La propuesta del Sr. Miller.

Capítulo 63: El contrato de Stella Miller

Capítulo 63: El contrato de Stella Miller

“El verdadero riesgo no es empezar, sino darse cuenta que no hay vuelta atrás”

Recojo el papel que acaba de salir impreso, lo reviso y por dentro me causa gracia mis ideas. Pero que mejor manera de tomar el riego que está. Lo guardo en mi bolso.

Salgo de la sala de juntas y veo como Amanda ya empaca sus cosas para irse, me sonríe y se despide.

—Hasta mañana, señora Miller.

—Hasta mañana, Amanda. Que tengas buen resto de día —le deseo.

Ya son pocas las personas que quedan en la empresa, Miller es uno de los principales y yo que le sigo. Doy un par de toques a su oficina y entro, no espero autorización ni nada por el estilo.

—Ya voy a casa —informo —Ya culminé con lo de Bastian Durand, mañana llegan las modelos para ver cuáles van a ser las elegidas para la pasarela.

—Eres consciente de que Catalina es la principal ¿cierto? —advierte.

—Lo sé perfectamente. Pero por muy representación que sea de la empresa y aunque sea la mejor de todas las modelos, la decisión sigue siendo del socio —me limito a decir.

—Solo quería que lo vieras en claro, nena. Y sepas que mañana será una de las primeras en estar acá.

—Igual que yo —respondo y vuelvo al tema de mi ida —No te demores ¿vale?

—Aún hay mucho trabajo.

—Trabajo que puede esperar mañana —me quejo —No me huyas, tampoco lo hagas con nuestra conversación.

—No te estoy huyendo.

—Pareciera —le molesto.

Me fulmina con la mirada —Estoy a las 8 —decide —¿Le parece bien, señora?

—Me parece perfecto, señor Miller.

Me acerco al escritorio, pero más precisamente a él. Dejo un corto beso en los labios.

—Ah, por favor. Ahórrate el apodo de señora, me siento de 40 años.

Suelta una carcajada —Eso le hubieses dicho a Amanda también.

—¡Oye! —Le doy un leve golpe —Deja de estar escuchando conversaciones ajenas.

—Ve con cuidado más bien, apenas llegues a casa me mandas un mensaje —pide.

Asiento en respuesta y finalmente salgo de la oficina, Hilton me espera a un lado del ascensor. Se nota algo cansado y como no estarlo, le brindo una sonrisa mientras me acerco.

—Hola Hilton.

—Hola señora —saluda —¿Larga jornada laboral?

—Igual que usted.

Entramos al ascensor y él se encarga de presionar el botón que nos lleva al primer piso. Efectivamente no hay casi personal y los que quedan ya terminan de preparar sus cosas.

Las camionetas ya esperan en su posición y ya reconozco cuál es la principal en donde siempre voy yo. Me he aprendido la placa de tantas idas y venidas.

Mi guardaespaldas me abre la puerta y me adentro, de igual forma él se ubica en la parte del copiloto mientras le da indicaciones al chófer. Arrancamos junto a las otras que se posicionan delante y detrás.

No voy a decir que me he acostumbrado a tanta seguridad, pero no me molesta tanto como al inicio. Sé que es porque me conviene y porque mi vida está por encima de mis caprichos.

La ida es breve y a pesar de la hora no hay tanto tráfico como de costumbre. Me siento un poco cansada, pero aún así me bajo y me adentro al edificio seguida de Hilton.

Su horario laboral acaba hoy hasta que llegue Harry, me acompaña al ascensor y sigue cada uno de mis pasos hasta que abro el departamento.

—Sigue y toma un café —propongo —O prefieres chocolate, también hay té.

—No señora, no se moleste —dice.

—Siga Hilton, me agrada un poco la compañía mientras llega Harry —insisto.

Él me brinda una sonrisa y termina pasando, cierro la puerta y me dirijo a la cocina.

—¿Al final que quieres? —Pregunto desde mi lugar.

—Lo que usted desee, señora.

No quiero dar tantas vueltas al asunto así que pongo la cafetera en acción, no demora mucho así que ya tengo las dos tazas en el mesón. Lo sirvo y rápidamente regreso a la sala, observo a Hilton aún de pie.

—Siéntese —pido.

Él hace caso como si esto fuera una orden más.

—Muchas gracias —sonríe recibiendo la raza y acomodándose.

Me hago a su lado y hay un completo silencio, pero de esos que son cómodos. Hasta que él decide romperlo.

—¿Cómo sigue?

—¿De la mano? —la levanto —Un poco mejor.

—En general, señora.

—No te voy a mentir, hay cosas que me asustan. Pero necesito lidiarlas, a este punto no hay opciones —respondo sincera.

—Usted es capaz, señora. Estoy seguro de ello.

La conversación sigue, tal vez nos tomamos cuarentena minutos. Me habla de su esposa, sus hijos y nietos, la trayectoria que tuvo trabajando pasa los Martinelli y como llegó a este punto de estar a cargo de mi.

Me agrada hablar con él, ha sido la persona que me ha acompañado en el descubrimiento de todas estas cosas. Es decir, que puedo ser sincera en todo el sentido de la palabra.

Al final me agradece y sale del departamento, me pongo en marcha ahora sí con mi plan.

Primero voy a la habitación y me cambio, elijo un short de satín de color negro con corazones rojos. Y un top de encaje de color completamente rojo.

Vuelvo a la sala y del estante saco una de las botellas de vino, la llevo a la nevera a enfriar un poco. Me quedo aquí a preparar una carne que está guardada, ubico el sartén con un poco de aceite y pongo la carne aquí.

También tomo unas papas y las pongo en una olla a hervir, la idea es que de aquí salga un puré.

[…]

Miro lo que acabo de hacer y wow, soy la mejor para esto. El reloj en la pared de la cocina indica las 7:50 pm, lo que significa que me tengo que apurar un poco.

Llevo los platos servidos a la mesa, saco la botella de vino de la nevera y también la pongo a un lado junto a un par de copas. Tomo un par de velas aromáticas y las enciendo, lo que ven mis ojos es espectacular.

Saco el contrato de mi bolso y lo coloco en la mesa, al igual que un bolígrafo. Escucho un par de pasos en el pasillo y suelto un gran suspiro, estoy preparada.




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