La Promesa Que Olvidó

Capítulo 19

Clementina hizo fuerte presión en el brazo de Kris. Ella miraba a esa mujer con el ceño fruncido, no comprendía por qué tanto agravio si solo se había defendido.

—¡Suficiente, mamá! Estás lastimándola.

—Ella lastimó a tu prima —señaló a Camila—. Mira nada más cómo hizo que se lastimara el tobillo.

—Yo solo me defendí —replicó mientras sobaba su muñeca adolorida—. Ella me atacó —Kris miró a Daniel.

—A ti no te enseñaron a respetar a tus jefes, insolente. ¿No sabes que ella es la prima del dueño? Por lo tanto, merece el mismo respeto que yo o mi hijo. ¿Crees que puedes ponerte al mismo nivel de nosotros? —la miró de arriba abajo—. No eres nadie.

Los ojos de Kris picaban. Ella era muy sensible; no siempre lloraba porque le doliera, sino de la impotencia que sentía al ser juzgada sin motivo alguno. Y esa mujer la estaba juzgando solo por defenderse. ¿Qué quería? ¿Que se dejara golpear? ¿Que aquella mujer trapeara el piso con ella? Eso sí que no pasaría. Era muy tolerante en algunas cosas, pero tampoco podía dejarse pisotear por Camila Bruce.

—Kris, continúa con tu labor —dando media vuelta, se fue.

—¿No la piensas echar? —Camila se enfadó más.

—No, porque no hizo nada.

—Estás viendo, tía: es la segunda vez que esa mujer hace algo en mi contra y tu hijo prefiere ponerse de parte de ella.

—Tú la atacaste. Lo vimos por las cámaras. No quieras hacerte la inocente, porque conmigo eso no va.

—Dany…

—Mamá, escucha: no puedes hacer lo que hiciste. Humillar a las personas por no tener tu mismo estatus social es tan repudiable ante mis ojos que me da vergüenza que lo hayas hecho, más cuando viste que fue Camila quien la atacó. Kris solo se defendió —Clementina estaba asombrada porque era la primera vez que Daniel le hablaba en ese tono, y más aún por una simple empleada—. Espero que no se vuelva a repetir. En mi presencia no, menos a mis empleados —se fue, dejando a su madre perpleja.

Camila texteaba mientras Clementina se sentó frente a ella.

—¿Te duele? ¿Cómo te lastimaste?

—Estaba en los ensayos y uno de mis zapatos me falló —dejó el teléfono a un lado—. Estoy bien, no te preocupes, tía.

—¿Quieres que te lleve a casa? —negó.

—Arvid viene por mí. Esperaré por él.

—Hasta que él llegue, hablemos. ¿Por qué atacaste a esa muchacha? ¿De dónde la conoces?

—Es una zorra que anda queriéndome quitar a mi novio, una arrastrada que no sé de dónde salió, pero está viviendo en casa de los Mehmet. Según dijo Arvid, es la hija de la mejor amiga de Marlín.

—¿Marlín Brenes?

—¿Cuál otra Marlín? ¿No es Marlín Brenes la madre de mi Arvid? —Camila suspiró y miró hacia la puerta. Arvid le había dicho que estaba cerca y que pasaría por ella, pero ya habían pasado algunos minutos y aún no aparecía.

—Entonces, está en casa de los Mehmet.

—Ya te dije que sí. No sé cuál es tu interés en esa zarrapastrosa. No quiero seguir hablando de ella; me cae como patada al hígado.

Arvid llegó, recorrió la mirada por el lugar esperando ver a Kris. Cuando sus ojos captaron a las dos mujeres sentadas, una de ellas le provocó cólera. Arvid dio media vuelta y pidió a uno de sus hombres que fuera por Camila; él se introdujo en el coche.

—¿Por qué no entraste por mí? —habló con voz chillona.

—Había alguien desagradable frente a ti, así que me evité la fatiga de calarme su presencia —la miró—. ¿Qué fue lo que te pasó?

—Esa zarrapastrosa…

—¿Te refieres a Kris? —no dijo nada—. Camila, espero que no se vuelva a repetir la forma en que te expresas hacia ella.

—¿Por qué la defiendes? —Arvid cerró los ojos y se recostó en el espaldar—. Ella me empujó, me hizo lastimar el tobillo. Está de testigo la tía Clementina, Dany y todos los empleados, y aún así quieres que me dirija a ella de la forma más amable.

—¿Y qué viniste a hacer aquí? ¿No se supone que deberías estar en casa por cómo está tu pie? ¿Qué fue lo que hiciste para que ella reaccionara así?

—Gordo… me lastima que pienses que fui yo la que buscó el problema. Estaba aburrida, decidí salir y comer en el restaurante de Dany.

—¿Por qué justo en este? Hay uno en el centro. ¿No crees que te quedaba más cerca?

—¿Estás insinuando que vine exclusivamente a buscar problemas? ¿Es eso?

—Conozco a Kris desde que nació. Ella jamás ha sido una persona agresiva; siempre fue noble, tierna, nunca peleó con nadie.

—Hablas de ella como si… como si fuera una santa, y no lo es. Ella me agredió y no sé por qué. Tal vez se siente celosa de que sea tu novia.

Sin ganas de seguir discutiendo, Arvid le pidió al chofer que les llevara a casa de la madre de Camila.

—Mamá no está ahí, se fue de viaje. No hay quien cuide de mí.

—Entonces, ¿dónde piensas quedarte?

—Puedo quedarme en tu casa —formó un puchero—. Gordito, déjame quedar en tu casa.

El teléfono de Arvid sonó. Ignoró los besos que Camila le daba por el cuello.

—Ok, en unos minutos estoy ahí —Arvid cerró la llamada—. Theo, déjame aquí.

Camila se alejó y lo miró.

—¿Por qué? ¿Dónde vas? —rascando su sien, Arvid susurró:

—Tengo una reunión con el abogado. Era en la mañana, pero a él le surgieron unos asuntos y no pudimos reunirnos. Lo haremos ahora.

—¿Qué pasará conmigo?

—Theo te llevará a casa. Estarás ahí por hoy. Ya veo si consigo una empleada para que cuide de ti en tu departamento.

Camila quiso objetar algo, pero Arvid le dio un beso rápido y se bajó. Tomó un taxi y se dirigió al local donde se encontraba Deeren.

—¿Qué es eso importante que tienes que decirme? —preguntó mientras se acomodaba frente al abogado.

—Arvid, Sergio está organizando un complot hacia ti. Está ganándose a los socios.

—No pueden hacer nada. Soy el socio mayoritario. Aunque Sergio sea mi albacea, todo es mío.

—Sí, pero si llegada la hora de recibir la presidencia no has madurado, los socios no arriesgarán dejar la presidencia en tus manos.




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