajo para Stephens. ¿Por qué creen que trabajaría para él? Y peor aún, ¿llevaría a esta niña con ese hombre?
—Porque…
Kris evitó que su amiga hablara. Ella sentía vergüenza de que las personas supieran quién la engendró.
—¡Lo siento, señor! Si hubiera sabido que trabajaba para mi madrina, yo no habría huido.
—No me dejaste decirte —reprochó al sobar su chichón que dejó el golpe en su cabeza—. Necesito que vengas conmigo. Tu madrina espera en la casa.
—¿Por qué no vino ella? —inquirió Diego.
—Por problemas personales no pudo estar aquí —manifestó Mauro.
—Si en verdad Kristhel es ahijada de la señora Marlín, yo la llevaré. Kristhel no confía en usted ni nosotros tampoco. ¿No fue usted el mismo que la interceptó en la playa de la laguna?
Mauro asintió, recostando su cabeza en el mueble.
—Soy el mismo. Si aquella noche no hubiera huido, nadie hubiera golpeado mi cabeza —se quejó.
—No iré —dijo Kristhel. Seguido dio media vuelta y se fue a su habitación.
—¡Disculpen! —pidió Jared.
Fue tras su amiga, abrió la puerta y la encontró sobre la cama sollozando.
—Kris, ¿por qué no quieres ir? Me has contado lo maravillosa que es tu madrina. Quizás estando con ella ya no tengas que trabajar y, sobre todo, estarás más protegida. Tu papá no podrá encontrarte.
—¿No te das cuenta, Jared? Irme con mi madrina implica volver a ver a Arvid… y en los brazos de otra mujer. ¿Cómo podría vivir bajo su mismo techo? No soportaría ni un segundo verlo con otra. Creo que moriría de dolor.
—Quizás cuando te vea recuerde aquel amor que sentía por ti. Y si no, pues le das una patada en el trasero y sigues como lo has hecho hasta hoy —agarró las manos de su amiga—. Lo importante es que no estés desprotegida. Aunque papá y mamá te protegen, ellos no podrán hacerlo si algún día Jacinto Stephens se presenta en nuestra casa con su escuadrón.
—Es imposible que Arvid vuelva a amarme. Ella es muy linda y él se ve muy enamorado. Incluso ya hasta se ha de haber casado. ¿Te acuerdas que te dije que le propuso matrimonio?
•••
Mientras Arvid se dirigía a por Kristhel, recibió una llamada de Camila.
—Hola —se preocupó cuando la escuchó gritar—. ¡Cami! ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?
—Gordo, puedes venir por mí al hospital.
—¿Qué haces en el hospital?
—Tuve una caída, me fracturé el tobillo —dijo al soltar otro grito—. ¡Más despacio, idiota! —reprendió al enfermero.
Arvid suspiró, dio media vuelta y se dirigió al hospital. Las peticiones de su novia eran más importantes que cualquier otra cosa. Para él, Camila Bruce era la segunda persona más importante en su vida, después de su madre.
Al llegar al hospital estacionó el auto, de inmediato bajó e ingresó dando zancadas largas y rápidas. Al momento que Camila lo vio, formó un puchero y le extendió la mano. Arvid le dio una mirada rápida al pie.
—¿Es grave? —preguntó al doctor.
—Estará unas semanas sin poder asentarlo —explicó el doctor. Seguido salió dejándolos solos a los dos.
Editado: 26.02.2026