Al día siguiente me levanté con el cuerpo adolorido. Tal parecía que había recibido una tunda la noche anterior. Cómo la mañana anterior, me vestí y me dirigí hacia el comedor seguida de Gérard.
—Sé qué te pasaba anoche —comentó Gérard mientras bajamos a desayunar.
Su comentario me hizo detenerme. Respiré hondo y me di la vuelta hacia él.
—¿Ah sí? —dije intentando aparentar frialdad.
Gérard dio un paso adelante, tratando de intimidante, pero no caería. Antes, solía bajar la mirada cuando mi guardia quería intimidarme. Ya no lo hacía. Lo miré a los ojos de manera desafiante, mientras mi corazón se aceleraba esperando la respuesta.
—Estabas llorando por William —Abrí los ojos como platos, mientras sentí que escocían—. Fui a tu habitación por ello. Quería asegurarme que no lo vieras, pero llegué tarde —susurró. En sus ojos más que desafío, vi compasión y no me gustó. No necesitaba su lástima, ni tampoco piedad.
—Estás diciendo tonterías —respondí dedicándole una mirada asesina—. William ya es historia —añadí dándome la vuelta para marcharme hacia el comedor.
Caminé a toda prisa mientras sentía la sangre arder dentro de mis venas. Detrás de mí oía los pasos de Gérard y me recordaban sus palabras
Entré en el comedor tratando de serenarme. Hice una reverencia a los reyes y al príncipe, antes de tomar mi lugar. Desayuné en silencio mientras aún trataba de calmar.
—Susan —levanté mi mirada del plato al escuchar la voz de la reina—. Hoy tendremos una entrevista en la tarde para una de las cadenas de televisión más importante de nuestro país para hablar del compromiso.
Mentiría si no admitiera que me aterraba solo de pensar en los reporteros. La mayoría de mis últimas experiencias no habían sido las mejores. Necesitaba que esta vez fuese perfecta, sería mi primera entrevista en Jazrera.
—Está bien —asentí con la cabeza.
—Bien. La entrevista se realizará en dos horas. Tus doncellas te ayudarán con el maquillaje y peinado —añadió la reina.
Luego del desayuno me dirigí a mi habitación para arreglarme. Dos horas era muy poco tiempo, pero debía bastar. Escogí un vestido de un color verde oscuro con mangas cortas, que llegaba hasta la rodilla.
A falta de tiempo, pedí ayuda a mis nuevas criadas, quienes resultaron ser más audaces de lo que imaginaba. Me peinaron y maquillaron en un corto periodo de tiempo.
—Milady, la esperan en el salón del segundo piso —anunció una criada entrando en la habitación.
—Está bien —respondí con un asentimiento de la cabeza—. Bajo enseguida.
Cuando la puerta se cerró nuevamente, me giré hacia el espejo para arreglar un poco la coleta alta que tenía hecha y los tirabuzones que caían a los lados de mi rostro.
«Eres la futura princesa, Susan. Hoy no puedes equivocarte», me dije mirándome a los ojos a través del reflejo.
Por primera vez saldría en televisión después de mi ruptura y todo debía salir perfecto, porque no permitiría una nueva burla contra mí.
Bajé hacia el segundo piso, dónde ya esperaba la familia real y los camarógrafo, además del entrevistador. Este último hablaba con uno de los camarógrafos, pero cuando sus ojos se posaron en mí, se alejó del cámara para acercarse a mí.
—Lady Susan —saludó el presentador extendiendo su mano hacia mí. Le ofrecí mi mano, que tomó para dejar un beso en el dorso—. Es un placer conocerla. Es usted más hermosa que en fotos.
—Gracias —respondí con una sonrisa fingida.
A continuación, me acerqué a la familia real, que estaba sentada en los sillones a la espera de comenzar la entrevista. El rey y la reina estaban en uno de los sillones mientras el príncipe esperaba en otro. Tomé asiento junto al príncipe Kerrim, quien llevaba puesto un traje azul marino.
—Estás muy bella —comentó Kerrim mientras sus ojos me examinaban.
Me sonroje ante el comentario.
—Gracias —dije casi en un susurro.
—Susan, es usted una belleza —dijo la reina haciendo que me sonrojara aún más.
—Gracias, reina.
Después de unos minutos, la entrevista comenzó, la misma se realizaría en vivo. Mientras el entrevistador comenzaba a hablar acerca de nuestro compromiso, mis manos apretaban el vestido y casi contuve la respiración.
El entrevistador habló un poco acerca del compromiso como un evento político y ambos reyes hablaron acerca de lo que significaba está alianza tanto para Frionia como para Jazrera.
—Bueno, ahora, me gustaría hablar con los novios —dijo el entrevistador girándose hacia nosotros— ¿Qué creen de esta unión?
—Bueno, a pesar de ser un matrimonio arreglado, estoy feliz que mi matrimonio sea con esta dama tan encantadora —respondió Kerrim dedicándome una mirada y yo sonreí.
El príncipe hasta ahora había sido un caballero y esperaba poder tener un buen matrimonio con él.
—¿Lady Susan cómo toma este matrimonio después de su ruptura con el príncipe William? ¿Fue fácil cambiar de prometido? —preguntó el entrevistador. Mi corazón se detuvo ante aquella pregunta. ¿Cómo se atrevía a preguntar eso?
Mis ojos se fueron hacia Gérard, que me miraba desde una posición alejada de las cámaras. Nuestras miradas se encontraron y pedí auxilio de manera silenciosa, lo que hizo que Gérard diera unos pasos en mi dirección, mientras sus labios se convertían en una fina línea.
—¿Por qué se rompió su compromiso, Lady Calet? —insistió el presentador.
Mi sangré pareció irse enfriando dentro de mí y comenzaba a pesar a través de mis venas. Me costaba respirar mientras mis pulmones parecían comprimirse.
—Es suficiente —escuché que decía el príncipe a mi lado—. No más preguntas. Apaga la cámara inmediatamente —ordenó hacia los camarógrafos.
Dirigí mi mirada a las cámaras hasta que vi cómo se apagaban, solo entonces me permití ponerme en pie con las fuerzas que aún me quedaba.
—Ni usted, ni nadie más, puede preguntar algo tan privado —dije mientras intentaba mantenerme serena y en pie—. Pagará muy caro por esto —agregué antes de darme la vuelta.