Capítulo 71: Amor en terreno peligroso
“Donde hay amor, también hay guerra.”
La mesa ya está ocupada. Harry está a mi derecha. Serio. Demasiado serio.
Marck revisa unos documentos.
Catalina está al otro lado, impecable, cruzada de piernas como si ya supiera algo que los demás no.
Y Cristian…
Bueno, Cristian jamás puede quedarse callado.
Se recuesta en la silla, gira el lapicero entre los dedos y me mira con esa sonrisa que siempre anuncia problemas.
—Bueno —dice, rompiendo el silencio—. Antes de que llegue el extranjero, tenemos que preguntar lo obvio.
Mi esposo levanta la vista.
—Cristian…
—No, no, déjame —insiste él—. Esto es histórico. Necesito saber si estoy presenciando el momento exacto en el que nuestra querida jefa decide incendiar la industria.
Sonrío apenas.
—No exageres.
—No exagero. —Se inclina hacia adelante—. ¿Vas a aceptar ser la modelo principal?
Catalina deja de mover el pie.
Cruzo las manos sobre la mesa —¿Y por qué asumes que quiero hacerlo?
—Porque Durand lo pidió específicamente. Porque las modelos están nerviosas. Porque la prensa lo sospecha. Y porque tú nunca dejas algo a medias.
Catalina habla por primera vez —También sería polémico.
La miro —¿Te preocupa la polémica? ¡Vaya! Que gentil.
—Me preocupa la coherencia del proyecto —responde con una sonrisa demasiado perfecta.
Cristian vuelve a la carga.
—A mí solo me preocupa una cosa —dice mirando a mi esposo—. ¿Miller sobreviviría a los carteles gigantes con su esposa en lencería por toda la ciudad?
El mencionado lo fulmina con la mirada.
Respiro despacio.
Cristian baja un poco la voz —En serio… ¿lo vas a hacer?
Lo miro fijamente.
No sonrío.
No niego.
No afirmo.
—Las decisiones importantes no se anuncian antes de tiempo.
Harry por fin me mira: Hay algo en sus ojos. Tensión. Curiosidad. Un poco de advertencia.
Cristian se recuesta en la silla.
—Eso no es un no.
—Tampoco es un sí.
Catalina cruza los brazos.
—Yo solo digo que aceptar por orgullo no es estrategia.
Sonrío apenas.
—¿Y quién dijo que sería por orgullo?
—Bueno —se encoge de hombros—. El señor Durand lo pidió explícitamente. Y todos sabemos que cuando un hombre insiste tanto en una mujer para una campaña de este tipo, no siempre es solo por negocios.
Ahí está. Directo.
Cristian deja de sonreír. Marck levanta la vista por primera vez. Harry tensa la mandíbula.
Yo no aparto la mirada.
—Si estás insinuando algo, dilo completo.
Catalina se inclina ligeramente hacia adelante.
—Insinuar no es necesario. Es evidente que él tiene preferencia por ti.
—Preferencia profesional.
—¿Estás segura?
Miller interviene, con voz firme.
—Basta.
Pero Catalina continúa.
—No estoy atacándote. Solo me pregunto si es prudente aceptar un rol tan expuesto cuando hay intereses personales de por medio.
—¿Intereses personales de quién? —pregunto.
—De Durand.
—¿O tuyos? —Ataco.
Eso la hace tensarse.
—Yo solo quiero claridad.
—La claridad es simple —respondo sin elevar la voz—. La decisión no depende de quién me mire. Depende de si yo quiero hacerlo.
Cristian murmura —¡Uhhh!
Catalina ignora el comentario.
—Entonces responde —dice—. ¿Quieres hacerlo?
La sala vuelve a quedar en silencio.
—Las decisiones importantes no se toman bajo la presión que buscas —respondo.
—¿Presión? —Catalina arquea una ceja—. Yo lo llamaría realidad.
—La realidad —digo con calma— es que este proyecto nació bajo mi dirección. Si alguien tiene derecho a decidir cómo continúa soy yo.
Catalina cruza los brazos.
—Eso no significa que debas ponerte al frente.
—Y tampoco significa que tú lo harás.
La frase cae pesada. Cristian abre la boca, pero decide callarse.
Williams sonríe, pero ya no es amable.
—Nunca asumí que lo haría.
—Pero te comportas como si fuera tuyo.
Harry interviene otra vez, más firme.
—Catalina.
Ella finalmente lo mira.
—¿Qué? ¿No puedo opinar?
—Puedes opinar —dice él—. No provocar.
Catalina vuelve a mirarme.
—Solo espero que si aceptas, sea por convicción. No para marcar territorio.
Sostengo su mirada sin pestañear.
—No necesito marcar lo que ya es mío.
—¡Ouch! —suelta Duarte bajito.
Marck carraspea incómodo.
Catalina se mantiene firme.
—El proyecto necesita estabilidad.
—La tendrá.
—¿Aunque eso signifique estar bajo el escrutinio público?
—Siempre he estado bajo escrutinio.
—Pero no así.
Me inclino apenas hacia adelante.
—¿Te preocupa la campaña o que yo sea el rostro?
Ella guarda silencio. Eso es suficiente respuesta.
En ese momento, se escuchan pasos firmes en el pasillo.
Amanda aparece en la puerta —El señor Durand acaba de llegar.
El ambiente cambia de inmediato. Y detrás de ella aparece él.
Alto, traje oscuro perfectamente ajustado, expresión segura. Sus ojos recorren la sala con calma profesional hasta que se detienen en mí.
Solo un segundo. Pero suficiente para que Cristian murmure muy bajo:
—Bueno… eso fue rápido.
Harry le lanza una mirada que podría matarlo.
Él avanza hacia la mesa con una sonrisa elegante.
—Buenos días a todos.
Su acento suave llena la sala. Marck se levanta primero para estrecharle la mano.
—Señor Durand.
Luego Cristian.
—Cristian —dice—. Encantado de verte otra vez.
—Lo mismo digo.
Finalmente llega hasta mi esposo.
—Un placer volver a verlo.
Se estrechan la mano con firmeza. Profesional.
Pero cuando gira hacia mí, su sonrisa cambia apenas.