La prometida del magnate

¡ESTO ES UNA INFAMIA!

— ¡No puede ser! ¡No puede ser!, ¿Está seguro que no encontraron a nadie dentro de la residencia? —Mi voz tiembla y me pongo nervioso de la desesperación.

—Nadie Doctor, a nadie. —Me responde el bombero.

Cuelgo el teléfono con lágrimas en el semblante, Robert me grita pidiéndome una explicación por el motivo de mi repentina salida. No le digo nada votando los boletos al piso.

Voy enseguida a mi residencia a percatarme de lo sucedido, al llegar miro el lugar lleno de ambulancias, bomberos y policías. Hay gente forense cerrando el paso con unas tiras amarillas. Me acerco desesperado gritando:

¡Samantha! Mi amor ¿Dónde estás? ¡Samantha! ¡Noooooo! ¡Noooooo!

—No puede acercarse a esta área que está restringida. —Me contesta uno de los forenses haciéndome retroceder.

—Es mi casa, adentro está mi futura esposa. —Grito con una mezcla de sentimientos de indignación y profundo dolor.

— ¡Lo lamentamos señor! No puede entrar, la casa aún sigue en llamas y hay riesgo de que explote otro tanque de gas. —Me dice con el tono serio y enérgico.

— ¡A mí no me importa lo que suceda allá!, quiero estar junto a mi mujer. —Estoy perdiendo completamente los estribos al ver mi casa quemada.

Sin importarme nada forcejeo contra los forenses y seguridad, debido a mi maestría en las artes marciales logro tumbar a cuatro de ellos, sin embargo, alguien me dispara atrás cayendo al suelo y quedando completamente inconsciente.

Al despertar me encuentro en el cuarto de un hospital. Una enfermera se acerca para colocarme una inyección. ¿Le pregunto asustado?

— ¿Qué hago aquí? ¿Dónde está Samantha?

— Tranquilo Doctor Burton, está bajo observaciones después de la caída y el somnífero que uno de los oficiales de policía le disparó.

— ¡No quiero estar aquí!, quiero ver a mi prometida. —Doy un grito de furia al verme en esta deplorable situación.

Enseguida me levanto de la cama sacándome el suero del brazo izquierdo para ir en busca de Samantha. En la puerta dos agentes de la policía me detienen dándome una advertencia.

— Doctor Burton le recomendamos que se tranquilice y tome las cosas con mucho cuidado. —Me responde uno de los agentes con autoridad.

— ¡No entienden! ¿Están ciegos? O ¿Son desalmados que no comprenden mi dolor? — Expreso un gesto lleno de indignación y rabia a la vez.

—Lo entendemos, sino que usted es acusado de intentar asesinar a su prometida, la señorita Samantha Cedeño. —Me dice mirándome fijamente a los ojos.

— ¡Está loco usted! ¿De dónde saca tal infamia?  —Estoy que exploto del furor enrojeciendo las mejillas.

— Alguien hizo una llamada anónima diciendo que usted ha estado planificando la muerte de su prometida por causas aún por investigar. — Me habla el otro agente teniendo una agenda en las manos.

—En este instante voy a llamar a mi abogado para que se aclare todo este disparate. —Le respondo sin dejar de mostrar enojo en el semblante.

Llamo a Robert que es unos de los mejores abogados de Manhattan, el pertenece a un buffet muy prestigioso al norte de la ciudad.

Rin, rin, rin.

Rin, rin, rin.

Rin, rin, rin

— Robert ven al hospital “Monte Sinaí”. Hay dos agentes que me acusan de algo que no he hecho, Apresúrate por favor. —Mi voz está quebrantada del dolor debido a la injusticia que me están haciendo.

—En este momento salgo para allá Richard. Te recomiendo no decir nada y mantén la boca callada. —Me contesta.

Narración de Robert Pattinson (Antagonista)

Jaja, jaja, jaja. Caíste en la trampa mi querido y a la vez odiado Richard, jaja, jaja, jaja. Esta noticia la voy a dar enseguida a Erika y que de paso me informe que hizo con el cuerpo de Samantha.

Rin, rin, rin.

Rin, rin, rin.

Rin, rin, rin

—Erika soy Robert. —Le digo.

— ¿Cómo está yendo el asunto con Richard? ¿Está preso? ¿Está siendo inculpado de asesinar a su queridita novia? Jaja, jaja, jaja. —Su risa es cruel y sin escrúpulos.

—Todo ha salido perfecto conforme al plan que trazamos. Él me pide ayuda para sacarle del problema. A propósito, ¿Dónde enterraste el cuerpo de Samantha?  —Le pregunto esperando con ansiedad la respuesta.

— Jaja, jaja, jaja. La estúpida e idiota de mi ex amiga debe estar tres metros bajo tierra. Envíe a tres de mis sicarios para que la asesinen antes de incendiar la residencia de Richard. —Me contesta con su macabra y a la vez seductora voz.

— ¡Muy bien Erika!, al fin te libraste de tu mayor enemiga. Con el tiempo tendrás todo tuyo a Richard. Eso sí debes pagarme los 2.000.000 de libras esterlinas que prometiste. —Le digo expresando un tono serio en la voz.

—Como el plan ha salido tan perfecto te voy a duplicar la paga. ¡Buen trabajo Robert!, ¡buen trabajo! —Ella se despide escuchando de fondo su risa burlona.




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