Capítulo 74: Jugando contra el tiempo
“Hay movimientos que parecen errores hasta que el destino revela el tablero completo.”
NARRA STELLA
La cocina huele a ajo, vino y algo ligeramente quemado. Según Carolina, eso último “le da personalidad a la comida”.
Según Marck, es una amenaza biológica.
—Estoy diciendo la verdad —dice él mientras mueve el tenedor hacia la pasta—. Esto cruje y no debería crujir.
—Porque no sabes apreciar el arte —responde Carolina ofendida.
—Mi amor, el arte no debería dejar residuos negros en el plato.
Suelto una carcajada mientras tomo mi copa de vino—Yo sí creo que está rica.
Carolina me señala inmediatamente —Gracias. Stella sí me ama.
—Stella le pone sal al vino tinto —murmura Marck—. Su criterio gastronómico no cuenta.
—¡Eso mejora el sabor!
Harry, sentado a mi lado, deja escapar una pequeña risa por la nariz.
Y aunque sonríe sé que algo pasa.
No sabría explicar exactamente qué. Hay veces donde Harry se pone serio, frío o distante por trabajo. Estoy acostumbrada a eso. Pero esto es diferente.
Parece estar pensando constantemente en otra cosa.
Apoyo distraídamente mi pierna contra la suya debajo de la mesa. Automáticamente, él deja una mano sobre mi muslo.
—Bueno —dice Carolina mientras se sirve más vino—. ¿Vamos a hablar de la reunión horrible que tuvimos hoy o a fingir que todo es felicidad y pasta carbonizada?
Hago una mueca —Preferiría fingir.
Marck levanta la copa —Apoyo emocional colectivo entonces.
Chocamos las copas suavemente.
—Pero hablando de cosas menos traumáticas —continúa Carolina— Como es eso de que el señor Ancelotti estuvo en la empresa.
Mi expresión cambia inmediatamente —Sí, fueron con Anabella.
—¿Y? —pregunta Marck—. ¿Vinieron a secuestrar millonarios?
—Solo quieren quedarse unas semanas en Nueva York —respondo riéndome un poco.
—¿Y cómo estaban? —pregunta Carolina mientras juega con el tenedor.
Pienso un segundo la respuesta —Bien, aunque raros a veces.
Harry levanta apenas la mirada hacia mí.
—¿Raros cómo? —pregunta Marck.
Me encojo un poco de hombros —No sé explicarlo. Anabella estaba sensible, creo.
Recuerdo la forma en que me miraba por momentos.
Extraña.
Bebo un poco de vino antes de continuar —Hubo momentos donde parecía que quería decir algo y luego no lo hacía.
Marck señala a Harry con el tenedor —Aunque más raro es tu esposo.
Harry levanta una ceja.
—¿Perdón?
—Estás demasiado callado —dice él—. Eso siempre significa una de dos cosas: problemas empresariales o que estás teniendo pensamientos dramáticos de millonario misterioso.
Suelto una risa. Harry niega apenas con la cabeza, pero esta vez su sonrisa no le llega completamente a los ojos.
Y eso vuelve a hacerme sentir algo incómoda. Apoyo mi mano sobre la suya debajo de la mesa.
Él baja la mirada inmediatamente hacia nuestros dedos entrelazados.
Y por un segundo su expresión cambia.
—Estoy bien —dice antes de que siquiera pregunte.
Lo observo unos segundos más.
No le creo del todo.
Pero tampoco quiero presionarlo.
Gira el rostro hacia mí y esta vez sí me sonríe de verdad.
No esa sonrisa automática que usa cuando intenta tranquilizarme.
Una real.
—¿Qué? —pregunto entrecerrando los ojos.
—Nada —dice suavemente.
Mentira.
Marck lo señala enseguida —Ah, ahí está. Volvió del mundo oscuro donde estaba atrapado.
Harry toma su copa con calma —Estaba pensando.
—Eso nunca termina bien —murmura Carolina.
—Exacto —añado yo.
Él me mira con falsa ofensa —Qué poco apoyo emocional recibo en esta casa.
—Te casaste con sarcasmo y trauma, debiste leer mejor el contrato —respondo.
Carolina golpea la mesa emocionada —¡Eso! ¡Eso mismo era lo que hacían antes de admitir que se gustaban!
Harry resopla apenas mientras yo me río.
—No empieces —le advierto.
—No, no, tenemos que hablar de esto —dice Carolina señalándonos a ambos—. Porque ustedes eran insufribles.
Marck asiente inmediatamente —Literalmente toda la empresa sabía que estaban enamorados menos ustedes dos.
Harry se ríe por primera vez en toda la noche. Una risa baja, genuina y el sonido me relaja más de lo que debería.
—No iba a decir nada porque Stella me odiaba.
—¡No te odiaba!
Los tres me miran en silencio.
Frunzo el ceño —Bueno, al principio un poco.
Marck se ríe tan fuerte que casi se atraganta.
—Harry, ella te miraba como si quisiera lanzarte por la ventana.
—Lo recuerdo perfectamente —dice él con total tranquilidad.
—Porque eras insoportable.
—Y tú eras grosera.
—Y tú arrogante.
—Y tú arisca.
—Y aun así te casaste conmigo.
Harry gira completamente hacia mí entonces, apoyando un brazo sobre el respaldo de mi silla.
Y la forma en que me mira…
Esa intensidad tranquila que siempre me desarma.
—Sí —dice más bajo—. Y volvería a hacerlo.
Carolina hace un sonido dramático de sufrimiento romántico —Los odio muchísimo.
Marck toma vino directamente de la botella —Yo también, pero por razones menos emocionales.
No puedo evitar reírme mientras escondo un poco el rostro en el hombro de Harry. Él pasa automáticamente una mano por mi espalda.
[…]
Una hora después, la cocina está hecha un desastre. Hay platos sucios por todas partes, Carolina sigue defendiendo su comida como si fuera chef profesional y Marck acaba de encontrar una botella de tequila.
—Esto es una pésima idea —digo mientras él la levanta victorioso.
—Las mejores noches empiezan así —responde.
—Las peores visitas al hospital también.
Harry, apoyado contra la encimera, suelta una risa baja.