Al llegar, Marlín se despidió con un beso en la frente de su hijo. Mientras su madre bajaba, Arvid giró el rostro para ver a Kris. Ella le daba la espalda; su mirada estaba centrada en el enorme instituto.
—¿Quieres que pase por ustedes?
—No, cariño. Como ves, ya tenemos chofer —tras el auto de Arvid se estacionó un coche con dos de los hombres que vigilaban a Marlín cada vez que salía.
—Ok, mamá —Arvid suspiró—. Chao, Kris.
Ella miró a su madrina; esta le sonrió y le acarició el cabello. Luego Arvid encendió la marcha y se perdió por la autopista. Llegó a la laguna, se estacionó y esperó a su amigo.
—¿Estás bien? —Arvid negó. Frederick se sentó a su lado—. ¿Es por lo que sucedió hace unas horas? ¿Vas a dejar de ser mi amigo por ser el sobrino de Jacinto Stephens?
Arvid frunció el ceño. Había escuchado antes ese nombre, pero no recordaba de dónde, y la verdad es que tampoco le importaba. Él no entendía por qué su padre no quería que se amigara con un Stephens.
—¿Qué hay con que seas sobrino del tal Stephens?
—Bueno, tu padre es el enemigo de mi tío. Ellos llevan una rivalidad desde hace años, desde que Clementina, la mujer de mi tío, se metió con Sergio.
—¡Clementina! Esa mujer es la causante de todo esto. Es tan fastidiosa como su hijo —Arvid suspiró—. Pero los problemas que ellos tengan no deben interferir en nosotros —miró a su amigo—. Fred, eres mi amigo y creo que el único verdadero que tengo. A mí me importa un carajo lo que Sergio diga. Pronto tomaré la presidencia de la empresa. Me preparé cuatro años para lograr tener los estudios necesarios y que no se posponga más años de los que el abuelo acordó. Y una vez que eso suceda, Sergio Mehmet no tendrá ningún poder sobre mí.
—Pero… ¿falta el matrimonio para que todo sea tuyo y tu padre no tenga nada que ver? El heredero también.
Arvid volvió a suspirar.
—No te lo había contado, pero le pedí matrimonio a Camila Bruce.
—No, no me digas. ¿Es en serio? ¿Por qué a ella?
—Me gusta —dijo centrando la mirada en el agua—. Estaba seguro de que podía ser la mujer perfecta para convertir en mi esposa.
—¿Estabas? ¿Por qué esa palabra? —lo miró expectante esperando que dijera algo, pero Arvid no dijo nada—. ¿Acaso ya no lo estás?
Arvid lo miró.
—¿Tuviste alguna novia en tu infancia o adolescencia?
—Muchas —dijo al acostarse—. Pero ninguna me robó el corazón. Todas eran unas locas y, cuando se enteraban de que era sobrino de Stephens, me dejaban —sonrió.
Arvid también se acostó y centró la mirada en las nubes.
—¿Y tú? Tú dijiste tener una novia en un pueblo, de la cual solo me hablaste el primer mes.
—Ella está aquí —suspiró—. Llegó a mi casa hace dos días.
Frederick se sentó.
—No jodas, cabrón. O sea que vinieron a buscarte. ¿Y ahora? ¿Cómo le vas a hacer para cumplir la promesa si ya le pediste matrimonio a Camila? ¿O piensas casarte con ambas como lo hacían nuestros antepasados? —se burló Fred, y Arvid le lanzó arena en el cuerpo.
Seguido se levantó y sacudió su espalda y trasero.
—¿Por qué mejor no le pediste matrimonio a ella? La Bruce está muy recorrida —continuó Frederick—. A mí se me hace que solo la vas a usar.
Arvid le lanzó una patada en el aire, la cual hizo saltar a su amigo.
—Nada de eso —dijo sacudiendo sus manos.
—No te escucho muy convencido —bebió de un refresco y se lo pasó a Arvid.
—Kris me odia. Ella no quiere saber nada de mí.
—¿Por qué? ¿Acaso ya se enteró de lo de Camila? —mientras bebía, asentía.
—Me vio en la tele con ella. Rompí su corazón.
—¡Eres un desgraciado! —ambos rieron—. Así romperás el corazón de la Bruce.
Mientras daban un paseo por la playa de la laguna conversaban.
—¿Entonces se te removió todo? —Arvid asintió—. Tengo que conocer a esa Kris para darte mi opinión —hablándole serio, Arvid se detuvo.
—Kristhel Randall. Es la niña más tierna que pude conocer… al menos era así hasta que salí de allá.
—¿Cómo dices que se llama?
—Kristhel Randall —ese apellido le sonaba a Frederick, pero no recordaba de dónde. Fue tras su amigo. Al llegar le dio una patada en el trasero. Empezaron a correr como dos adolescentes.
Por otro lado, Kristhel logró ingresar al instituto. Faltaban pocos meses para que se terminaran las clases. Aunque ella quería seguir estudiando en el mismo colegio que su amiga, su madrina la convenció de que terminara los estudios en un colegio más avanzado.
Kris caminó junto a la directora; esta la dejó en un salón de clases.
—Buenos días, soy Kristhel Brenes —ese era el apellido que usaba en cualquier lugar donde estudiaba. Cuando Kris nació, fue inscrita por Marlín Brenes; era ella la que contaba como su madre. Era por eso que Jacinto Stephens jamás pudo dar con Magda, no hasta que el doctor que la ayudó a escapar se lo dijo antes de morir.
—Toma asiento, Kris —ella se sentó en el único asiento vacío que había, junto a un chico de lentes y cabello oscuro. Él la miró sorprendido; creyó que ella pediría otra banca para sentarse. Kris le regaló una sonrisa y él evadió la mirada, sonrojado.
Cuando llegó la hora de receso, todos salieron corriendo. Kris se levantó y le hizo la plática antes de que saliera.
—¿Me hablas a mí? —Ella miró alrededor.
—Sí, no hay alguien más aquí —dijo al caminar.
Él sonrió y negó.
—¿Qué te causa gracia?
—Que me hables. Aquí nadie quiere ser mi amigo —dijo saliendo.
—¿Por qué? Me pareces un buen chico.
Marcus levantó una ceja y continuó saliendo. Ella fue tras de él. Era su primer día; no quería pasarlo aburrida, mucho menos sola. Al menos quería hacer amistad con él porque le pareció de confianza. Lo pasó persiguiendo por todo el instituto hasta que se sentó en una de las mesas del comedor y dijo:
—Tengo VIH.
Kris se quedó gélida porque aquel chico se veía sano por fuera.
Editado: 26.02.2026