La prueba

29: Empleo

MERY

El traje blanco que me puse me picaba de las mangas, era muy rígido y me costaba moverme con facilidad. Mi madre me iba alentando a cada paso, pero mi único pensamiento era encontrarme con Chad ahí dentro.

En el lugar había varios chicos.

—Son primogénitos, todos acaban de cumplir dieciocho y vienen a su escaneo —explicó mi madre, cuando noté que varios se me quedaban viendo—, no te conocen porque todos comparten clase, tu no.

Varios saludaron a Noah, y no se me hacía raro que me viesen como un bicho raro. Quizá hasta testigos eran de mis pruebas.

Vi entre la multitud de chicos, buscando a alguien que yo conociera; esperando que fuera Chad. Pero cuando nos formaron en dos filas, me fue imposible ver a los chicos de más adelante. Comenzamos a avanzar, entrando a dos puertas en donde había personas con anteojos y monitores frente de ellos.

Nos colocaban una inyección; y después un par de escaneos totalmente rápidos en un portal de movimiento. Solo pasabas frente a él, te escaneaba y decía tu nuevo empleo. Pude escuchar a algunos celebrar cuando el empleo deseado le marcaba; ni siquiera conocía los empleos, Chad era el que leía sobre eso dentro de las celdas. Siempre quiso ser guardia, soldado o algo que implicarse luchar y que te rompan la cara.

—¡Después de su empleo asignado en la parte de atrás los espera un gran banquete! —Escuché decir en las bocinas del lugar; mientras los chicos detrás de mí se emocionaban.

Cuando llegó mi turno me puse nerviosa moviendo las manos entre sí para poder disimular el sudor en ellas. Las personas frente a mí me miraron, sonriendo.

—El numero doscientos uno ¿cierto? —Me preguntó una mujer—, vi tus pruebas, destacaste entre varios en inteligencia.

Me llevé una sorpresa nata; y aunque no me gustaba que me digan por mi número, me sentí orgullosa en ese momento. El escáner del número en el cuello, nos lo habían quitado desde que salimos de la última prueba.

—¿Quieres escoger un nuevo nombre? —inquirió, desconocía si ellos sabían que dentro sí teníamos nombre, y era raro quien se llamaba por su número.

—Mery, mi nombre es Mery —contesté, ella sonrió escribiendo mi nombre en su monitor.

—Mery Bloom, eres hija de los Bloom —Sonrió—, te sentirás muy bien acá arriba, ya lo veras.

Me colocó la inyección; y recordé que a Chad le aterraban las agujas; instintivamente lo busqué en alguna camilla, desmayado.

—¿Buscas a alguien? —La mujer volteó a la dirección que yo; pero despabilé, sonriéndole.

—No, solo...

—Es difícil que algún ganador salga con su compañero, sabes, pero el número seis fue el número que más se ha destacado en años, los jefes de varias áreas de guardias y soldados se reñían por tenerlo —Hizo una mueca, mientras colocaba el sello a un papel—, pero la presidenta siempre se gana a los mejores chicos y chicas.

Mi deducción era obvia entonces, Chad sí estaba con la presidenta.

—¿Ya ha venido a hacer su papeleo? —pregunté, sonriendo amistosa para que me siguiese contando todo.

—La presidenta pidió exclusividad para él, fue el primero en venir y salir, aunque se puso un poco mareado por la inyección —Soltó una risotada—, es un chico muy divertido, veras que le ira muy bien, también.

Quise sonreír, no pude. Entonces ya no podría verlo, ni hablar con él, y me dolía.

Seguí con el escaneo, me coloqué bajo el marco de la puerta que sacó un láser para escanearme completa. Traté de estar tranquila, mi padre me advirtió sobre mis emociones en este tipo de escaneos; y no quería un empleo que no me gusté. Frente a mí apareció mi foto, mi nuevo nombre, edad y mi trabajo asignado: "Ayudante de enfermería"

Suspiré con anhelo, siempre quise ayudar, ya ahora podría hacerlo.

—¡Felicidades Mery! —La chica se levantó de su asiento y me abrazo—, las trabajadoras del hospital son las que se llevan los mejores maridos —guiñó y yo no pude evitar fruncir el ceño.

Me entregó una credencial y me señaló el área de celebración. Estaba indecisa en querer entrar, aunque la esperanza de volver a ver a Chad en mi comenzaba a marchitarse. Noah apareció a mi lado, más alto que yo y delgado, no me acostumbraba a verle tanto el parecido a mí.

Me sonrió para tomarme del brazo.

—Ven, no seas tímida, Mery —Me arrastró hasta el salón—, te gustará la comida, es muy buena.

No le respondí, no tenía la confianza suficiente para hablar con él, ni siquiera lo sentía parte de mí, porque a mis padres los conocía desde siempre. Pero a él no, y a pesar de que quería ser amable, no me convencía.

El lugar era esplendido, olía rico y la música, aunque estaba muy bajita, me resultaba agradable. Todos los primogénitos lucían bien en todo aspecto, cuidados de pies a cabeza; me acerqué de la mano de Noah, que parecía quererme presentar a sus amigos, pero tan pronto como le vi esa intención, me detuve.

—No estoy lista para socializar —Le mencioné, parándome frente a la mesa de postres—, en otra ocasión será, ve y disfruta tú.

Noah plegó los labios, soltando mi agarre cuando me negué a seguir caminando.

—Ya no hay que temer de nada, Mery, aquí arriba todos somos amigos —repuso, queriéndome convencer de nuevo, pero obstaculicé.

—Lo sé, pero no estoy lista.

Entendió poco después y se fue a integrar con sus compañeros; que me miraron cuando él les dijo algo; varios levantaron su mano para saludar, pero me di la vuelta, ignorándolos.

Observé la mesa llena de pastelillos, chocolate, siempre quise probarlo.

—Te recomiendo el de queso, es muy bueno —La voz conocida me hizo voltear.

—Devon —Sonreí abrazándolo de inmediato—, creí que no los volvería a ver. Llevaba el cabello corto y bien peinado, su traje le quedaba bien y parecía contento.

—¿En qué trabajo has quedado? —preguntó, tratando de ver mi credencial colgada a un costado de mi pecho.

—Ayudante de enfermería ¿Y tú?




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