La prueba

31: Indiferencia

MERY

No podíamos vernos hasta la boda, que grata sorpresa. Y por si no fuera poco, la presidenta daba las bodas; también escogía tu vestido y el menú de la fiesta.

¿Qué se creía? ¿la reina?

No pude mirar a la cara a mis padres durante dos días; quizá si me habrían contado un poco de lo que pasaba acá afuera, yo no hubiese querido salir.

El doctor Tyron se metió a la sala de inmediato, todos los ayudantes lo seguimos como era la costumbre.

—Agarren sus botiquines que tenemos un problema —comunicó, saliendo; nos miramos y lo seguimos con botiquín en mano.

—¿Qué ocurre, Doctor? —preguntó alguien tras de mí, sin dejar de marchar.

El doctor nos metió a todos en un auto volador mientras respirábamos irregular.

—Hay problemas en el sector de secundarios, creo hay heridos y debemos ir ayudar —comentó cuando el auto comenzó a volar a larga velocidad, con la sirena de emergencia encendida.

Cuando estaba en las celdas nunca hubo problemas, realmente en ningún lado, todos los secundarios nos manteníamos al margen, aunque Chad no siempre quería acatar las órdenes. Pero prácticamente siempre era él.

—Es el grupo que debe graduarse este año, pero ha sido muy difícil de sobre llevar, la mayoría son rebeldes y la presidenta está pensando en exterminarlos, a todos —continuó explicando el doctor Tyron, mirando a cada uno de los que íbamos en el auto.

—¿Rebeldes? —pregunté—, ¿en qué sentido?

Todos me miraron, quizá habían olvidado que yo era una secundaria.

—Ha crecido el rumor de lo que acontece la última prueba, no están de acuerdo, quieren rebelarse —explicó, mirándome directamente a los ojos—, han causado muchos problemas, herido guardias y tratado de escapar de la ciudad.

—¿Por qué sus padres no los controlan? —examinó un chico a mi lado.

—La mayoría no los tiene, la presidenta quiso ayudar secundarios de fuera de la ciudad...

¿Fuera de la ciudad? Me pregunté mentalmente, Chad era de afuera de la ciudad.

—Solo por un caso exitoso no significaba que más lo serían —respondió una chica, y ahora sabía que hablaban de Chad—, la presidenta debe terminar con esa plaga.

Al decir eso el doctor me miró, pero, aunque me pareció mal empleado su comentario; no me sentí ofendida, tomarle importancia sería peor. Yo no era como Chad, porque él seguro ya hubiese soltado un comentario sarcástico y más hiriente. Una serie de preguntas y dudas se formularon en mi cabeza; ¿Qué había fuera de la ciudad? ¿por qué la presidenta tenia tanto poder? ¿por qué mataba a sus padres?

Aparcamos frente a un edificio muy grande, pude ver guardias fuera, eran demasiados. Y todo eso me causo conflicto, y sentí que estaría mal. Apreté mi botiquín con ambas manos, pasando entre los guardias; mientras nos abrían paso para entrar.

—¡Llegaron los médicos! —Escuché gritar a uno.

Pude ver a la presidenta sentada en un cómodo sofá, con una cara de póker, sin intensiones de ayudar o servir de algo, solo ver. Vi sangre, mucha, algunos guardias tirados en el suelo y destrucción al fondo.

—¿Qué ha pasado? —preguntó el Doctor Tyron.

—Hubo una explosión por parte de los secundarios, destruyeron la entrada y volaron cimientos de su ciudad —El guardia que nos detalló todo parecía asustado—, no sabes quién les proporcionó dicho artefacto.

Examiné las ruinas, el olor a pólvora que también desprendían las armas; vi cuerpos al interior, y mucho polvo en el lugar. La bilis quiso salir.

—¿Hay secundarios heridos? —pregunté, mirándolo a la cara.

—¡Lo haya o no, a quien le importa! —gritó la presidente desde atrás, con la mano sobre el rostro—, solo llévense a mis guardias.

Giré los ojos, tratando de ignorar su cara y me deslicé entre los heridos, tomé el pulso de uno que estaba en el suelo, estaba muerto. Me sentí un poco sofocada en ese momento, tanta gente alrededor me estaba causando claustrofobia. Me dolió la cabeza.

—Mery —Me habló el doctor al notar mis manos temblorosas—, sal a tomar un poco de aire.

Me levanté tambaleante, tratando de quitar a todos; pero el olor a sangre entró por mis fosas nasales; cerraba los ojos y veía cuerpos tirados en el suelo. Me sostuve de la compuerta, dando una bocanada grande cuando por fin sentí el aire fresco.

Apenas podía asomar la cabeza, los guardias seguían amontonados en la entrada; traté de tranquilizarme en ese momento, pero un aroma familiar me hizo calmar mi respiración, casi me atraganté con mi saliva; después de sentir la mirada de alguien.

Levanté el rostro, él se volteó, disimulando. Mi corazón dio un vuelco enorme, sentí que el estómago me saldría por la boca. Y sonreí, entre melancolía y felicidad que se escuchaba.

—Con permiso —Comencé a mover a los guardias, desesperándome un poco cuando no se movían.

Chad estaba parado al final de la fila, pero no me estaba mirando ahora, y cuando comencé salir, entre empujones y quejas de los que pisaba; lo vi darse media vuelta para irse.

—¡Chad! —grité, sintiendo que moriría en ese momento si no lo abrazaba—, ¡Chad! —Volví a gritar, pero siguió su marcha.

Pude, por fin, quitarme de encima a todas las personas en la puerta; pero Chad estaba muy enfrente ahora, yo seguí gritando, Dios, comenzaba a creer que me estaba evadiendo.

Lo vi meterse a un auto flotante y me detuve en seco. Ni siquiera me miró cuando el auto pasó a mi lado. Y ahí parada, después de hacer el ridículo, mi corazón se hizo añicos, incluso soporte las ganas de llorar como nunca antes.

"¿A qué se debía su indiferencia?"

Me abracé a mí misma, con todas las miradas clavadas en mi espalda; me fui, corrí con todas mis fuerzas por la ciudad, tirando lagrimas como una niña pequeña. Había creído que todo era cosa de ella, pero al verlo y que ni siquiera me pudiera mirar a los ojos. Me confirmaba que todo era cierto.

Chad ya era propiedad de ella; y no podía volver a hablar con él, nunca.




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